Domingo de la 4ª semana de Tiempo Ordinario. – 29/01/2006

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Comentario Pastoral
ENSEÑAR CON AUTORIDAD

E1 significado global del mensaje religioso de la liturgia de la Palabra de este cuarto domingo ordinario es la alegría y el estupor que provoca la presencia de Jesús. Su enseñanza nueva y su poder sobre los demonios impresionó hondamente a la multitud de Cafarnaún. “Cuando el sábado fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad”.

San Marcos no nos narra el contenido específico de la enseñanza de Jesús durante la liturgia sinagogal del sábado, el día sagrado dedicado al descanso y a la oración de los hebreos piadosos. Nuestro evangelista está principalmente interesado en subrayar la autoridad con que habla Jesús y el poder extraordinario con que actúa frente a Satanás. Su palabra tiene eficacia inmediata y libera al hombre del espíritu devastador para restituirlo a su dignidad y libertad primera.

La autoridad de Jesús en la enseñanza de su doctrina, unida a la acción liberadora de los espíritus inmundos, es el primer signo revelador del misterio de Cristo, el Hijo de Dios. El estupor y temor religioso que siente la multitud es la primera pista para tratar de comprender quién es verdaderamente Jesús de Nazaret.

No enseñaba de manera repetitiva, como hacían los escribas de su tiempo; no decía cosas, como un simple maestro. Hablaba como el Señor. La autoridad de Jesús es un elemento insuprimible de la cristología del Nuevo Testamento y el eje en torno al cual gira todo el misterio mesiánico. Los textos de la Biblia, leídos y comentados por Jesús, se enriquecen con nuevos contenidos y perspectivas inimaginables.

La autoridad que Jesús manifiesta en sus palabras y obras es la misma plenitud de poder que pertenece solo al Omnipotente y la absoluta posibilidad de obrar propia de Dios. Aquí está el secreto de su autoridad; no es solamente un hombre, ni un simple profeta, ni un enviado o portavoz sino el Hijo de Dios. Jesús habla la Palabra que es él mismo, Palabra hecha carne, Palabra omnipotente, Palabra soberana, Palabra creadora.

Jesús es la Palabra definitiva de Dios al mundo; por eso su enseñanza es luz para el camino de la vida. Jesús es el Santo de Dios, que tiene la misión de salvar integralmente al hombre y de reconstruir el mapa maravilloso de la creación original.

Avelino Cayón


Palabra de Dios:

Deuteronomio 18, 15 20

Sal 94, 1 2. 6 -7. 8-9

san Pablo a los Corintios 7, 32-35

san Marcos 1,21-28

Comprender la Palabra

Advertíamos el Domingo pasado que el Evangelista San Marcos de quien escuchamos preferentemente este año (ciclo B)-¬divide la 1ª Parte de su Relato Evangélico, -desde el comienzo del Ministerio Mesiánico de Jesús hasta la Solemne Confesión de fe de Pedro- en tres grandes Secciones, en las que se atiene al mismo esquema: Resumen de la actividad de Jesús; momento de atención a sus discípulos; narración de hechos y enseñanzas; y reacción casi siempre negativa.
En esta l” Sección el Evangelista apenas ofrece palabras de Jesús; sólo signos, milagros de curación, de expulsión de demonios. Hoy escuchamos el Relato de la primera vez que Jesús entró el sábado en la sinagoga de Cafarnaún. La gente, nos dice el Evangelista, “Se quedó asombrada, porque no enseñaba como los fariseos, sino con autoridad” ¿Qué quiere decir “con autorida”? -Con coherencia. Sólo Él puede hablar con la máxima coherencia; sólo El dice lo que hace, lo que es. Sólo El es sincero, trasparente, perfecto. Sólo El se dice; se nos dice.
No nos dice el Evangelista qué decía, qué enseñaba; Le interesa sobre todo presentarnos la figura atrayente de Jesucristo; que “su fama se extienda por todas partes”. He aquí el sentido de la Evangelización, del testimonio cristiano, de la trasmisión de la fe.
El, Jesucristo, es “el Profeta, que Dios ha suscitado entre sus hermanos”, “en cuya boca Dios ha puesto sus palabras” nos anuncia Moisés en el Libro del Deuteronomio (lª lectura). El mismo Señor dirá: “Mi doctrina no es mía sino del Padre, que me ha enviado” ,
Jesús acalla las declaraciones del Enemigo: ‘Tú eres el Santo de Dios”. No quiere que se malentienda su función mesiánica. Pero el Evangelista subraya la prohibición de Jesús de declarar que El es el Mesías; quiere darnos a entender que la plenitud de la salvación de Dios en Jesucristo no está en su actividad mesiánica, en los milagros, sino en el final, en el momento culminante de su Vida Salvífica: en el Paso, Pascua, de este mundo al Padre por su Resurrección
de la muerte.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Comunión y Caridad (I)


