Domingo de la 29ª semana de Tiempo Ordinario. – 22/10/2006

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Comentario Pastoral
SER PRINCIPAL EN LA IGLESIA

Poderse sentar a la derecha o a la izquierda del rey significa participar de su dignidad, estar vinculado a su poder o tener puesto singular en la jerarquía sucesoria. El protocolo y ceremonial aristocrático sabe mucho de este tema. Los apóstoles Santiago y Juan (nos lo narra el evangelio de este vigésimo noveno domingo) piden un lugar de privilegio en el reino de Dios; quieren ser tenidos en cuenta a la hora del reparto de las prebendas. Pero no saben lo que piden, pues tienen una idea y concepción falsa del Reino que instaura Jesús. Su osada demanda es ingenua y orgullosa. Cambiemos de escena y decoración. En el Calvario Jesús, cosido al trono de la cruz, tiene a su derecha y a su izquierda a dos malhechores. Él es “rey de los judíos” según reza la incripción. ¿Por qué están a su lado dos bandidos en vez de los dos discípulos que habían solicitado estos puestos? Es enormemente interpelante este momento supremo, en el que Cristo manifiesta su realeza salvífica. y de nuevo se oye una petición en el Calvario; la hace uno de los ladrones crucificados junto a Jesús: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. y esta súplica alcanza el primer lugar de privilegio en el Reino: “hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Muchas veces a los cristianos nos pasa como a Santiago y Juan. Tenemos idea falsa de cuál son los puestos principales en el Reino de Dios; seguimos pensando con categorías mundanas de poder y riqueza, en asientos de gloria pasajera. Por eso la réplica de Jesús a los apóstoles sigue siendo muy actual. “No sabéis lo que pedís”. El es rey sin corona de oro, pero coronado de espinas; su trono es un madero que sirve de patíbulo; y quiere que seamos capaces de beber el cáliz amargo del sufrimiento para estar junto a é1.
Hay que tener siempre bien presente que el códice y baremo por el que se miden y rigen la autoridad y los puestos principales en la Iglesia es diverso y auténtico al de la vida política, que se basa fundamentalmente en el dominio, la primacía y el disfrute de privilegios. Cualquier responsabilidad en el campo cristiano es, debe ser, servicio, humildad, alegría por el crecimiento del otro y el bien del prójimo. El gran signo de Jesús es entregar su vida hasta la muerte por amor a todos. Por eso el amor transforma el dolor en signo salvífico. El gran privilegio de los discípulos del crucificado es sufrir amando.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven
y lleguen al conocimiento de la verdad,
mira tu inmensa mies y envíale operarios,
para que sea predicado el Evangelio a toda criatura,
y tu grey, congregada por la palabra de vida
y sostenida por la fuerza de los sacramentos,
camine por las sendas de la salvación y del amor.


Oración por la evangelización de los pueblos


Palabra de Dios:

Isaías 53, 10-11

Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

Hebreos 4, 14-16

san Marcos 10, 35-45

Comprender la Palabra

Escuchamos hoy, en la Lectura del Evangelio, el episodio de los dos hermanos, Juan y Santiago, que ingenuamente pretenden “sentarse en la Gloria de Cristo uno a su derecha y otro a su izquierda”. Tan sorprendente petición causó la indignación de los otros discípulos. Pero todavía es más sorprendente. si tenemos en cuenta que inmediatamente antes Jesús había predicho, por tercera vez, su Pasión-Resurrección. Ante tal pretensión la respuesta de Jesús no podía ser otra: “No sabéis lo que pedís”. Probablemente tampoco sabían en aquel momento el alcance de la respuesta, que le dan a Jesús: “lo somos”, cuando Jesús a su vez les pregunta si “son capaces…” El alcance de la respuesta, que resueltamente le dieron a Jesús: “Lo somos”, lo, comprenderán sin duda después de la Resurrección del Señor, y también los demás discípulos. Santiago será el primero en “beber el cáliz” o, como añade San Marcos, en “bautizarse con el bautismo, con que Cristo fue bautizado”: la inmersión de Cristo en las “aguas” de su Pasión y Muerte para emerger de ellas en su Resurrección. A continuación Jesús explica a sus discípulos el sentido de su Propia Vida (contenido en la pregunta que a su vez les hace a los dos hermanos): “EI que quiera ser grande…primero…que sea vuestro servidor… esclavo de todos”. Y concluye con estas palabras definitivas: “El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos “. Con estas palabras resume el Señor el sentido de su Vida, de su Misión Mesiánica. Y el mejor comentario son las palabras del Poema del Servidor de Dios, que escuchamos en la 2ª Lectura; palabras, que el Señor realizó en su Vida, que fue, toda ella, Ofrenda al Padre y. por tanto, sacrificio. La Vida de Jesucristo, ofrecida y entregada, sacrificada, fue representativa de toda vida humana -“cargó con los crímenes de ellos”-; por eso, fue expiatoria, es decir, purificadora, justificadora -“justificará a muchos”-. “El que fue triturado con el sufrimiento” “verá y se hartará”, “lo que Dios quiere prosperará por sus manos”.

Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano

La Penitencia y Reconciliación


En orden a la aplicación de la Const. 35 se decreta:
Art, 19

1. Establézcanse en todas las parroquias e iglesias unos horarios para la celebración individual del sacramento de la Penitencia que resulten asequibles a los fieles.
2. Durante los horarios establecidos habrá siempre un confesor en la sede del sacramento de la Penitencia.
3. Estos horarios se anunciarán públicamente a los fieles y se comunicarán al Vicario Episcopal de zona.


Decreto

celebrar mejor


DOMUND 2006: La Caridad, alma de la Misión

La Jornada Misionera Mundial, que celebraremos el domingo 22 de octubre próximo, ofrece la oportunidad de reflexionar este año sobre el tema: “La caridad, alma de la misión “. La misión, si no es orientada por la caridad, es decir, si no nace de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a una mera actividad filantrópica y social. Efectivamente, el amor que Dios nutre por cada persona, constituye el núcleo de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y todos cuantos lo acogen se convierten a su vez en testigos. El amor de Dios que da vida al mundo es el amor que nos ha sido dado en Jesús, Palabra de salvación, icono perfecto de la misericordia del Padre celestial. Se podía sintetizar bien el mensaje de salvación con las palabras del evangelista Juan: “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él” (1 Jn 4,9). Después de su resurrección, Jesús confió a los discípulos el mandato de difundir el anuncio de este amor, y los Apóstoles, transformados interiormente por la fuerza del Espíritu Santo el día de Pentecostés, comenzaron a dar testimonio del Señor muerto y resucitado. Desde entonces, la Iglesia continúa esta misma misión, que constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable y permanente. Queridos hermanos y hermanas, que la Jornada Misionera Mundial sea ocasión propicia para comprender cada vez mejor que el testimonio del amor, alma de la misión, concierne a todos. Servir el Evangelio no puede considerarse como una aventura solitaria, sino el empeño que cada comunidad comparte. Junto con los que se encuentran en la primera línea de las fronteras de la evangelización -y pienso aquí con reconocimiento en los misioneros y las misioneras- otros muchos, niños, jóvenes y adultos, con la oración y su cooperación de maneras diferentes, contribuyen a la difusión del Reino de Dios en la tierra. El deseo es que esta coparticipación crezca cada vez más gracias a la aportación de todos.



Benedicto XVI

Para la Semana

Lunes 3:
San Juan de Capistrano (1386-1456), juez, franciscano, predicador por toda Europa.

Efesios 2,1-10. Nos ha hecho vivir con Cristo y nos ha sentado en el cielo con él.

Lucas 12,13-21. Lo que has acumulado, ¿de quién será’!

Martes 3:
San Antonio-María Claret (1807-1870), fundador de los Cordimarianos y Obispo de Cuba.

Efesios 2,12-22. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa.

Lucas 12,35-38. Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela.

Miércoles 3:

Efesios 3,2-12. El misterio de Cristo ha sido revelado ahora: que también los gentiles son coherederos de la promesa.

Lucas 12,39-48. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá. …

Jueves 3:

Efesios 3,14-21. Que el amor sea vuestra raíz y vuestro comienzo; así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud de Dios.

Lucas 12,49-53. No he venido a traer paz, sino división.

Viernes 3:

Efesios 4,1-6. Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo.

Lucas 12,54-59. Si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y de1 cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?

Sábado 3:
San Simón, apodado “el Zelotes”, y San Judas Tadeo, “e1 de Santiago”, apóstoles.

Efesios 2,19-22. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles.

Lucas 6,12-19. Escogió a doce de ellos, y los nombró apóstoles.



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