Domingo de la 7ª semana de Pascua -La Ascensión del Señor – 23/05/2004

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Comentario Pastoral
LA ASCENSIóN COMO ENVíO


La Ascensión es un misterio de planificación, pues culmina el misterio pascual. Hoy actualizamos y celebramos en la fe el estado glorioso de Jesús de Nazaret, sentado a la derecha del Padre en el. cielo.

Celebrar la Ascensión del Señor no es quedarse estáticos contemplando el azul celeste o mirando las estrellas. No es vivir con los brazos cruzados pensando en la estratosfera y soñando evasiones fuera de la realidad. No es suspirar por un cielo nuevo y una tierra nueva, creyendo que en este mundo vivimos en una ausencia que engendra tristeza.

Todos necesitamos ascender, subir y superar nuestros niveles bajos de atonía humana y espiritual. Necesitamos perspectivas de altura para ver todo con más verdad y justa proporción. Es urgente ascender en la fe, en la esperanza y en el amor. Paradójicamente ascendemos mejor cuando descendemos más, somos ciudadanos del cielo cuando en la tierra caminamos comprometidos en las existencias del Evangelio. Cristo ha ascendido a los cielos porque antes descendió obediente a la voluntad del Padre hasta la verdad del desprecio, de la condena y de la muerte.

La Ascensión es sobre todo un envío y un compromiso en la Iglesia. Con realismo cristiano hay que vivir en el mundo trascendiendo todo, bautizando siempre, predicando el Evangelio en cualquier circunstancia, bendiciendo a todos, dando testimonio de cuanto hemos visto en la fe. Si levantamos los ojos para ver a Cristo que asciende, es para saber mirar a los hombres y reconocerlos como hermanos. Y a la vez acrecentar nuestro deseo del cielo.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado, de la muerte,
ha ascendido ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo,
como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y muertos.
No se ha ido para desentenderse de este mundo,
sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra
para que nosotros miembros de su Cuerpo,
vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino.


Prefacio I de Ascensión del Señor


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 1, 1-11

Sal 46, 2-3. 6-7 8-9

Efesios 1, 17-23

san Lucas 24, 46-53

Comprender la Palabra

Celebramos este Domingo, Séptimo de Pascua, la Solemnidad de la Ascensión del Señor.

Escuchamos, este año (ciclo C), el doble Relato de] Acontecimiento de la Ascensión, en la 1ª Lectura y en la Lectura del Evangelio, escrito por el Evangelista San Lucas. Ambos relatos con sus variantes se complementan.

El Acontecimiento de la Ascensión del Señor concluye el Evangelio según San Lucas y abre el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

La Ascensión del Señor -ateniéndonos al Mensaje de San Lucas- es el momento culminante de su Relato Evangélico; Jesucristo, con su Gloriosa Ascensión, alcanza la meta de su Camino-subida desde Galilea a Jerusalén; y a partir de Jerusalén inaugura un nuevo Camino, que el mismo Cristo Glorioso, a través de su Iglesia, recorrerá por “Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra”.

Concibe, pues, el Evangelista San Lucas la Ascensión del Señor como punto final de la Misión Mesiánica del Señor en este mundo antes del Acontecimiento de la Pascua, y como punto y seguido de su Misión Mesiánica, prolongada en la Iglesia hasta el final de los tiempos. Jesucristo no ha dimitido; no tiene sucesores; es siempre el Señor de la Iglesia.

Es importante tener en cuenta el orden geográfico, que san Lucas nos indica: Galilea-Jerusalén (Ministerio de Cristo); Jerusalén -Judea- Samaria-Confines de la tierra (Ministerio de la Iglesia). San Lucas se atiene a este esquema en su doble Obra literaria: Evangelio-Hechos de los Apóstoles. Concluye precisamente su Relato de los Hechos de los Apóstoles con la llegada de San Pablo a Roma, encrucijada de todos los caminos, que conducen a todos los confines de la tierra.

Un dato importante a tener en cuenta: En el momento de elevarse hacia el cielo Jesús, “levantando las manos, los bendijo ” (Lectura del Evangelio), Entiéndase: Imponiendo las manos sobre ellos, los bendijo. La imposición de las manos es gesto simbólico, ritual, expresivo, de la comunicación del Don del Espíritu Santo, que enseguida iban a recibir. “Yo os enviaré -les dice- lo que mi Padre ha prometido … que os revistáis de la fuerza de lo alto”. El Relato de la Ascensión del Señor que hoy escuchamos, se completa con el que escucharemos el próximo Domingo, Solemnidad de Pentecostés.

