Domingo de la 2ª semana de Pascua – 18/04/2004

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Comentario Pastoral
LA FE EN EL RESUCITADO

Este domingo, que cierra la octava de Pascua, suele llamarse “in albis” es decir, de las vestiduras blancas que habían llevado los nuevos bautizados durante toda la semana.

Todos, cristianos de ayer o desde hace mucho tiempo, somos de alguna manera “recién nacidos”, tenemos la necesidad de comprender mejor” que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido”, como reza la Oración colecta de la Misa.

El relato de la aparición de Cristo a los diez apóstoles y luego a Santo Tomás, muestra aquí su luz y su certeza, a la vez que expresa por -boca del mismo Tomás la fe de todas las generaciones cristianas: “Señor mío y Dios mío”. Debemos pensar que los cristianos muchas veces, como los Apóstoles, estamos encerrados por el miedo a los hombres y unidos por la muerte. Es necesario que venga y se aparezca Cristo, que abra puertas y ventanas, para que salgamos a testimoniar la fe pascual, a proclamar que con la resurrección el futuro se ha hecho presente. Este futuro nuestro es cuestión de fe, no de evidencia. Por eso es necesario superar un concepto táctil y comprobador de tener que meter las manos para estar seguros de lo que creemos.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristo, nuestra Pascua ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna,
los creyentes atraviesan los umbrales del reino de los cielos;
porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida
y en su resurrección hemos resucitado todos.


Prefacio pascual II


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 5, 12-16

Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27a

Apocalipsis 1, 9-1 la. 12-13. 17-19

San Juan 20, 19-31

Comprender la Palabra

Este Domingo es al mismo tiempo el segundo de Pascua (del Tiempo Pascual) y el último día de la Octava de Pascua. Es, por tanto, el Domingo presente y el Domingo pasado, prolongado, distendido, hasta el Día de Hoy, el Octavo. La Celebración del solemnísimo Día de la Pascua abarca la Semana de Pascua; más aún, los Cincuenta Días (pentecostés) del Tiempo Pascual.

La Lectura del Evangelio -la misma en los tres ciclos- es insustituible; recoge la doble Aparición del Señor Resucitado: la ocurrida aquel Día, el Primero de la Semana, al atardecer (el Domingo pasado) y la ocurrida “a los ocho días”, es decir, Hoy.

Las dos Apariciones tienen su nexo en el Apóstol Tomás.

Los Relatos de Apariciones del Señor Resucitado son sobrios. Lejos de ser “reportajes ” periodísticos, no pretenden satisfacer nuestra curiosidad, describiendo la inefable experiencia, que vivieron los agraciados. Son Evangelio, Buena Noticia, para los creyentes, en el sentido más pleno de la palabra. Tienen además una e vidente finalidad catequética y misionera,

Los domingos del Tiempo Pascual las Lecturas Bíblicas no han sido escogidas por su relación entre ellas. Hay sin duda una unidad de Jondo: El Acontecimiento de la Pascua. La lª Lectura, en los tres cielos, es del Libro de los Hechos de los Apóstoles – en el Tiempo Pascual no se lee del Antiguo Testamento- y la 2ª Lectura, en el ciclo C, en que estamos, es del Libro del Apocalipsis. En el ciclo A se lee de la Carta 1ª de San Pedro y en el ciclo B, de la Carta 1ª de San Juan. Estos Escritos nos introducen acertadamente, mejor que otros, en el clima de novedad de la Pascua.

San Lucas, en los comienzos de su Obra los Hechos de los Apóstoles, nos presenta tres Resúmenes sobre la vida de la Iglesia en aquellos primeros tiempos. Intenta presentarnos un modelo-patrón de Iglesia ideal para la Iglesia de todos los tiempos y de todas las latitudes. Este año (ciclo C) escuchamos el Tercero de los resúmenes.

