Domingo de la 4ª semana de Tiempo Ordinario – 30/01/2005

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Comentario Pastoral
LAS OCHO DESCONCERTANTES FELICIDADES
(BIENAVENTURANZAS)

Las Bienaventuranzas fueron predicadas por Jesús desde la altura de la montaña, que baja hasta el lago de Tiberiades. La imagen invertida de la montaña reflejada en el lago terso nos enseña que todos los que quieren iniciarse en los misterios del espíritu deben aprender a invertir todas sus maneras de ver y de hacer, la dirección de sus deseos, el diseño de su vida.
1 . La felicidad de la pobreza en el espíritu, Es apetecer la simplicidad, por encima de las satisfacciones del propio pensar y saber. Es disponibilidad de despojo y de renuncia, para no quedarse en lo inmediato y buscar lo trascendente. Ante el Reino de los cielos no hay ninguna riqueza comparable.
2. la felicidad del saber sufrir. Es manifestación de aguante interior, de serenidad y mansedumbre. Dios es el que reivindica y defiende. Hay que saber sufrir los sentimientos y las privaciones. El mundo necesita testigos de mansedumbre, de dulzura y de fortaleza en el sufrimiento.
3. La felicidad del llanto. ¿ Que es llorar? Es el primer grito, la primera expresión del hombre. Llora el que es capaz de una nostalgia, el que siente una separación, el que anhela volver al ámbito cálido y profundo de lo original, La felicidad de las lágrimas lavan los ojos para ver el consuelo de la ternura de Dios. No son lágrimas de tristeza o melancolía, sino de fe.
4. La felicidad del hambre y de la sed. Desde la experiencia de las necesidades del cuerpo, hay que descubrir el hambre y la sed de justicia, que es el alimento del alma y significa la voluntad de Dios. Por lo tanto, la justicia es la salvación total. No hay que hambrear lo perecedero, que no sacia, ni beber lo que no tiene espíritu de trascendencia.
5. La felicidad de la misericordia. Significa caridad reciproca y activa, significa perdón. Esta bienaventuranza se opone al materialismo y, positivismo farisaico, que despreciaba a los pobres, a los desgraciados y a los pecadores, Seremos medidos por Dios con la misma medida de misericordia que usemos con los demás.
6. La felicidad de la limpieza. Bienaventurados los que tienen limpio el corazón, como si fuese agua clara de montaña que permite ver el fondo en el que Dios se refleja. El que quiera ver a Dios que lave su corazón sucio para que pueda contemplar en lo profundo de su interior el valor de lo eterno.
7. La felicidad de la paz, Los pacíficos no son los tranquilos, sino los que hacen la paz, quienes la componen a partir del desorden, quienes la crean desde el caos. La paz es el sello de Dios, la plenitud en la unidad.
8. La felicidad de la persecución. El creyente sabe que la vida no es fácil, que la fidelidad al Evangelio exige muchas renuncias, que la incomprensión es el distintivo de los que siguen las enseñanzas del Maestro, pero sobre todo que el Reino de los cielos bien vale cualquier persecución.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristo, Señor nuestro, retoño inmaculado de la raíz de una Virgen,
proclamó dichosos a los limpios de corazón
y con el ejemplo de su vida reveló la grandeza de la castidad.
El quiso hacer de la obediencia sacrificio perfecto,
siguiendo en todo tu voluntad, hasta morir por nosotros,
El prometió las riquezas del cielo
a los que, dejándolo todo en la tierra, viven solamente para tu servicio.



Prefacio de la Misa de la Profesión Religiosa


Palabra de Dios:

Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10

san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Mateo 5, 1-12a

Comprender la Palabra

El Evangelista San Mateo ordena en cinco grandes Secciones todo lo referente al Ministerio Mesiánico de Jesús, desde su comienzo en Galilea (Evangelio del Domingo pasado) hasta el comienzo de la Pasión.

Cada una de las cinco grandes Secciones se compone de una recopilación de enseñanzas de Jesús, seguida de otra de hechos.

Al distribuir el Evangelista San Mateo el contenido de su Relato Evangélico en cinco grandes Secciones probablemente intenta emular el Pentateuco (cinco Libros), dándonos a entender que el Evangelio es la Nueva Ley (Torah) y que Jesucristo es el Nuevo Moisés y más que Moisés, pues ha venido a corregir, perfeccionar, la Ley Mosaica (“Pero Yo os digo” -repetirá con frecuencia el Señor).

Hoy, en la Lectura del Evangelio, escuchamos el Exordio de la Primera gran Recopilación de enseñanzas de Jesús, a modo de un discurso, denominado Sermón de la montaña. El Exordio consiste en las Ocho Bienaventuranzas,

“Dichosos -comienza Jesús diciendo- los pobres en el espíritu… “. Esta primera bienaventuranza es capital, en ella se resumen las otras siete, ¿Quiénes son los pobres en el espíritu? Son los que han elegido, los que han decidido, ser pobres, es decir, desprendidos de todo, incluso de sí mismos, por amor, a impulsos de la fe, en seguimiento de Cristo. En el fondo de las Bienaventuranzas el mismo Jesucristo se nos dice. Decir “pobre en el espíritu ” es decir “misericordioso “ , “sufrido “, “limpio de corazón”, “tener hambre y sed de justicia ” (de perfección),- es decir, por tanto, “perseguidos por causa de la justicia” (perfección). La aspiración a la perfección verá siempre intolera-
ble en este mundo mediocre.