El Apóstol San Pablo, ahondando en el Misterio de la Ascensión del Señor, nos descubre su sentido : la Ascensión de Cristo es nuestra Ascensión en Cristo; El es nuestra Cabeza, inseparable de nosotros, que somos su Cuerpo (2ª Lectura).


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Nuestra esperanza tiene como fundamento la resurrección de Jesucristo (II)


“El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias”(Ap 3,22), que no es otra cosa que el Evangelio. El anuncio de la victoria del Resucitado es lacl4veque permite interpretar el sentido de los acontecimientos y de toda la existencia humana. El Evangelio es)apalabra que Dios nos dirige para que percibamos cómo la historia que vivimos con nuestros hermanos, con sus interrogantes y sus penas, junto con sus anhelos, ilusiones y nostalgias, avanza, aunque sea a tientas, por el camino pascual, abierto por Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte.

Vivir el Sínodo y participar en él en la forma que sea posible -en los grupos de consulta, o unidos en espíritu y oración por sus frutos- es un acto de esperanza cristiana, sobrenatural, que no nace de nuestra sola voluntad de cambiar las cosas, como si el reino de Dios dependiera de nuestro esfuerzo; ni tampoco del bienintencionado e ingenuo optimismo que nos sugiere como alcanzables los ideales de nuestra imaginación. La esperanza cristiana nace de la seguridad del don de la Vida a la que Dios nos llama, por más que la veamos fuertemente combatida y amenazada por el pecado.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
15 octubre 2003

celebrar mejor


La Última Semana de la Cincuentena Pascual

E1 cirio pascual no se apaga después del evangelio de la Ascensión del Señor sino que sigue junto al altar o junto al ambón hasta el domingo de Pentecostés inclusive. Después se coloca en el baptisterio para utilizarlo en la celebración del bautismo. Así se simboliza la presencia del Cristo resucitado en todos los sacramentos.

‘Tas ferias que van desde la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés preparan para la venida del Espíritu Santo’. Después de la Ascensión de Jesús a los cielos 1os apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos… Todos ellos se dedican a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hech 1, 12-14). De la misma manera la Iglesia espera en la oración la venida del Espíritu Santo. Aunque esta espera ha estado presente durante toda la cincuentena pascual, se pone de relieve de manera especial en la última semana. “Oh rey de la gloria, Señor del universo, que hoy ascienden triunfante al cielo, no nos dejes huérfanos, envíanos desde el Padre tu promesa, el Espíritu de la verdad. Aleluya”. En las antífonas de entrada y de comunión y en el versículo del aleluya se emplean las mismas palabras de Cristo que promete el Paráclito. En la oración colecta se pide al Padre que llene su Iglesia con el don de su Espíritu, o que nos fortalezca con su poder para que hagamos su voluntad y le seamos fieles, o que haga nuestros corazones agradables a él, o que robustezca nuestra fe.

“Jesucristo, señor del universo habiendo entrado una -vez para siempre en el santuario del cielo, ahora, intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu. Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés” (Prefacio).




J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 19,1-8. ¿Recibisteis e¡ Espíritu Santo al aceptar la fe?

Juan 16,29-33. ¡Tened valor!: Yo he vencido al mundo.

Martes 3:
En Madrid: Santa Vicenta López Vicuña (1847-1890), funda en Madrid un Instituto para atender a las empleadas de hogar, sobresalió por su caridad con los pobres y humildes.



Hechos 20,17-27. Lo que me importa es completar mi carrera y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús.

Juan 17,1 -11 a. Padre, glorifica a tu Hijo,

Miércoles 3:
San Felipe Neri (1515-1598), se dedicó al cuidado de los jóvenes, fundó la Congregación del Oratorio, dedicada a las obras de caridad.



Hechos 20,28-38. Os dejo en manos de Dios que tiene poder para construiros, y datos parte en la herencia,

Juan 17.1lb-19. Que sean uno como nosotros.


Jueves 3:
San Agustín de Cantorbery (+605). Enviado a Inglaterra desde su monasterio, primero predicó el Evangelio, después ordenado obispo.



Hechos 22,30,23,6-11. Tienes que dar testimonio en Roma.

Juan 17,20-26. Que sean completamente uno

Viernes 3:

Hechos 25,13-21. Se trataba de ciertas discusiones acerca de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo.

Juan 21,15-19. Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

Sábado 3:

Hechos 26,16-20-30-31, Pablo vivió en Roma predicándoles el Reino de Dios.

Juan 21,20-25, Este es el discípulo que ha escrito todo esto y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.



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