Domingo de la 2ª semana de Navidad. El Bautismo del Señor – 07/01/2007

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Comentario Pastoral
MEDITACIÓN SOBRE EL BAUTISMO

En el sacramento del Bautismo confluye todo el misterio de la vida: el pasado del pecado, el presente del hombre nuevo y la esperanza del mundo definitivo. El Bautismo es regeneración, vida nueva, nacimiento de lo alto, participación de la resurrección, revestimiento de Cristo, signo de la filiación divina, unción del Espíritu. Contemplado y definido así desde la teología se comprende su importancia y valor. Sin embargo, desde la realidad pastoral concreta, el Bautismo tiene aún ciertos matices de celebración sociológica. Se pide el Bautismo desde diversas instancias: la costumbre, la religiosidad, la tradición familiar. Aunque es verdad que actualmente el nacimiento de un niño y su Bautismo ya no están indisoluble y automáticamente unidos, como ocurría antes. Es creciente la toma de conciencia, por parte de todos, de la seriedad y exigencias que comporta este sacramento frontal, para que no sea un gesto estéril. A quienes abogan radicalmente por el retraso del Bautismo hasta la edad adulta, para que haya un compromiso personal, conviene recordarles algunas de las razones presentadas en el nuevo ritual promulgado como fruto de la reforma litúrgica del Vaticano II: los niños son bautizados no por su fe personal, sino en la fe de la Iglesia, proclamada por los padres, padrinos y la comunidad; la respuesta y conversión personal de los niños es exigencia posterior al Bautismo que necesita una educación progresiva en la fe eclesial. En este domingo celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Es oportuno recordar las exigencias de nuestro propio bautismo a la luz del Bautismo de Cristo, que fue manifestación de su filiación divina, comienzo de su misión pública, proclamación de una nueva fidelidad, un nuevo amor, y una nueva ley. Los bautizados debemos manifestar en toda circunstancia que somos hijos de Dios, ungidos con un espíritu nuevo, que vence toda cobardía y egoísmo. Porque estamos bautizados tenemos que vencer el miedo a profesar una auténtica conciencia bautismal en todas las circunstancias básicas y a recobrar actitudes fundamentales que han podido abandonarse a lo largo del camino de la vida. Tareas específicas del bautizado son: vivir las obras de la luz en medio de las tinieblas, luchar contra las estructuras de la injusticia, enfrentarse al pecado del mundo, buscar afanosamente la fraternidad universal, construir el futuro de una historia nueva.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
En el bautismo de Cristo en el Jordán
has realizado signos prodigiosos,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,
para manifestar el misterio del nuevo bautismo:
hiciste descender tu voz desde el cielo,
para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros;
y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús,
para qué los hombres reconociesen en él al Mesías,
enviado a anunciar la salvación a los pobres.


Prefacío del Bautísmo del Señor


Palabra de Dios:

Isaías 42, 1-4. 6-7

Sal 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10

Hechos de los apóstoles 10,34-38

San Lucas 3,15-16.21-22

Comprender la Palabra

Este Domingo. Fiesta del Bautismo del Señor; tiene dos caras: Es el Domingo IIIº y conclusivo del Tiempo de Navidad y es el Domingo 1º de la larga serie de los domingos. del Tiempo Ordinario del Año Cristiano.
Y decimos Domingo IIIº aunque este Año 2007 no ha habido Domingo IIº por no caer entre los días 1 de Enero (Solemnidad de Santa María) y 6 de Enero (Epifanía del Señor). En la Lectura del Evangelio escuchamos siempre el relato del Misterio-Rito del Bautismo del Señor. Al Bautismo del Señor se refieren veladamente las otras dos Lecturas. Así, en la 1ª Lectura, el mismo Dios por boca de Isaías, nos dice: “Mirad a mi Siervo, mi Elegido, a quien prefiero, sobre Él he puesto mi Espíritu”. Estas palabras evocan la Teofanía del Jordán: “Bajó sobre Jesús -el Hijo- el Espíritu Santo y se oyó una voz del cielo -el Padre-: Tú eres mi Hijo. el Amado, el Predilecto”.
Y en la 2ª Lectura, el Apóstol Pedro, en su alocución en casa de Cornelio, recuerda el Bautismo de Juan y se refiere a Jesús, “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” al salir del Jordán.
El Rito Bautismal. al que Jesús se somete. es pues Epifanía. Teofanía. Manifestación de Dios-Trinidad. En las Iglesias de Oriente, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, se lee, no el Relato de los Magos. sino el del Bautismo del Señor. Cae pues esta Fiesta dentro del ámbito de la Solemnidad de la Epifanía del Señor.
A partir del Bautismo en el Jordán comienza Jesús su real, prolongado, incesante, “Bautismo”, durante su Ministerio Mesiánico, que culmina en la “inmersión” en las “aguas” de su Pasión-Muerte-Sepultura para “emerger” de “ellas” por la Resurrección-Ascensión al cielo (“Se abrieron los cielos”). Quizá extrañe que el Evangelista San Lucas omita que Jesús fue bautizado por Juan Bautista. La omisión es deliberada. Inmediatamente antes de narrar el Bautismo de Jesús el Evangelista nos advierte que Herodes había encarcelado a Juan Bautista. San Lucas quiere poner de relieve que la función de Juan Bautista ha concluido con la inauguración del Ministerio Mesiánico de Jesús en su Bautismo en el Jordán.

