UNA PALABRA VALE MÁS QUE MIL IMÁGENES

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Oseas 6,1-6; Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab; san Lucas 18, 9-14

Cada día veo menos la televisión y escucho más la radio y leo periódicos. No es que tenga nada especial contra la “caja tonta” pero la vida da de sí lo que da. Con la radio ocurre algo curioso, escuchas voces –y eso sin llegar al “delirium tremens”- y esas voces te sugieren una idea de quién habla, de su forma de ser, de su credibilidad, ganan un puesto de autoridad en tu vida según el crédito que le concedas. Cuando, por casualidad, conoces a un locutor de radio suele pasar que su “imagen verbal” no se corresponde con su aspecto. Un ejemplo: José María García que nos introducía cada noche en las intrincadas luchas del deporte español con la fuerza verbal de Goliat derribando filisteos, es bajito, calvito y poca cosa físicamente (como un servidor). Así la técnica de la competencia para desacreditarle fue llamarle “butanito” para que al oírle no se piense en la fuerza de la palabra sino en una bombona de butano que se suele colocar al fondo de la cocina junto a la basura.
“A Dios nadie le ha visto jamás”, nuestros ojos no tienen capacidad de visualizar la grandeza del creador pero “esforcémonos por conocer al Señor” que nos ha dejado su Palabra que es “tajante como espada de doble filo”. La Palabra de Dios llega a ser sólo un reflejo de la magnificencia del Señor, cuando lleguemos a su presencia no nos encontraremos con un “butanito” sino con el Creador de cielos y tierra.
Hace poco una revista publicaba la imagen que –según las encuestas- tenemos de Dios. El resultado era la caricatura de un Dios regordete, ancianito, bonachón, lleno de luces como un guateque de los setenta, simpaticote, … en el fondo, medio lelo, fatuo, simple, pasmado. Claro, a lo mejor es el gen madrileño, a un Dios así dan ganas de vacilarle: “¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano”, ni como ese terrorista, ni como ese empresario, ni como ese político, ni como esa prostituta, ni como mi vecina, ni como ese sacerdote, ni como la humanidad entera…necio te quieres enterar que cuando empiezas con esa retahíla acabarás diciendo: “ni como Cristo”. ¿Acaso te crees que le haces un favor a Dios con tus obras?, ¿Piensas que vas a “comer el coco” a Dios Padre presentándole lo que gana contigo?. Si tus obras las mueve el amor a Dios siempre te parecerán pocas, te parecerán una caricatura del amor de Dios, una nadería comparadas con la cruz de Cristo, una simple e incómoda hebra de paja en el portal de Belén, una pequeña parte seca de una esponja empapada en vinagre en la que Cristo sólo se moja los labios.
¿Te siguen quedando ganas de pertenecer a ese grupo de algunos que “teniéndose por justos” justifican únicamente su falta de entrega?. Cuando hagas esta noche tu examen de conciencia dile a tu Padre del cielo a los pies de la cruz que preside tu dormitorio: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador” y María te hará entender que el Señor acepta tu “corazón quebrantado y humillado no lo desprecia” y tendrás más ganas de entregarte y una sola palabra valdrá más que mil imágenes (seguramente trucadas) de tus triunfos.

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