Domingo de la 27ª semana de Tiempo Ordinario. – 02/10/2005

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Comentario Pastoral
SIMBOLISMO BíBLICO DE LA VIÑA

La viña para la Biblia es un símbolo transparente de Israel y de su historia con su trama de bien y de mal, de fe e infidelidad, El “canto con la viña” del profeta y poeta Isaías que se lee como primera lectura en este domingo vigésimo séptimo, es una de las piezas líricas antiguas más impresionantes, que conserva hoy toda su belleza y vigor. Este canto otoñal, compuesto probablemente para la fiesta de la vendimia, tiene una fuerza de expresión que hay que entender en clave matrimonial. Junto a expresiones de amor total encontramos lamentos desilusionados.

La viña tiene algo de misterioso y su fruto regocija a dioses y a hombres. La presencia de viñedos es signo de la bendición de Dios, que es presentado en muchos textos bíblicos como esposo y viñador. La viña es imagen de sabiduría, de fecundidad, de riqueza, de esperanza, de sosiego, de alegría. Por eso el israelita devoto siempre le consoló recordar que Noé, el justo, plantó una viña en una tierra que Dios prometió no volver a maldecir ni castigar.

La viña evoca siempre la esperanza. “¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?”. Las uvas que Dios espera de su pueblo, viña escogida, son frutos de justicia y no la agria vendimia de sangre derramada.

Donde se entiende perfectamente el canto de Isaías es en la parábola de Jesús sobre los vifiadores homicidas. El propietario es Dios; los labradores que arriendan la viña representan al pueblo hebreo; los criados enviados son los profetas; el hijo del dueño es Cristo. La historia del pueblo elegido es una secuencia de rechazos, de negaciones, de delitos, que revela el misterio de 1 pecado y de la incredulidad humana. Pero el nuevo Israel, que es la comunidad cristiana, se identifica con los fieles hebreos, que escucharon la voz de los profetas y creyeron. Los labradores de la viña que entregan los frutos a su tiempo son los que obran con justicia y defienden el derecho sin asesinatos ni lamentos. La injusticia es la respuesta negativa que el hombre da a la esperanza y confianza que Dios ha depositado en él.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Todos formamos parte del grupo de viñadores que mataron al Hijo. Pero el desenlace de la Cruz fue la Resurrección, con la nueva llamada al Reino, que comienza en la Iglesia, a todos los hombres.
Los que acogen la llamada caminan como Él anduvo, reviviendo su vida, sus Misterios, por los sacramentos de la Iglesia.



Palabra de Dios:

Isaías 5, 1-7

Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

san Mateo 21, 33-43

Comprender la Palabra

Escuchamos este Domingo, en la Lectura del Evangelio, la Segunda de las tres Parábolas, que San Mateo agrupa, situándolas en el contexto de grave tensión entre Jesús y los dirigentes religiosos del Pueblo Judío. A ellos van dirigidas las tres parábolas.

Ellos, los dirigentes religiosos de entonces y de antes de Cristo, son los representantes “los viñadores’~. de todo el Pueblo que, íncitado por ellos, rechaza una y otra vez a los enviados del “Dueño de la Viña”.

Los enviados mensajeros fueron los Profetas, que, en sucesivos tiempos a lo largo de la Historia, Dios fue enviando a su Pueblo, recordando a todos su responsabilidad. Pero ellos “a unos apalearon, a otros mataron y a otros apedrearon”, como así consta en las páginas del Antiguo Testamento.

“El Híjo”, a quien el Dueño de la Viña envía, es evidentemente el Mesías Cristo, a quien “agarraron, empujaron fuera de la Viña (fuera de la Ciudad de Jerusalén, en el Calvario) y lo mataron “.

Pero el destino del Hijo y de los Profetas, que le precedieron no podía ser el fracaso ignominioso y definitivo. Hay en el curso de la Parábola un cambio súbito de situación y de expresiones, imágenes. La Viña se torna en Edificio en construcción; los “viñadores” son “los constructores”; y “el Híio”, “la Piedra, deseada por los constructores, convertida en la Piedra Angular” (Resurrección).

La Parábola, a requerimiento de Jesús, la concluyen los mismos oyentes: “Arrendará la Vino a otros labradores”. Conclusión, que el mismo Cristo confirma: “Se os quitará a vosotros … y se dará a unpueblo queproduzca sus frutos`.

