Domingo de la 6ª semana de Pascua. – 21/05/2006

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Comentario Pastoral
NADA MÁS QUE EL AMOR

El amor, palabra frontal, singular, buena, ha llegado a ser palabra banal y vulgar. Se canta en todos los tonos, se pinta en negro y en color. Da sentido a la vida de muchos y se mancha la reputación de algunos. A pesar de todas las devaluaciones y degradaciones, el amor es un vocablo que hechiza al espíritu humano y revela lo mejor y lo más profundo de nosotros. El amor hace vibrar, entusiasma, arruina, es la razón de nuestras lágrimas y de nuestras sonrisas. Estamos llenos de amor, hemos sido creados para amar y ser amados. Nadie podrá matar la fascinación misteriosa que tiene el amor para poder vivir.
El evangelio de este domingo sexto de Pascua tiene como tema el amor. No se trata de una mera reflexión conceptual o teológica, sino de una invitación a acoger el amor de Cristo, para poder cumplir su mandamiento. Se nos da una definición precisa de lo que es el amor, se nos aclara la relación que existe entre Dios y nosotros a través de un intermediario: El Hijo, “Dios es Amor” y lo ha revelado de una manera visible en Cristo, que ha entregado su vida por amor. Cristo habla sobre el amor en la víspera de su muerte. Revela a sus discípulos el amor de Dios. Pide que permanezcamos en su amor. Aclara que “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Nos manda que nos amemos unos a otros. El amor de Dios no debe ser encerrado en el templo, ni ser mera experiencia religiosa del domingo. Debe ser vivencia y testimonio en la casa y en la calle. El amor que Dios derrama sobre nosotros es creativo, genera los otros amores. Está superada la ecuación veterotestamentaria: “Ama al prójimo como a ti mismo “. El amor cristiano tiene una nueva ecuación: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Es el amor de Cristo, amor infinito, sin límites ni excepciones, el modelo al que debe aspirar siempre nuestro amor humano.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno:
En ti vivimos, nos movemos y existimos;
y, todavía peregrinos en este mundo,
no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor,
sino que poseemos ya en prenda la vida futura,
pues esperamos gozar de la Pascua eterna,
porque tenemos las primicias del Espíritu
por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos.



Prefacio dominical VI del Tiempo Ordinario


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48

Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4

san Juan 4, 7-10

san Juan 15, 9-17

Comprender la Palabra

La Lectura del Evangelio de este Domingo, Sexto de Pascua, es continuación de la del Domingo anterior. Es -cabe decir- comentario, profundización, de la Alegoría de la Vid (Cristo-Vid).
Insiste el Señor en que “permanezcamos en su amor”. Recordemos su insistencia en que “permanezcamos unidos a El, como los sarmientos a la Vid”.
Permanecer en su amor es “guardar sus mandamientos” (guardar=vivir=poner en práctica), que se resumen en el Mandamiento del amor fraterno: “Que os améis unos a otros… “ Y este amor mutuo debe trasparentar el amor de Cristo: “…como Yo os he amado”. Y ya sabemos cómo El ha amado: “dando la vida por los amigos”.
El amor así -entregando la vida en el servicio- es fuente de alegría: “Para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud” (en la Bienaventuranza eterna. El amor de Cristo en nosotros es el amor pascual, que transforma a la persona.
En la 2ª Lectura el Apóstol Evangelista prolonga la exhortación de Cristo sobre el amor, revelándonos el Misterio del Amor de Dios en Cristo, que consiste “no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó”, porque “El es amor” (el Amor). Y el Amor se nos manifiesta en que El, Dios-Amor, el Padre, “envió a su Hijo al mundo, como propiciación por nuestros pecados”… “para que vivamos por medio de El” (de su Hijo).
En la 1ª Lectura escuchamos el momento solemne en que el Apóstol San Pedro, adoctrinado por la revelación-visión, que tuvo en la azotea de la casa en la que estaba hospedado, decide la admisión en la Iglesia de los no judíos, sin necesidad de hacerse previamente judíos de religión. “…Cayó el Espíritu Santo sobre los que escuchaban las palabras de Pedro…Pedro añadió: ¿se puede negar el agua del Bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros? Y mandó bautizarlos en el Nombre de Jesucristo!’. Esta decisión de Pedro será confirmada en el Concilio de Jerusalén. La Fe en el Misterio de Cristo, en el Acontecimiento de su Pascua, será suficiente para abrir a todas las gentes la puerta de la Iglesia.

Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

La Penitencia y Reconciliación


33. Formar bien la conciencia de los cristianos sobre el misterio del pecado y del perdón, y ayudar a descubrir y a valorar la necesidad de la celebración sacramental de la Penitencia y la Reconciliación para el crecimiento de la vida cristiana.
34. Favorecer la celebración individual y comunitaria del sacramento de la Penitencia, sobre todo, en los tiempos litúrgicos penitenciales y, también, con ocasión de algunas de las fiestas del año litúrgico; teniendo en cuenta que en nuestra diócesis no se dan las condiciones para celebrar la reconciliación de los penitentes con confesión y absolución general.
35. Cuidar la disponibilidad y la formación de los sacerdotes para que puedan ejercer este ministerio de la reconciliación dotados de las capacidades espirituales y humanas que exige la celebración de este sacramento.


Constituciones

celebrar mejor


Jesucristo, el dios encarnado

“Dios es amor” (1 Jn 4,8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar.
Jesús ha perpetuado este acto de entrega mediante la institución de la Eucaristía durante la Última Cena. Ya en aquella hora, Él anticipa su muerte y resurrección, dándose a sí mismo a sus discípulos en el pan y en el vino, su cuerpo y su sangre como nuevo maná (cf. Jn 6,31-35). Si el mundo antiguo había soñado que, en el fondo, el verdadero alimento del hombre -aquello por lo que el hombre vive-era el Lagos, la sabiduría eterna, ahora este Logos se ha hecho para nosotros verdadera comida, como amor. La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos encarnado, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega. La imagen de las nupcias entre Dios e Israel se hace realidad de un modo antes inconcebible: lo que antes era estar frente a Dios, se transforma ahora en unión por la participación en la entrega de Jesús, en su cuerpo y su sangre. La “mística” del Sacramento, que se basa en el abajamiento de Dios hacia nosotros, tiene otra dimensión de gran alcance y que lleva mucho más alto de lo que cualquier elevación mística del hombre podría alcanzar.
Pero ahora se ha de prestar atención a otro aspecto: la “mística” del Sacramento tiene un carácter social, porque en la comunión sacramental yo quedo ungido al Señor como todos los demás que comulgan: “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan”, dice San Pablo (1 Co 10,17). La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán. La comunión me hace salir de mí mismo para ir hacia El, y por tanto, también hacia la unidad con todos los cristianos. Nos hacemos “un cuerpo”, aunados en una única existencia. Ahora, el amor a Dios y al prójimo están realmente unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí. Se entiende, pues, que el agapé se haya convertido también en un nombre de la Eucaristía: en ella el agapé de Dios nos llega corporal mente para seguir actuando en nosotros y por nosotros.


Benedicto XVI. Encíclica
“Deus Cáritas est” n, 12-14

Para la Semana

Lunes 3:
Santa Joaquina-Vedruna (1783-1854), religiosa, se dedicó al cuidado de los enfermos y a la educación de la juventud.



Hechos 16,11-15. El Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo.

Juan 15,26-16,4a. El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí.

Martes 3:

Hechos 16,22-34. Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.

Juan 16,5-11. Si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor.

Miércoles 3:

Hechos 17,15.22-18,1. Eso que vendría sin conocerlo, os lo anuncio yo.

Juan 16,12-15. El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.


Jueves 3:
En Madrid Santa Vicenta López Vicuña (1847-1890), funda en Madrid un Instituto para atender a las empleadas de hogar, sobresalió por su caridad con los pobres y humildes.

Hechos 18,1-8. Se quedó a trabajar en su casa. Todos los sábados discutían en la sinagoga.

Juan 16,16-20. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría

Viernes 3:
San Felipe Neri (1515-1595), fundador de la Congregación del oratorio, caritativo y alegre.

Hechos 18,9-18. Muchos de esta ciudad son pueblo mío.

Juan 1 6,20-23a. Nadie os quitará vuestra alegría.

Sábado 3:
San Agustín de Cantorbery (+695), predicó el Evangelio en Inglaterra, obispo.



Hechos 18,23-28. Apolo demostraba con la Escritura que Jesús era el Mesías.

Juan 16,23b-28. El Padre os quiere, porque vosotros me queréis y creéis.



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