Domingo de la 4ª semana de Adviento – 18/12/2005

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Comentario Pastoral
EL ADVIENTO DE MARÍA

La Navidad no se improvisa, hay que prepararla. Los afanes no pueden reducirse a preparativos ambientales de nacimientos, árboles, villancicos, luces, turrones y christmas. Es también necesaria una preparación interior con sensibilidad espiritual, activa; este es el sentido y la finalidad del Adviento que estamos viviendo.

El primer y mejor Adviento de la historia fue vivido por María durante nueve meses en expectación del parto del Salvador. Por obra del Espíritu la Palabra fué creciendo en sus entrañas hasta la gran manifestación de la Navidad. A ejemplo de María hay que vivir consecuentemente en Adviento, en expectación, dejándonos guiar por el Espíritu de Dios que obra maravillas en el interior.

María nos encubre a Dios en Adviento para descubrirnoslo en la realidad pletórica y nueva de la Navidad. El “sí” de María hizo posible la primera venida del Salvador; por eso ella es la que siempre le precede. ¡Qué consolador es saber que Dios viene siempre a través de María!

La Virgen del Adviento es la virgen joven de la anunciación, que se estremece ante el mensaje del ángel. Es la joven madre que aprende a amar a su hijo sintiéndole crecer dentro de sí. Es el creyente dócil que acepta los planes de Dios y encarna dentro de sí la Palabra por obra del Espíritu. Es la mujer, de la esperanza que, desde el silencio de Nazaret, se prepara a entregar al mundo la salvación, hecha carne en Jesús.

Cuando aguardamos la venida del Redentor levantamos los ojos hacia su Madre para llenarnos de gozo y de gratitud sincera. María es la puerta del cielo y la estrella del Adviento. Ella es claridad eterna que ilumina con luz de estrella prodigiosa las tinieblas de nuestro desconcierto.

María nos abre las puertas de la Navidad, preparadas por Isaías y el Bautista. Esperemos como ella la venida del Señor: con alegría y sobre todo con gracia.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos por el misterio de la Virgen Madre.
Porque, si del antiguo adversario nos vino la ruina,
en el seno virginal de la hija de Sión ha germinado aquel que nos nutre con el pan de los ángeles,
y ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz.
La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María.
En ella, madre de todos los hombres,
la maternidad, redimida del pecado y de la muerte, se abre al don de una vida nueva.
Así, donde había crecido el pecado se ha desbordado tu misericordia
en Cristo nuestro Salvador.



Palabra de Dios:

Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16

Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29

san Pablo a los Romanos 16, 25-27

san Lucas 1,26-38

Comprender la Palabra

Las lecturas bíblicas de los tres primeros Domingos de Adviento apuntan a la Segunda Venida del Señor, incluso los anuncios, que nos hace Juan el Bautista en los relatos evangélicos. Sin embargo las Lecturas del Domingo 4º de Adviento nos introducen en el ámbito de la Primera Venida del Señor. La Lectura del Evangelio, en los tres ciclos A, B y C, se refiere al Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Misterio anunciado, proclamado, que escuchamos como preparación para la gran Solemnidad de la Navidad. Este año, ciclo B, escuchamos el Relato de la Anunciación del Arcángel San Gabriel a la Virgen María.
La 1ª Lectura nos obliga a fijar la atención en las palabras del Arcángel, en las que le revela a María qué va a ser el Hijo, que va a engendrar y dará a luz, que no es otro que el Mesías largamente anunciado y esperado. Cita el Arcángel el Mensaje, que, un milenio antes aproximadamente, le comunicó el Profeta Natán al Rey David, de parte de Dios; Mensaje, que hoy escuchamos reiteradamente.
El Mensaje se refiere al mismo David, a su hijo Salomón, a la Dinastía Davífica, pero tiene largo alcance, como lo verificamos en la Lectura del Evangelio; se refiere al Mesías, el Hijo de David; sólo El ‘”es grande”; a El “el Señor Dios entrega el Trono (eterno) de David, su Padre “. Sólo El “reinará por siempre ” y “su reino no tendrá fin”.
Palabras estas últimas, que nosotros recitamos en el Credo.
El Salmo comenta la Profecía de Natán: “Edificaré tu Trono por todas las edades…”
“El me invocará: Tú eres mi Padre”. También las palabras del Salmista tienen pleno cumplimiento en Cristo, el “Hijo del Altísimo “, el “Hijo de Dios “.,A la luz de la Revelación de Dios en Cristo en el Nuevo Testamento, el Hijo de Dios, anunciado, proclamado, es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecho Hombre en las entrañas de la Virgen Madre.
Y este es “el Misterio, mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora” como nos dice el Apóstol (2ª Lectura), “para traer a las naciones a la obediencia de la Fe”.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Acción de Gracias (I)