¿Quiénes son el Pueblo -“los labradores”’ que produzca sus frutos?” Los creyentes, judíos y no judíos, que, respondiendo a la llamada del Señor produzcan los frutos del Reino de Dios.

Comienza la Parábola citando literalmente el cómienzo del Canio Alegoría de la Viña, recogido en el Libro de Isaías (1ª Lectura). En ambos textos se lamenta la irresponsabilidad del Pueblo de Dios. En la Alegoría de la Viña el acento recae sobre el Pueblo de Dios; en la Parábola el acento recae sobre los representantes del Pueblo.



Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Adoración Eucarística


La reserva del Cuerpo de Cristo para la comunión de los enfermos llevó a los fieles a la loable costumbre de recogerse en oración para adorar a Cristo realmente presente en el Sacramento conservado en el sagrario. Recomendada por la Iglesia a los Pastores y fieles, la adoración ante el Santísimo es altamente expresiva de la unión que existe entre la celebración del Sacrificio del Señor y su presencia permanente en la Hostia consagrada.

El quedarse en oración junto al Señor Jesús, vivo y verdadero en el Santo Sacramento, madura la unión con El: nos predispone a la fructuosa celebración de la Eucaristía y aumenta en nosotros las actitudes cultuales y existenciales que ella misma suscita.


Sugerencias y propuestas, n. 13

al ritmo de la semana


Témporas de Acción de Gracias y Petición – 6 de Octubre

Las Témporas son días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual. Se celebrarán, al menos, el día 5 de octubre, y es aconsejable celebrarlas también, siempre que sea posible otros dos días. Cuando se celebran en tres días los temas son: acción de gracias, día penitencial y petición por la actividad humana. Es también un tiempo propicio para que las comunidades cristianas revisen sus compromisos y proyecten su programa pastoral.

Mientras existió una cultura agraria la Iglesia celebraba anualmente tres témporas, y con ellas las Rogativas, correspondientes a las estaciones de otoño, invierno y verano, a las que pronto añadió la de primavera. Se reunía la comunidad cristiana, para que, mediante el ayuno y la oración, se diese gracias a Dios por los frutos de la tierra y se invocase su bendición sobre el trabajo de los hombres. Estas jornadas penitenciales comprendían la eucaristía, además del ayuno, los miércoles y viernes en que tenían lugar. Concluían el sábado con una vigilia, bien entrada la noche, que finalizaba también con la Eucaristía, que era la celebración del domingo.

Hoy que la civilización no es sobre todo agraria y campesina, sino urbana, la celebración litúrgica debe ser cercana a las preocupaciones de los hombres de la calle. Por eso se imponía una revisión de esta vieja celebración de origen romano. Lo importante es que en un día o en tres se viva y se celebre la obra de Dios en el hombre, con un espíritu de fe y de acción de gracias.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
San Francisco de Borja (1510 1572), virrey de Cataluña y duque de Gandia, a la muerte de su esposa se hizo jesuita, llegando a ser prepósito feudal.

Jonás 1,1 2,1 11. Se levantó Jonás para huir lejos del Señor.

Lucas 10,25 37. ¿Quién es mi prójimo?


Martes 3:

Jonás 3,1 10. Los ninivitas se convirtieron de su mala vida, y Dios se compadeció.

Lucas 10,38 42, Marta la recibió en su casa. Maria ha escogido la mejor parte.

Miércoles 3:
Témporas de Acción de Gracias y de petición, que la comunidad ofrece a Dios terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas al reemprender la actividad habitual.

Deuteronomio 8,7 18. Dios te da la fuerza para crearte estas riquezas.


2 Corintios 5,17 21. Reconciliaos con Dios.

Mateo 7,7 11. Quien pide, recibe.

Jueves 3:
San Bruno (1035 1101), presbitero, amante de la soledad fundó la Orden de los cartujos.

Malaquias 3,13 20a. Mirad que llega el dia, ardiente como un horno.

Lucas 11,5 13. Pedid y se os dará.


Viernes 3:
Nuestra Señora la Virgen del Rosario. Fiesta instituida en 1573, en acción de gracias por la victoria de Lepanto.

Hechos 1,12 14. Se dedicaban a la oración, junto con Maria, la madre de Jesús.

Lucas 1,46 55. Bienaventurada eres, Virgen Maria, que llevaste en tu seno al Hijo del Padre eterno.


Sábado 3:

Joel 4,12 21, Mano a la hoz, madura está ¡a mies.

Lucas 11,27 28. ¡Dichoso el vientre que te llevó!
Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios!.



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