El signo de la cruz al comienzo de la Misa, manifiesta que la Iglesia es el pueblo reunido en el nombre de la Trinidad. El reunirnos todos, en un mismo lugar, para celebrar los santos misterios es responder al Padre celeste que llama a sus hijos para estrecharlos consigo por Cristo, en el amor del Espíritu Santo.La Eucaristía no es una acción privada, sino la acción del mismo Cristo que asocia siempre así a la Iglesia, con un vínculo esponsal indisoluble (cf. Mane nobiscum Domine, cap. III).
En la liturgia de la Palabra escuchamos la misma Palabra divina, signo de comunión entre todos aquellos que la ponen en práctica.
En la liturgia eucarística presentamos, junto con el pan y el vino, la ofrenda de nuestra vida: es la común ofrenda de la Iglesia que en los santos misterios se dispone a hacer comunión con Cristo.

En virtud de la acción del Espíritu Santo, en la ofrenda de la Iglesia se hace presente el sacrificio de Cristo (“Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad”): una única ofrenda espiritual agradable al Padre, por Cristo, con Él y en Él. El fruto de esta asociación al “sacrificio vivo y santo” está representado por la comunión sacramental: “para que fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, y llenos del Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu” (Plegaria eucarística III).


Sugerencias y propuestas, n. 27

al ritmo de la semana


La Presentación del Señor – 2 de febrero

También la fiesta del 2 de febrero, a la que se ha restituido la denominación de “Presentación del Señor”, debe ser considerada, para poder valorar plenamente su riquísimo contenido, como memoria conjunta del Hijo y de la Madre. Es la celebración de un misterio que realizó Cristo y al que la Virgen estuvo íntimamente unida como la Madre del Siervo de Yahvé, ejerciendo un deber propio del antiguo Israel y presentándose a la vez como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza por el sufrimiento y la persecución” (Marialis Cultus, n. 7).
“Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte … Y cuando hecha la ofrenda propia de los pobres lo presentó al Señor en el templo y oyó profetizar a Simeón que el Hijo
sería signo de contradicción y que una espada atravesaría el alma de la Madre, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones” (Lumen Gentium, n. 57).
“Hace hoy cuarenta días celebramos, llenos de gozo, la fiesta del Nacimiento del Señor. Hoy es el día en que Jesús fue presentado en el templo para cumplir la ley, pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente. Impulsados por el Espíritu Santo, llegaron al templo los santos ancianos Simeón y Ana que, iluminados por el mismo Espíritu, conocieron al Señor y lo proclamaron con alegría. De la misma manera nosotros, congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria” (Monición de entrada).



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

2 Samuel 15,13 14-30; 16,5-13a. Huyamos de Absalón. Dejad a Samuel que me maldiga, porque se lo ha mandado el Señor.
Marcos 5,1-20. Espíritu inmundo, sal de este hombre.


Martes 3:
San Juan Bosco (1815 1888), educador de jóvenes, fundador de la familia salesiana.

2 Samuel 18,8 10.14b.24 25a.30 19,3. ¡Hijo mío, Absalón! ¡Ojalá hubiera muerto yo en vez de tí!
Marcos 5,21-43. Contigo hablo, niña, levántate.


Miércoles 3:

2 Samuel 24,19 17. Soy el que he pecado, haciendo el censo de la población. ¿Qué han hecho estas ovejas?
Marcos 6,1-6. No desprecian a un Profeta mas que en su tierra.

Jueves 3:
La Presentación del Señor. Jesús entra en el templo y es presentado y rescatado por la ofrenda.

Malaquías 3,1-4. Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.
Hebreos 2,14-18. Tenía que parecerse en todo a sus
hermanos.
Lucas 2,22-40. Mis ojos han visto a tu Salvador.


Viernes 3:
San Blas (s. IV), obispo de Sebaste, Armenia, mártir. San Oscar (+ 865), obispo de Hamburgo, legado pontificio para Suecia y Dinamarca

Eclesiástico 47,2 13. De todo corazón amó David a su Creador, entonando salmos cada día.
Marcos 6,14-29. Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.

Sábado 3:

1 Reyes 3,4-13. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo.
Marcos 6,30-34. Andaban como ovejas sin pastor.



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