La víspera de su pasión, la tarde en que instituyó el sacramento de su sacrificio pascual, risto tomo el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a los discípulos … La acción de gracias de Jesús revive en cada una de nuestras celebraciones eucarísticas.
El término “eucaristía” en lengua griega, significa precisamente acción de gracias (cf. CIC, 1328). Es una dimension que emerge claramente en el diálogo que introduce la Plegaria eucarística: ante la invitación del sacerdote ‘”Demos gracias al Señor nuestro Dios”, los fieles responden “Es Justo y necesario”. El exordio de la Plegaria eucarística se caracteriza por una fórmula que expresa el sentido de la reunion de oración: “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Dios Padre…”
Estas fórmulas, mientras dicen lo que cumplimos en la celebración, expresan una postura que no debería disminuir en nuestro espíritu de regenerados en Cristo: agradecer es propio de quien se siente gratuitamente amado, renovado, perdonado. Es justo y necesario dar gracias a Dios siempre (tiempo) y en todo lugar (espacio).


Sugerencias y propuestas, n. 25

celebrar mejor


Liturgia Familiar: El árbol

La costumbre de adornar un abeto en Navidad se ha generalizado entre nosotros. Algunos quieren contraponerlo al “Nacimiento” y hacer de él un símbolo laico de las fiestas Navideñas. Sin embargo, el árbol de Navidad, el tronco de Nochebuena, están dentro de los más antiguos ritos de Europa. En muchos casos son expresión del esfuerzo de los evangelizadores de la Edad Media. Es el caso del obispo San Bonifacio, apóstol de Alemania (s. VIII). En su intenso trabajo misionero llevó a cabo el gesto de talar en Geismar, una encina, árbol sagrado dedicado por los paganos a los dioses Donar y Thon En su lugar plantó un abeto en honor de Jesucristo. La catequesis partía de la experiencia: Jesucristo, es el árbol de la vida. La perennidad de la hoja del abeto en medio de los árboles que han perdido el follaje- no recuerda que El está siempre vivo.

Unida a la tradición eslava de decorar un árbol con bolitas o manzanas representando el árbol del Paraíso se acentuó la imagen del Señor que ha cargado sobre sí los pecados del mundo.

Su iluminación progresiva se inscribe en las costumbres gennanas de encender candelas en la época del año en que los días crecen (ritos de regeneración de la luz).

Junto con la exposición del Nacimiento figura siempre en la plaza de San Pedro en el Vaticano.

El conocimiento y la valoración de nuestro símbolo da pie a una catequesis de familia. Adornar, y orar junto a este “símbolo ecológico” de la Navidad será signo de que Cristo,viene a bendecir nuestros hogares.



Manuel González

Para la Semana

Lunes 3:

Jueces 13,2 7.24 25a. El ángel anuncia el nacimiento de Sansón.
Lucas 1,5 25. El ángel anuncia el naci¬miento de Juan Bautista.

Martes 3:

Isaías 7,10 14. Mirad: la Virgen está en¬cinta.
Lucas 1,26 38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.

Miércoles 3:

Cantar 2,8 14. Llega mi amado, saltando sobre los montes.
Lucas 1,39 45. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?



Jueves 3:

1 Sarnuel 1,24 28. Ana da gracias por el naci¬miento de Samuel.
Lucas 1,46 56. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

Viernes 3:

Malaquías 3,14.23 24. Os enviaré el profeta Elías antes de que llegue el día del Señor.
Lucas 1,57 66. El nacimiento de Juan Bautista.

Sábado 3:

2 Samuel 7,15,8b 12.14a. 16. El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor.
Lucas 1,67 68. Nos visitará el sol que nace de lo alto.



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