CRUCE DE COMENTARIOS

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Isaías 1,10.16-20; Sal 49, 8-9. 16bc- 17. 21 y 23; san Mateo 23, 1-12

A veces la realidad es testaruda. El comentario del Domingo se negaba a aparecer entre estos escritos y, a nuestro sufrido “webmaster” le llegaba continuamente el del sábado. “Te mando el bueno,” le decía yo y, no sé por arte de qué o de quién, le volvía a llegar el del sábado. No creo que se me vuelva a caer la estantería a la que se refería el comentario del sábado, pues ha suscitado tantos odios que cualquier día aparecerá quemada. Lo cierto es que el fallo no era de ninguna máquina (que suelen ser bastante obedientes), sino la costumbre de hacer lo mismo muchas veces y, a veces, no prestar atención. Usamos el ordenador como quien usa un bolígrafo, sin reparar mucho en ello. Cuando los mayores de mi parroquia aprenden informática da gusto ver con qué ojos miran el ratón y el lío que se hacen siguiendo el movimiento de su mano y del puntero por la pantalla, temiendo que desaparezca misteriosamente. Van algo más lentos, tardan un cuarto de hora en abrir Word, pero eso sí, van aprendiendo, despacito pero seguro.
“Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.” Vivir es algo que hacemos todos los días (afortunadamente), y a veces podemos vivir sin prestar demasiada atención, pensando que “ya sabemos vivir,” que conocemos el bien y el mal, lo justo y lo injusto. A veces nos ocurre que pensamos que a obrar el bien no hay que aprender, ya sabemos bastantes cosas. Sin embargo puede ocurrir que, pensando que lo hacemos bien, estemos mandando el mensaje equivocado. Si todos supiéramos obrar el bien, ¿por qué hay tanta violencia, discordia, injusticia, prepotencia y falsedad?. Sin duda hay que aprender a hacer el bien y no es un aviso para “los otros,” es para ti y para mí. Tal vez vivimos demasiado deprisa, demasiado “acostumbrados a vivir” y no nos damos cuenta de que podemos ser daltónicos y nuestros pecados que son “rojos como escarlata,” los vemos blancos como la lana.
“En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.” Para aprender a obrar el bien necesitamos quien nos enseñe. Sin duda el único maestro, Padre y consejero es Dios. Por eso enseñar a obrar el bien es transmitir fielmente lo que Dios ha dejado a su Iglesia. Aprovechando la frase del Evangelio, ¿nos metemos con los curas?. No nos vendría mal, aunque también con los padres que envían a su hijo a catequesis y no pisan la Iglesia, con los profesores que actúan según criterios de moda, con los políticos que organizan la sociedad según sus intereses y no el bien común, en definitiva, con cualquiera que tenga alguna influencia sobre otros, y esos somos todos, pues tenemos la manía de relacionarnos. Todos tenemos que aprender continuamente a hacer el bien, y nos hace bien que nos corrijan. Y para aprender a hacer el bien hace falta “arrimarse” al que es el mismo Bien, al único que es bueno. Cuando nos ponemos ante Dios dejamos de enaltecernos y aprendemos a hacer el bien, a mandar el mensaje adecuado.
Nuestra Madre la Virgen sólo nos habla de Dios. Cuida tu trato con la Virgen esta Cuaresma, ella nos corregirá con cariño de madre.

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