En el fondo de las Bienaventuranzas de Cristo resuenan las palabras proféticas de Sofonías (1ª Lectura): “Dejaré en medio de tí un pueblo pobre y, humilde … no cometerá maldades ni dirá mentiras”.

Dichosos -repite el Señor ocho veces seguidas- No sólo más allá de este mundo, también ya en este mundo imperturbablemente dichosos, en medio de pruebas y sufrimientos.


Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

Una asamblea convocada en el nombre del Señor (III)


Esta presencia e iniciativa del Resucitado entre los suyos es determinante para orga-nizar nuestro trabajo. Conscientes de que él camina junto con nosotros, pues el Sínodo es un caminar todos juntos en él y con él, los miembros de la Asamblea Sinodal están llama-dos a dialogar, confrontar opiniones y formular propuestas para el futuro de nuestra Iglesia diocesana. Esto supone que todo se desarrolla en un clima de oración y comunión.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
8 septiembre 2004

al ritmo de la semana


La Presentación del Señor – 2 de febrero

“También la fiesta del 2 de febrero, a la que se ha restituido la denominación de ‘Presentación del Señor”, debe ser considerada, para poder valorar plenamente su riquísimo contenido, como memoria conjunta del Hijo y de la Madre. Es la celebración de un ministerio que realizó Cristo y al que la Virgen estuvo íntimamente unida como la Madre del Siervo de Yahvé, ejerciendo un deber propio del antiguo Israel y presentándose a la vez como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza por el sufrimiento y la persecución” (Pablo VI, Marialis Cultus, núm. 7).
La fiesta de la Presentación del Señor, unida primitivamente al tiempo de Navidad, surgió en Jerusalén a finales del siglo IV, extendiéndose rápidamente a otros lugares de Oriente, con un carácter primordialmente cristológico. En Occidente comenzó a celebrarse en el siglo VI, acentuándose sobre todo su aspecto mariano.
A los cuarenta días de la Natividad del Señor se conmemoran aquellos hechos ocurridos en el Templo de Jerusalén y narrados por Lucas 2,22-39, en los que Jesús y su Madre son protagonistas. Una mujer era impura durante 40 días después del nacimiento de un varón; durante 80 si se trataba de una mujer. Por esta razón tenia que ofrecer como sacrificio de expiación una oveja y una paloma. o dos pichones, si era pobre. Por otra parte, un hijo primogénito era propiedad del Señor, y a él debía ser presentado y rescatado con una oferta de dinero. Según estas prescripciones Maria y José llevaron a Jesús al Templo.
Esta fiesta, según la versión moderna, es transición del tiempo de Navidad al de Pascua: el Evangelio nos muestra Jesús, todavía niño, en los brazos de su madre, pero ella lo ofrece ya a Dios como preludio del sacrificio supremo de su vida.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
San Juan Bosco ( 1815- 1888), presbítero, educador de jóvenes, fundador de la Familia Salesiana.

Hebreos 11,32-40. Por medio de la fe subyugaron reinos. Dios tiene preparado algo mejor para nosotros.


Marcos 5,1-20. Espíritu inmundo, sal de este hombre.


Martes 3:

Hebreos 12,1-4. Corramos la carrera que nos toca, sin retirarnos.

Mateo 5,21-43. Contigo hablo, niña, levántate.

Miércoles 3:
La Presentación del Señor. Los fieles salen al encuentro del Señor con velas en sus manos y aclamándolo, a una con el anciano Simeón, que reconoció a Cristo como “Luz para alumbrar a las naciones”.

Malaquias 3,1-4. Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.

Hebreos. 2,14-18 Tenia que parecerse en todo a sus hermanos.

Lucas 2,22-40. Mis ojos han visto a tu Salvador.

Jueves 3:
San Blas (s. IV), obispo de Sebaste, en Armenia, mártir; su culto se difundió por Europa en la Edad Media. 0 San Oscar (+ 865), obispo de Hamburgo, predicó el Evangelio en los países escandinavos; su labor fue ardua y tenaz.

Hebreos 12.18-19,21-24. Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo.

Marcos 6.7-13 Los fue enviando.


Viernes 3:

Hebreos 13,1 –8. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y, siempre.

Marcos 6,14-29. Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.

Sábado 3:
Santa Águeda, virgen, mártir en Catania durante la persecución de Decio, Desde muy antiguo su culto se extendió por toda la Iglesia.



Hebreos 13,15-17.20-21. Que el Dios de la paz, que hizo subir de entre los muertos al gran pastor, os ponga a punto en todo bien,

Marcos 6,30-34. Andaban como ovejas sin pastor.



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