OS DECLARO MARIDO Y…¿?

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hechos de los apóstoles 15, 1-6; Sal 121, 1-2. 4-5; san Juan 15, 1-8

Mucha tinta estamos gastando en España con la ley del matrimonio entre dos hombres o dos mujeres y eso que aún no nos hemos metido en el mundo de vericuetos que surgirá. ¿Por qué dos y no tres o cuatro? ¿Por qué poner límites pares al amor (con minúsculas, por supuesto)?. Si un marido se opera y se cambia de sexo ¿será válido el antiguo matrimonio con su señora si ella está de acuerdo en llevarse a la cama a Manolita?. ¿Cambiará el Corte Inglés la celebración del día del padre por el día del/la compañer@ sentimental?. ¿Qué dirá el juez: “os declaro marido y esposo,” o les dará un “planning” con los días en que uno es esposo y el otro esposa y viceversa?. El tema da para mucho y podría seguir hasta llenar el folio entero.
Tal vez alguien se enfade leyendo estas líneas. Pensará que soy un frívolo, que me río de la gente y no respeto los sentimientos de muchos, que es muy fácil hacer burla de los demás y escribir y juzgar sin conocer el drama que se oculta detrás. Tal vez incluso alguna “plataforma” se enfade y proteste. (Es curioso, por cierto, que cuando decimos que la democracia es el gobierno del pueblo para ser escuchado, haya que “subirse” a una plataforma, ¿será que los gobernantes están por encima de la plebe?). Volviendo al tema tal vez a muchos les siente mal cómo he comenzado a tratar este asunto. Igualmente mal me siento cuando ridiculizan a obispos, Papa y sacerdotes los defensores de llamar matrimonio a la unión entre dos personas, cuando se trata con igual frivolidad la doctrina de la Iglesia y se utiliza el nombre de Cristo para defender lo indefendible. Tan ridículas son las primeras líneas de este comentario como los argumentos que se esgrimen para atacar a la Iglesia o la profundidad con que exponen los motivos que la Iglesia tiene para decir no a llamar a cualquier unión matrimonio.
“Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.” La Iglesia no existe para sí, para poder decir que somos más y mejores. La Iglesia existe para unirnos a Cristo y en Cristo y así salvar a la humanidad entera. Muchas veces se nos ha olvidado a los eclesiásticos hablar de la salvación, hemos dado una imagen de la Iglesia como el grupo de personas que se juntan para cantar canciones de mayor o menor gusto, para darnos abrazos y perder el tiempo hablando de cuestiones más o menos interesantes según el gusto de cada uno. No, la Iglesia nos recuerda que necesitamos ser salvados del pecado y de la muerte, que para eso se encarnó la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. La vida del hombre no es nacer, crecer, reproducirse y morir. No somos una casualidad del destino llamados a desaparecer como los dinosaurios. Hemos sido creado por Amor (ahora sí con mayúsculas), y llamados a vivir eternamente amando a Dios, y así a los demás, llamados a vivir en verdadera plenitud. Si la Iglesia viviese para sí misma no se “metería en problemas” con los que no quieren pertenecer a ese “club.” Pero como la Iglesia vive para anunciar la salvación tendrá que animar a todos los hombres a permanecer unidos a Cristo y tendrá que decir “no,” como la madre que corrige a su hijo por amor, a lo que nos separa de Cristo y por lo tanto de la Vida y la salvación.
La Iglesia me ha enseñado no sólo a respetar (que muchas veces se queda a un paso de la indiferencia), sino a ver a Cristo en los otros, por muy distinto que piensen o vivan, y descubriendo en ellos a Cristo estaría dispuesto a dar la vida por cualquier persona. Ese amor intenso y pleno que tiene la Iglesia a la humanidad, redimida por Cristo, lleva a no callar y corregir, aunque el hijo pequeño se enfade y pida emanciparse.
Santa María, que acoge en su seno a toda la humanidad, nunca hablará a Cristo de sus hijos con frivolidad o simpleza, como no se reía al pie de la cruz, viendo al gran precio al que hemos sido rescatados. Confía en ella y confía en la Iglesia, no tengas miedo de defenderla públicamente y estarás defendiendo el valor inmenso del hombre. Y si tienes que cambiar de vida acuérdate del evangelio de hoy: “Sin mí no podéis hacer nada,” pero con Él todo es posible.

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