Domingo de la 26ª semana de Tiempo Ordinario. – 01/10/2006

Escrito por Administrador el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
¿SE ESCANDALIZA HOY?

Desde cierto punto de vista, parece que la sociedad actual está de vuelta de todo, y no se asombra ni escandaliza por nada. Por el contrario, se supervaloran publicitariamente ciertos escándalos; un lío de faldas, un hijo oculto que reclama una herencia millonaria, una fuga con gran desfalco económico o un crimen pasional pueden ocupar las primeras páginas de los períodicos o ser noticia de apertura en un telediario. A algunos no les gusta la palabra “escándalo” porque les parece oscurantista, retrógada y beatona. Les suena a falta de libertad, a censura religiosa superada y a morbosa referencia sexual. Sin embargo es preciso reconocer que todos estamos en medio de una situación de escándalo activo, continuo y organizado. Es muy serio que la sociedad actual, por alardear de vanguardista, ridiculice las voces limpias que propugnan una concepción más seria y digna de la existencia. Siempre se está a tiempo de cambiar, dando un giro de ciento ochenta grados, para recobrar los altos principios que hacen más habitable nuestro mundo y más fraternas nuestras relaciones; así los más “pequeños” y los jóvenes podrán confrontar la diferencia que existe entre la alegría que viene del respeto de la vida y la que es fruto de la explotación y violencia sobre los más débiles. En el evangelio de este vigesimosexto domingo ordinario, Jesús nos pide que no escandalicemos a ninguno de los pequeños que creen en él. ¿Qué es el escándalo? Es un lazo o trabajo, una insidia, un obstáculo que impide avanzar, una ocasión de pecado. No hay que escandalizar a los creyentes más débiles, desviándolos del camino de la fe y conduciéndolos a una desorientación espiritual. La mano, el pie y el ojo, de los que habla Cristo, son expresiones concretas que manifiestan el talante interior y la conducta moral del hombre. Con un lenguaje plástico radical Jesús manda “cortar” y “sacar” sin pretender la amputación física del cuerpo, sino invitando al recto obrar moral y a situarse con decisión en el camino del bien.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
“La persona humana participa de la luz y la fuerza del Espíritu divino. Por la razón es capaz de comprender el orden de las cosas establecidas por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse por sí misma a su bien verdadero. Encuentra su perfección en la búsqueda y el amor de la verdad y del bien”.

Catecismo de la Iglesia Católica, mi. 1704


Palabra de Dios:

Números 11,25-29

Sal 18, 8. 10. 12-13. 14

Santiago 5, 1-6

san Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

Comprender la Palabra

La Lectura del Evangelio de este Domingo es continuación de la del Domingo pasado. Estamos en la 1″ Sección de la 2″ Parte del Evangelio según San Marcos. Esta 1ª Sección se caracteriza por las tres Predicciones de la Pasión-Resurrección del Señor -el Domingo pasado escuchábamos la Segunda-. A partir de la Primera Predicción Jesús se pone en camino a Jerusalén, donde tendrá lugar el cumplimiento del Acontecimiento triplemente anunciado. Mientras va de camino Jesús va enseñando a sus discípulos. El Evangelista acumula enseñanzas de Jesús entre una y otras Predicciones de su Muerte-Resurrección.
Agrupa el Evangelista enseñanzas de Jesús en torno a expresiones o palabras-clave, v.gr., “en mi Nombre”: “El que acoge a un niño como este en mi Nombre… “ (cfr. el Domingo pasado); “el que hace milagros en mi Nombre…” (Lectura del Evangelio de hoy).
La 1ª Lectura nos obliga a fijar la atención en la primera parte del Evangelio de este Domingo. Los dos sucesos son parecidos; léanse.
Pero, ¿qué decir hoy, si se plantea el mismo caso? ¿Qué respondería el Señor? Quizá hoy también haya muchos, que aman a Jesucristo y le siguen sin haber descubierto la Iglesia, Comunidad de creyentes en Cristo, sin la cual es imposible acceder a Cristo. Ellos merecerán sin duda nuestra simpatía, aunque todavía (?) “no sean de los nuestros”. Ciertamente no es el caso de los adeptos a ciertas sectas, sin confundirlos con los miembros fieles de las Iglesias Protestantes.
Agrupa el Evangelista otras enseñanzas de Jesús bajo el epígrafe “escándalo”. Pensemos en el estrago que pueden hacer en las mentes de niños, jóvenes, las virulentas ideologías imperantes a través de los medios de comunicación, la legislación educativa. Las expresiones tajantes, que leemos en la última parte de la Lectura del Evangelio, en manera alguna hay que entenderlas al pie de la letra. No es difícil captar el sentido correcto.

Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

La Penitencia y Reconciliación


En orden a la aplicación de la Const. 33 se decreta:
Art. 16 Los sacerdotes, los catequistas y todos aquellos fieles que tengan responsabilidades en la educación en la fe procurarán que la formación para valorar y celebrar el sacramento de la Penitencia esté presente habitualmente en la catequesis, homilías y encuentros de formación.


Decreto

al ritmo de la semana


Témporas de Acción de Gracias y Petición – 6 de Octubre

Las Témporas son días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual. Se celebrarán, al menos, el día 5 de octubre, y es aconsejable celebrarlas también, siempre que sea posible otros dos días, Cuando se celebran en tres días los temas son: acción de gracias, día penitencial y petición por la actividad humana. Es también un tiempo propicio para que las comunidades cristianas revisen sus compromisos y proyecten su programa pastoral. Mientras existió una cultura agraria la Iglesia celebró anualmente tres témporas, y con ellas las Rogativas, correspondientes a las estaciones de otoño, invierno y verano, a las que pronto añadió la de primavera. Se reunía la comunidad cristiana, para que mediante el ayuno y la oración, se diese gracias a Dios por los frutos de la tierra y se invocase su bendición sobre el trabajo de los hombres. Estas jornadas penitenciales comprendían la Eucaristía, además del ayuno, los miércoles y viernes en que tenían lugar. Concluían el sábado con una vigilia, bien entrada la noche, que finalizaba también con la Eucaristía, que era la celebración del domingo. Hoy que la civilización no es sobre todo agria y campesina, sino urbana, la celebración litúrgica debe ser cercana a las preocupaciones de los hombres de la calle. Por eso se imponía una revisión de esta vieja celebración de origen romano. Lo importante es que en un día o en tres se viva y se celebre la obra de Dios en el hombre, con un espíritu de fe y de acción de gracias.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
Santos Ángeles Custodios. “El señor enviará su ángel contigo y dirigirá tu camino”.

Éxodo 23,20-23. Mi ángel irá por delante.

Mateo 18,1-5.10. Sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.

Martes 3:
San Francisco de Borja (1510-1571), virrey de Cataluña, jesuita, prepósito general.

Job 3,1-3.11-17.20-23. ¿Porqué dio a luz un desgraciado?

Lucas 9,51-56. Tomó la decisión de ir a Jerusalén.

Miércoles 3:
San Francisco de Asís (1182-1226), convertido tras una juventud disipada abrazó la pobreza evangélica, teniendo muchos seguidores.

Job 9,1-12.14 -16. El hombre no es justo frente a Dios.

Lucas 9,57-62. Te seguiré adonde vayas.

Jueves 3:
Témporas de acción de gracias y de petición, que la comunidad cristiana ofrece a Dios terminadas las vacaciones, al reemprender la actividad habitual.

Deuteronomio 8,7-18. Dios te da la fuerza para crearte estas riquezas.

2 Corintios 5,17-21. Os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Mateo 7,7-11. Quien pide, recibe.

Viernes 3:
San Bruno (1035-1101), amante de la vida solitaria, fundador de los Cartujos.

Job 28.1.12-21; 40,3-5. ¿Has mandado la mañana o has entrado por los hontanares del mar?

Lucas 10, 13-16. Quien a mí me rechaza, rechaza al que me ha enviado

Sábado 3:
Nuestra Señora del Rosario, en memoria de la victoria de la batalla de Lepanto en 1571, atribuido a la intercesión de la Virgen.

Hechos 1,12-14. Se dedicaban a la oración , junto con María la madre de Jesús.


Lucas 1,26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.



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