Domingo de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. – 20/11/2005

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Comentario Pastoral
REALEZA CRISTIANA

La señoría de Dios sobre el universo contiene muy sintéticamente estas tres afirmaciones: la trascendencia absoluta de Dios, que no es objeto manipulable por los hombres; su inmanencia o presencia en la creación y en la historia, que nosotros llamamos salvífica; el sentido escatológico de la realidad, delineado por Dios según un proyecto unitario.

Es evidente que la cultura contemporánea, fuertermente antropocéntrica, no favorece la celebración de esta solemnidad, ya que desde instancias diferentes se predica el silencio de Dios o el absurdo de un mundo sin esperanza, lleno de dolores y crímenes.

El creyente es invitado hoy a recuperar el sentido profundo de la historia y de la materia a través de la revelación que se nos parece de Dios como “pastor% que da su vida por el rebaño, y que, al final de los tiempos, actuará como juez que separará Ias ovejas de las cabras”.

En el solemne escenario en que el evangelista Mateo sitúa el juicio final, que será un examen total sobre el amor al prójimo, Dios se identifica y encarna en los pobres, en los hambrientos, en los forasteros, en los enfermos, en los encarcelados. El discípulo de Jesús lo sabe y actúa consecuentemerite, conformando su vida a las exigencias del Reino. En el amor gratuito y universal hacia los más pequeños y pobres se vive la relación vital, con Cristo, que es lo más especifico de la fe cristiana. Los actos de amor durante la existencia terrena son garantía de vida eterna.

Contra los desequilibrios devocionales, por encima de las supersticiones, frente a una creencia teórica y desencarnada, hay que buscar siempre la autenticidad de la fe en la centralidad del ministerio de Cristo celebrado en la liturgia, en la aceptación del evangelio, en el bien obrar.

La clausura del año litúrgico se hace patente en esta solemnidad de Cristo Rey, que es semejante a un ábside dominado por la figura del Pantocrator. Delante de su mirada somos invitados a hacer un balance de nuestra existencia, a un examen de nuestras miserias y de nuestros esplendores, a un juicio sobre nuestras obras o nuestras omisiones.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno
Consagraste Sacerdote eterno y Rey de Universo a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría,

para que ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana,
y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal:
el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia,
el reino de la justicia, el amor y la paz.


Prefacio


Palabra de Dios:

Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6

san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

san Mateo 25, 31-46

Comprender la Palabra

Escuchamos oportunamente este Domingo, Solemnidad de Cristo Rey, la tercera de las Parábolas, que San Mateo añade al Discurso Escatológico. La escena grandiosa, que en ella se nos describe, es la mejor ilustración del título de Rey, que Jesucristo ostenta.
Está mal llamada Parábola sólo lo es en sus comienzos: ” … el pastor, que separa las ovejas de las cabras”. Mejor sería decir Anuncio Profético o Revelación Apocalíptico (apocalipsis =revelación): Desvelamiento de lo que ha de suceder al final de la Historia. Reitera y explicita aquí el Señor el anuncio, que, párrafos más arriba, nos hace de su Venida Gloriosa como Rey “se sentará en su trono” y como Juez Supremo de toda la Humanidad “serán reunidos ante El todas las naciones” . Este Relato Evangélico guarda también relación con las dos Parábolas precedentes: Cristo es el Esposo, que admite en la sala del banquete a las doncellas previsoras y cierra la puerta a las descuidadas; Cristo es el Señor, que admite en su banquete a los criados fieles y cumplidores y expulsa al criado holgazán.
En una y otra Parábolas se insiste en la vigilancia activa, que es previsión (las alcuzas llenas de aceite), que es negociación diligente (los talentos duplicados). En el Relato Evangélico, que hoy escuchamos, se nos concreta cuál es la actividad de nuestra vigilancia y cuál es la tarea, que hemos de cumplir con toda fidelidad: el servicio esmerado a nuestros prójimos. Decir servir al prójimo es decir servir al mismo Cristo; el prójimo es sacramento de Cristo: “Lo que hicísteis con uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicísteis”.
Las palabras, que escuchamos al comienzo. ” … como un pastor, que separa las ovejas de las cabras… “, evocan la alegoría de Dios Pastor del Libro del Profeta Ecequiel (lª Lectura): “He aquí que Yo voy a jugar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío”.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas


El “memorial” eucarístico, pasando de la celebración a nuestras actitudes vitales, nos lleva a hacer memoria agradecida de todos los dones recibidos de Dios en Cristo. De él brota una vida distinguida por la “gratitud” por el sentido de “gratuidad” y al mismo tiempo por el sentido de “responsabilidad”.
En efecto, recordar lo que Dios ha hecho y hace por nosotros, nutre el camino espiritual. La oración del Padre nuestro nos recuerda que somos hijos del Padre que está en el cielo, hermanos de Jesús, marcados por el Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones.
Recordar los dones de la naturaleza (la vida, la salud, la familia … ) mantiene viva la gratitud y el esfuerzo por valorarlos.
Recordar los dones de la gracia (bautismo y demás sacramentos; las virtudes cristianas… mantiene vivo, junto con la gratitud, el empeño por no vanificar estos “talentos”, sino más bien, hacerlos fructificar.


Sugerencias y propuestas, n. 23

celebrar mejor


Jesucristo, Rey del Universo

Pío XI, haciéndose eco de múltiples peticiones procedentes de toda cristiandad, instituyó la fiesta de Cristo Rey el 11 de diciembre de 1925, con la encíclica “Quas primas”. Dos fueron las motivaciones: hacer frente al creciente laicismo del mundo moderno y promover un nuevo orden social. En la mente del Papa una fiesta específica de la realeza de Cristo sería mucho más eficaz para la formación del pueblo cristiano que un documento magisterial, y ayudaría mejor a frenar ese laicismo y a crear un orden social más humano. La Misa y el Oficio que se compusieron para esta fiesta son una proclamación de la realeza universal de Cristo. Dispuso el Papa que se celebrara el último domingo de octubre, próxima a la solemnidad de Todos los Santos, y era como el coronamiento de todos los misterios de Cristo, y como la anticipación en el tiempo de la realeza eterna que ejerce sobre los elegidos en el cielo.
La liturgia siempre ha tenido presente a Cristo como Señor y muchos textos de Adviento, Navidad, Epifanía, Pascua … expresan con vi
gor la realeza de Jesucristo. Por eso algunos liturgistas no vieron bien la creación de una fiesta específica para celebrar esta realeza.
La liturgia renovada del Vaticano Il ha mantenido la fiesta, denominándola “Jesucristo, Rey del universo”, y celebrándola el último domingo del año litúrgico, como su remate y coronamiento. Los textos contemplan la realeza de Cristo en una perspectiva distinta: no es el laicismo moderno de idea dominante sino el reinado de Jesucristo en sí mismo. Después de la primera parte de la oración colecta idéntica: “Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado”, antiguamente se pedía: “dígnate conocer a todos los pueblos, desunidos por la herida del pecado, un sometimiento total a la dulce autoridad de su reino”, en cambio, ahora: “haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin”.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Daniel 1,1 6.8 20. No se encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarias.

Lucas 21,1 4. Vio una viuda pobre que echó dos reales,


Martes 3:
Santa Cecilia, virgen y mártir, patrona de la música,

Daniel 3,31 45. Dios suscitará un reino que nunca será destruido, sino que acabará con todos los demás reinos.

Lucas 21,5 11. No quedará piedra sobre piedra.

Miércoles 3:
San Clemente (s,J), tercer papa y mártir. 0 San Columbano (+615), abad monje irlandés, fundador del monasterio en Francia e Italia.




Daniel 5,1 6.13 14.16 17,23 28, Aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo.

Lucas 21,12 19, Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.


Jueves 3:
San Andrés Dung Lac y compañeros, mártires. 117 vietnamitas canonizados por Juan Pablo II en 1988.

Daniel 6,12 18. Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones.

Lucas 21,20 28. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.


Viernes 3:

Daniel 7,2 14. Vi venir en les nubes del ciclo como un hijo de hombre.

Lucas 21,29 33. Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios.

Sábado 3:

Daniel 7,15 27. El poder real y el dominio será entregado al pueblo de los santos del Altísimo.

Lucas 21,34 36. Estad siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir.



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