Domingo de la 6ª semana de Tiempo Ordinario. – 12/02/2006

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Comentario Pastoral
“SEÑOR, SI QUIERES, PUEDES LIMPIARME”

Es ésta la invocación, el grito de esperanza de un leproso marginado de la sociedad, emblema viviente del dolor del mundo, máscara desfigurada de la corrosión del mal físico. Por eso la curación instantánea de un leproso pone de relieve la humanidad profunda de Jesús ante la horrible lepra, enfermedad muy común en la antigüedad y aún presente en el mundo moderno, donde existen veinte millones de leprosos.

Para los antiguos hebreos el leproso era un condenado a la muerte y un excluido del consorcio humano, porque concebían la lepra como un castigo de Dios al pecador. Esta enfermedad era interpretada, más que en el plano médico, bajo un sentido religioso y cultural. El leproso era un hombre “inmundo”, incapaz de cumplir los actos de culto con la comunidad, y un “excomulgado”, que debía alejarse física y moralmente de cualquier contacto con los otros hombres. Los leprosos, muy desgraciados en su cuerpo, solamente podían lamentarse en la soledad, en la miseria y en el abandono.

Los rabinos comparaban la curación de la lepra con la resurrección de un muerto. Por eso Jesús, al hacer este milagro se declara implícitamente Mesías. Así es reconocido por el leproso desgraciado, que lleno de coraje y superando la segregación que imponía la Ley, se acerca al Maestro de Nazaret para implorar la curación y ser librado del infierno del sufrimiento físico y moral.

A la plegaria humilde del leproso, “si quieres, puedes limpiarme” y a su gesto de adoración y de fe, Jesús respondo usando sus mismas palabras: “quiero, queda limpio” tocando con la mano al “intocable” según la ley. En este milagro, como en todas sus obras, Jesús revela la gratitud y la universalidad del amor de Dios: donde los hombres brillan despreciando a los infelices, él manifiesta respeto y solidaridad; donde los hombres discriminan, él acoge; donde los hombres condenan, él absuelve.

Cristo está sistemáticamente presente en el campo del dolor, en esta zona fronteriza de la existencia humana. Su presencia es una lucha continua contra el mal y los límites, naturales o impuestos por los hombres. Por encima de las exigencias legalistas de los puritanos o de los egoísmos de los bien instalados, Jesús acude a donde está el dolor. Allí también deben hacerse presentes los cristianos. El que los médicos y enfermeras tengan su trabajo y responsabilidad concreta en el campo sanitario y asistencial, no exime a los cristianos de la práctica de las obras de misericordia, para testimoniar el amor y la compasión ante cualquier hombre que sufre.

Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Levítico 13,1-2.44-46

Sal 31, 1-2. 5. 11

san Pablo a los Corintios 10,31-11, 1

san Marcos 1,40-45

Comprender la Palabra

Domingo tras domingo venimos escuchando, en lectura continua, episodios de la actividad mesiánica de Jesús; episodios, que el Evangelista San Marcos recoge en esta Primera Sección de la 1ª Parte de su Relato Evangélico. No son episodios milagros elegidos al azar, tienen, todos ellos, una intencionalidad más o menos manifiesta. El domingo pasado y el anterior escuchábamos relatos de curaciones, efectuadas precisamente en sábado: la Curación de un poseso en la sinagoga de Cafarnaún y la Curación de la suegra de Pedro. No parece que nadie protestara contra Jesús por haber curado en sábado (!), como veremos más adelante.

En la Lectura del Evangelio de este Domingo Jesús cura a un Leproso, permitiéndole que se le acercara (I) y tocándole (!!), lo cual estaba prohibido por la legislación religiosa mosaica. “El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado… gritando ¡impuro, impuro! (para que nadie se le acerque)… vivirá sólo y tendrá su morada fuera del campamento” (1ª Lectura).

Es evidente el contraste entre legislación tan rigurosa, comprensible quizá en aquellos tiempos, para evitar el contagio, aunque en extremo discriminatoria, si no humillante y vejatoria, y la actitud acogedora, misericordioso, de Jesús. Sólo Él podía corregir perfeccionar, la Antigua Ley; Él es la Ley Nueva, que cura, libera, reconcilia. Nadie, sin embargo, le acusó (!) de haber quebrantado la Ley, tocando al Leproso.

Hay ciertamente relación entre la enfermedad y el pecado, como veremos el Domingo que viene: relación entre el mal, que sufrimos, y el pecado de todos, el pecado del mundo, en la lepra se ha querido ver la imagen de la corrupción del pecado, En este sentido la Plegaria del Salmo, del Salmista, que confiesa su pecado y se goza con el perdón de Dios: “Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito… me rodeas de cantos de liberación”. En este sentido también el Leproso, curado por Jesús, que “empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones”.




Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Comunión y Caridad (III)


De aquí la espiritualidad de comunión (cf. Novo Millennio Ineunte, 43 45): requerida por la Eucaristía y suscitada por la celebración cuearística (Cf. Mane nobiscum Dornate, 20 21).
La comunión entre los esposos viene modelada, purificada, alimentada por la participación en la Eucaristía.
El ministerio de los pastores de la Iglesia y la docilidad de los fieles a su magisterio viene tonificado por la Eucaristía.
La comunión con los sufrimientos de Cristo se manifiesta en los fieles enfermos, por medio de la participación en la Eucaristía.
La reconciliación sacramental tras nuestras caídas, es coronada por la comunión cuearística.

La comunión entre muchos carismas, funciones, servicios, grupos y movimientos dentro de la Iglesia está asegurada por el santo misterio de la Eucaristía.
La comunión entre personas empeñadas en diversas actividades, servicios y asociaciones de una parroquia se manifiesta por la participación en la misma Eucaristia.
Las relaciones de paz, comprensión y concordia en la ciudad terrena son sostenidas por el sacramento de Dios con nosotros y para nosotros.


Sugerencias y propuestas, n. 27

celebrar mejor


San Cirilo, monje y San Metodio, obispo – 14 de febrero

El 14 de febrero se celebra la fiesta de los Santos Cirilo y Metodio, proclamados por Juan Pablo II el 31 de diciembre de 1980, junto con San Benito, abad, copatronos de Europa.

Metodio y Constantino, llamado Cirilo después de su profesión religiosa, eran hijos de un alto funcionario de Bizancio destacado en Tesalónica, donde nacieron hacia el año 825. Después de haber estudiado en Constantinopla, fueron enviados por el patriarca Focio a Moravia, donde lograron un gran éxito apostólico por la creación del alfabeto eslavo y la traducción en esta lengua de la Biblia y de la liturgia, adaptándose a los pueblos evangelizados. Son un ejemplo de adaptación del mensaje a la cultura del pueblo, conciliando la búsqueda de la unidad con el rechazo de la uniformidad. Fueron denunciados ante el papa por los misioneros latinos y tuvieron que regresar a Roma para presentar sus disculpas el año 869. Al año siguiente moría allí mismo Constantino, habiendo profesado de monje con el nombre de Cirilo. Metodio fue ordenado obispo de Sirmio y enviado por el Papa como legado apostólico de los eslavos. Habían de surgir ciertas discrepancias entre Roma y el legado con relación a la lengua litúrgica, hasta el punto de ser desaprobado éste por un sínodo. Aunque el papa Juan VIII lo defendió, prohibió durante algún tiempo el uso del eslavo en la liturgia y restringió la jurisdicción de Metodio. Murió en Checoslovaquia en 895, y fue enterrado con los ritos eslavo, griego y latino.

La obra de los dos copatronos de Europa constituye una aportación eminente para la formación de las comunes raíces de Europa, no obstante la diversidad de tradiciones: la oriental, derivada de Constantinopla, y la occidental, derivada de Roma. Y a la vez una contribución decisiva para la construcción de Europa, no sólo en la comunión religiosa, sino también en vista de su unión civil y cultural.




J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Santiago 1, 1 11. Al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia y seréis perfectos e integros,

Marcos 8,11 13. ¿Por qué esta generación reclama un signo?


Martes 3:
Santos Cirilo (+869), monje y Metodio (+885), obispo, hermanos, patronos de Europa, infatigables predicadores del Evangelio, publicaron los textos litúrgicos en eslavo.

Hechos 13,46 49. Sabed que nos dedicamos a los gentiles.

Lucas 10,1 9. La mies es abundante y los obreros pocos.


Miércoles 3:

Santiago 1, 19 27. Llevada la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla.

Marcos 8,22 26. El ciego estaba curado y vela todo con claridad,


Jueves 3:

Santiago 2,1 9. ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres? Vosotros, en cambio, habéis afrentado a los pobres.

Marcos 8,27 33. Tú eres el Mesías. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

Viernes 3:
Los siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de la Virgen María (s. XIV), monjes, predicadores, devotos de la Virgen María.

Santiago 2,14 24 26. Lo mismo que un cuerpo sin espíritu es un cadáver, también la fe sin obras.

Marcos 8,34-9, 1, El que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.

Sábado 3:

Santiago 3, 1 10. La lengua, ningún hombre es capaz de domarla.

Marcos 9,2 13. Se transfiguró delante de ellos



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