Avelino Cayón


el Sínodo Diocesano


En orden a la aplicación de la Const. 47 se decreta:

Art.30
De modo peculiar, serán acogidas y acompañadas. las manifestaciones de religiosidad popular de los inmigrantes presentes en nuestra diócesis, que desean realizar actos de culto y procesiones con las imágenes sagradas y los símbolos propios con)os que expresan su fe en su país de origen.


Decreto

celebrar mejor


El Tiempo Ordinario

El domingo siguiente a la solemnidad de la Epifanía del Señor, dedicado a celebrar el Bautismo del Señor, es la culminación de todo el tiempo litúrgico de Navidad o de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al llamado “tiempo ordinario”. En estas treinta y cuatro semanas, interrumpidas por los tiempos de Cuaresma y de Pascua, no se celebra ningún aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino que se recuerda todo él en su plenitud, de manera especial los domingos. La primera parte comprende seis semanas y media, desde el lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, el 8 de enero, hasta la víspera del miércoles de ceniza, el 20 de febrero, inclusive. Se reanuda de nuevo al día siguiente del domingo de Pentecostés, e1 28 de mayo, en la octava semana.
El tiempo ordinario no es un “tiempo fuerte” como Adviento, Cuaresma o Pascua, pero es un tiempo importante para comprender y asimilar de un modo progresivo y profundo todo el misterio de Cristo y su obra de salvación. Sin él el año litúrgico se vería reducido a meros episodios aislados, en vez de impregnar toda la existencia cristiana de los fieles y de las comunidades.
La proclamación del evangelio adquiere en el tiempo ordinario un relieve mayor que en otros tiempos porque en ella Cristo se presenta dentro de su historia concreta sin otra finalidad que mostrarse a sí mismo en su vida terrena, reclamando de los cristianos la fe en la salvación que él fue realizando día tras día. Las palabras y los hechos de Jesús que se relatan en el Evangelio son considerados en la perspectiva de las promesas del Antiguo Testamento -1ª Lectura- y a la luz de la experiencia eclesial apostólica -2ª Lectura.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:


Hebreos 1,1-6. Dios nos ha hablado por el Hijo.

Marcos 1,14-20. Convertíos y creed en el Evangelio

Martes 3:
San Eulogio de Córdoba’ (+850), presbítero, escritor de la Iglesia mozárabe, decapitado.

Hebreos 2,5-12. Dios juzgó conveniente perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación.

Marcos 1,21-28. Enseñaba con autoridad.

Miércoles 3:

Hebreos 2,14-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos para ser compasivo.

Marcos 1,28-39. Curó a muchos enfermos de diversos males.

Jueves 3:

Hebreos 3,7-14. Animaos los unos a los otros mientras dure este “hoy”.

Marcos 1 ,40-45. La lepra se le quitó, y quedó limpio.

Viernes 3:


Hebreos 4,1-5.11. Empeñémonos en entrar en aquel descanso.

Marcos 2,1-12. El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.

Sábado 3:
San Hilario (+367), obispo de Poitiers, destacó por su doctrina, sufrió el destierro.

Hebreos 4,12-16. Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia.

Marcos 2,13-17. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.



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