Domingo de la 24ª semana de Tiempo Ordinario – 17/09/2006

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Comentario Pastoral
¿QUIÉN ES JESUCRISTO?

Es ésta la pregunta fundamental, de la que dependen la fe cristiana, la existencia de la Iglesia y la esperanza de la salvación. Es vital saber responder con exactitud. No valen definiciones aproximadas ni conceptos genéricos, como les pasaba a los contemporáneos de Jesús cuyas opiniones no eran coincidentes; le consideran como un Elías redivivo, como a Juan Bautista resucitado, como uno de tantos profetas que surgían en el pueblo para mantener la esperanza de la salvación definitiva prometida por Dios. Después de veinte siglos Jesucristo es un gran desconocido para muchos hombres o un conocido imperfecto. ¿No será porque su figura histórica ha sido deformada de múltiples maneras, incluso en el seno mismo de la comunidad cristiana? ¿Quién es Jesucristo? ¿El rey de los judíos? ¿El hijo del carpintero? ¿El Mesías? ¿El purificador del templo? ¿Un revolucionario auténtico? ¿El varón de dolores? Jesucristo más que una pregunta difícil es la respuesta clara de Dios. El misterio de Jesús se hace accesible en la confesión de fe de Pedro, tal como nos lo narra el evangelio de este domingo vigésimo cuarto ordinario: “Tú eres el Cristo”. Pedro manifiesta públicamente la novedad absoluta de Jesús, reconociéndolo como el Mesías prometido y presente. No era el Mesías revolucionario político, que iba a librar al pueblo elegido de la sumisión a la autoridad imperial de Roma, como lo esperaban los hebreos y lo presuponían incluso los mismos apóstoles. Jesús es el Mesías sufriente según la voluntad del Padre, el Mesías de la cruz. Creer en Jesús supone una purificación contínua de la fe, superando reduccionismos sociológicos, empobrecimientos tradicionales y nostalgias míticas. La fe es vida, es pascua, es elección gozosa, es apertura a Dios infinito. La fe no nace de las obras, sino que florece en ellas. Por eso, creer en Jesucristo significa buscar el centro de todo no en uno mismo, sino fuera: en los otros y en Dios. Solo la fe que se expresa en el amor práctico y real podrá convencernos y convencer a los demás. Creer en Jesucristo es encontrar la alegría de vivir, la verdad total, la esperanza del mundo, la paz en cualquier circunstancia, el freno a la locura colectiva. Jesús es la imagen de Dios invisible, el centro de la historia, la garantía de la eternidad.

Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Isaías 50, 5-9a

Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9

Santiago 2, 14-18

san Marcos 8, 27-35

Comprender la Palabra

Con la Lectura del Evangelio de este Domingo culmina toda la Primera Parte del Evangelio según San Marcos; y a su vez comienza la Segunda Parte. El momento culminante es la solemne Confesión de fe de Pedro: TÚ ERES EL MESÍAS. Recordemos las palabras iniciales, a modo de título general, con las que Marcos encabeza su relato Evangélico: COMIENZA EL EVANGELIO DE JESÚS CRISTO (Mesías) -1″ Parte- E HIJO DE DIOS -2′ Parte-.
Durante la 1ª Parte, de la que hemos venido escuchando domingo tras domingo, en lectura semicontínua, Jesús nos ha ido manifestando, con signos y palabras, que El es el Mesías; el Mesías reconocido, aceptado, y también ignorado, rechazado.
Inmediatamente después de la Confesión de fe de Pedro, el Evangelista San Marcos nos introduce en un nuevo escenario. Comienza la 1ª Sección de la Segunda Parte, cuya estructura consiste en tres Anuncios, que el Señor nos hace de su Pasión-Muerte-Resurrección, mientras va de camino a Jerusalén, donde tendrá su cumplimiento el Anuncio reiterado. Hoy escuchamos el Primero de los tres Anuncios.
A la Confesión de fe de Pedro Jesús responderá, diciendo cómo El es el Mesías, cuál es su destino: ”padecer…ser condenado…ejecutado…y resucitar al tercer día”. Es decir, no un Mesías triunfante en este mundo, sino un Mesías paciente, que vencerá la Muerte, no evitándolo ni suprimiéndola, sino apurándola para superarla en la Resurrección. Así se cumplen en El los Poemas del Servidor de Dios, recogidos en el Libro de Isaías, de los que escuchamos un fragmento en la 1ª Lectura.
A la increpación de Pedro responderá Jesús a su vez, increpándole: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”. En la enseñanza, que sigue a continuación, Jesús nos da la clave de interpretación de su Pasión-Muerte-Resurrección: Sólo “el que se niega a sí mismo” se afirma (se realiza plenamente); sólo “el que pierde su vida (entregándola por amor en el servicio a los demás) la salva” (la recupera planificada).

Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

La Eucaristía y el domingo


En orden a la aplicación de la Const. 32 se decreta:

Art.13.

En la liturgia de la Palabra proclámense las lecturas establecidas en el Leccionario correspondiente, de acuerdo con el calendario litúrgico, sin sustituir el salmo, que es parte integrante de la liturgia de la Palabra, por otros cantos o textos ajenos al Leccionario.
Art.14

1. La selección de los cantos se realizará de manera que éstos sean conformes a la dignidad de la liturgia, a los tiempos litúrgicos y a las características concretas de cada celebración, de modo que ayuden a la oración de la asamblea, evitando los cantos inadecuados para una celebración litúrgica por su falta de calidad o de sentido religioso explícito.

2. Foméntese el canto gregoriano, que la Iglesia reconoce como el propio de la liturgia romana, sin excluir los demás tipos de música sacra, en particular la polifonía, con tal de que respondan al espíritu de la acción litúrgica.


Decreto

al ritmo de la semana


San Pío Pieltrecina, presbítero – 23 de septiembre

Francisco Forgione nació en Pideltrecina, en la región italiana de Benevento, el año 1887, en una familia de agricultores. A los 16 años entró en el noviciado de los frailes Menores Capuchinos y al vestir el hábito franciscano tomó el nombre de Pío. Ordenado sacerdote en 1910 tuvo que estar acogido en su familia por motivos de salud hasta 1916, fecha en que fue destinado al convento de San Giovanni Rotondo, en la ciudad de Benevento, región de Apulia, donde pasaría el resto de su vida.
En 1918 se le aparecieron visiblemente las llagas de Cristo en las manos y el costado. Siempre llevó impresas las l1agas hasta su muerte con gran dolor en su cuerpo. Su apostolado del confesonario, la celebración de la Eucaristía con inusitado fervor, su oración íntima y continuada y su humildad lograron innumerables conversiones, a la vez que movilizaron masas de gente en peregrinación al convento del Padre Pío en busca de paz y reconciliación. En una ocasión estuvo hasta veintiún días sin comer, dependiendo su vida sólo del alimento de la Eucaristía. Su obediencia y su humildad eran tales que sus mismos superiores y cohermanos quedaban admirados. Fundó la “Casa de alivio del sufrimiento” para ayuda de los pobres y necesitados.
En el centro de su vida estaba la pasión del Señor. El lema de su vida podía ser: “sufrir para amar mejor”. A un alma apesadumbrada escribía: “Esté pues, agradecida porque la trata el Señor como alma predilecta, que puede seguir de cerca a Jesús por la cuesta del calvario, y yo veo con vivísima alegría en mi corazón esta manera de obrar de la gracia de Dios con usted”.
Completó su peregrinación terrena el 23 de septiembre de 1968. Declarado Venerable el 18 de diciembre de 1997, fue beatificado por Juan Pablo II el 8 de mayo de 1999 y canonizado el 16 de junio de 2002.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

1 Corintios 11,17-26.33. Si os dividís en bandos, os resulta imposible comer la cena del Señor.

Lucas 7,1-10. Ni en Israel he encontrado tanta fe.

Martes 3:
San Jenaro, obispo, martirizado en la persecución de Diocleciano.

1 Corintios 12,12-14.27.31a. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro.

Lucas 7,11-17. ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!.

Miércoles 3:
San Andrés Kim Taegom y San Pablo Chong Hasang, mártires de Corea a principios del siglo XIX. En este siglo hubo 103 mártires de toda edad y condición social.

1 Corintios 12,31-13.13. Quedan la fe, la esperanza, el amor. La más grande es el amor. Lucas 7,31-35. Tocamos y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.


Jueves 3:
San Mateo, apóstol y evangelista, recaudador de impuestos cuando Jesús le llamó.

Efesios 4,1-7.11-13. Él ha constituido a unos apóstoles; a otros, evangelizadores.

Mateo 9,9-13. Sígueme. Él se levantó y lo siguió.


Viernes 3:

1 Corintios 15,12-20. Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe no tiene sentido.

Lucas 8,1-3. Algunas mujeres acompañaban a Jesús y le ayudaban con sus bienes.

Sábado 3:
San Pío de Pieltrecina, presbítero (1887-1968).

1 Corintios 15,35-37.42-49. Si siembra lo corruptible, resucita incorruptible.

Lucas 8,4-15. Los de la tierra buena son los que guardan la palabra y dan fruto perseverando.



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