En la 2ªLectura se nos describe la primera Visión del Señor Resucitado (Epifanía, Cristofanía) que tiene el Autor del Apocalipsis, ordenándole describir las sucesivas Visiones-Revelaciones sobre el sentido, finalidad, de la Historia -Historia de Salvación- desde la perspectiva de la Pascua, En domingos sucesivos escucharemos visiones, revelaciones, descritas en este Libro.



Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Los primeros frutos


Aunque es comprensible que algunos piensen que lo verdaderamente importante en el proceso sinodal no es su preparación, sino la celebración de la Asamblea Sinodal que se reunirá, Dios mediante, en el curso 2004-2005, no es del todo exacto. Es evidente que los trabajos actuales no constituyen un fin en sí mismos y que se orientan a la Asamblea sinodal, a fin de que su reflexión sea más lúcida, más fraterno su diálogo y más audaz el compromiso con el Señor y con las exigencias de una nueva evangelización. ¿Pero quién puede negar que la participación en los grupos de consulta está produciendo ya resultados muy positivos? Vosotros mismos nos los habéis manifestado en repetidas ocasiones.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

celebrar mejor


La Cincuentena Pascual

Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo. Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya”. Los domingos de este tiempo han de ser considerados y llamados como “domingos de Pascua” y tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor y cualquier solemnidad.

Los cincuenta días de Pascua se caracterizan por la ausencia de elementos penitenciales y la acentuación de los festivos. La música, el canto, las vestiduras, las flores, las lecturas y demás textos litúrgicos están orientados a expresar los sentimientos de júbilo y alegría. Se repite constamente ‘Aleluya”, que se inauguró en la Vigilia Pascual, como el heraldo de la buena noticia de la resurrección. Esta palabra, de origen hebreo, significa “alabanza de Dios” y se ha heredado del Antiguo Testamento. Es difícil traducirla exactamente. Expresa a la vez un sentimiento de alabanza y de gozo. El ideal sería cantar siempre el Aleluya.

El cirio pascual, colocado junto al ambón y el altar, bien visible, se enciende en todas las celebraciones litúrgicas de este tiempo, La aspersión con el agua bendita, recuerdo del bautismo, sustituye al acto penitencial, y es propio sobre todo de esta cincuentena. Otros elementos propios son: el canto de Gloria, la bendición solemne al final de la Misa…

Dos libros del Nuevo Testamento tienen la preponderancia durante la cincuentena pascual: los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de San Juan. El primero sustituye en la primera lectura de la Misa al Antiguo Testamento, Muestra a lo largo de los siete domingos en el ciclo de los tres años, de una manera progresiva y paralela, diversas facetas de la vida y del testimonio de la iglesia primitiva. La Iglesia ha visto siempre una afinidad particular del evangelio de san Juan con el tiempo pascual: profundizar mejor el misterio de Cristo, Ve el desarrollo de la vida de Jesús a la luz de la gloria de la Pascua.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 4,23-3 1. Al terminar la oración, los llenó a todos el Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la palabra de Dios.

Juan 3,1-8. El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.

Martes 3:

Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.

Juan 3,5a.7b-l5. Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Miércoles 3:
San Anselmo

(1033-1109), benedictino, obispo de Cantorbery (Inglaterra), teólogo insigne.
Hechos 5,17-26. Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.
Juan 3,16-21. Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él.


Jueves 3:

Hechos 5,27-33. Testigo de esto somos nosotros y el Espíritu Santo.

Juan 3,31-36. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano,

Viernes 3:
San Jorge



, mártir de gran veneración en Oriente y Occidente. 0 San Adalberto (+999), obispo de Praga, benedictino, mártir mientras trabajaba en la expansión del evangelio.
Hechos 5,34-42. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús,

Juan 6,1-15. Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.

Sábado 3:
San Fidel de Sigmaringa

(1578-1622), capuchino de gran austeridad, predicador por toda Suiza, donde murió martirizado.

Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.
Juan 3,5a.7b-1 5. Nadie ha subido al cielo, sino e que bajó del cielo, el Hijo del hombre.



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