Domingo de la 6ª semana de Tiempo Ordinario – 11/02/2007

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Comentario Pastoral
BIENAVENTURANZAS Y MALDICIONES

Las bienaventuranzas, la carta magna del Reino de Cristo, nos las sabemos, pero no vivimos según su espíritu. Tenemos miedo a las bienaventuranzas, las cambiamos, las du1cificamos, las ponemos adjetivos, porque escucharlas como salieron de los labios de Cristo, nos parece excesivamente duro.
Evidentemente que Cristo no quiere la pobreza, no quiere que todos estén llorando, no quiere que todos estén perseguidos, no quiere que todos padezcan hambre. Quiere lodo lo contrario: quiere la justicia, ]a fraternidad, la igualdad para que no haya gente que viva en la abundancia y gente que carece de todo.
Cristo quiere que todos seamos iguales, que aceptemos su Reino, Reino que nos comprometa a todos, que nos haga compartir las riquezas de los ricos y superar la pobreza de los pobres. Un Reino en el que no haya llantos ni risas estentóreas, sino que haya paz y alegría y comprensión y gusto por vivir. Un reino en el que nadie se erija como juez sino en servidor de su hermano; en el que no haya opresiones y víctimas injustas sino que todos nos amemos y trabajemos en una misma empresa y en una misma esperanza.
Este es el gran mensaje de Jesús, este es el espíritu de las bienaventuranzas; esta es nuestra conquista y nuestra meta.
Jesús nos quiere decir con esas cuatro maldiciones que en el evangelio de San Lucas apostilla a las bienaventuranzas, que no podemos poner la felicidad en las riquezas de este mundo; en las alegrías fáciles y efímeras, en la hartura de las cosas de aquí abajo; en la fama y en el incienso de nuestra sociedad.
Las bienaventuranzas hay que proclamadas en la asamblea, en el contexto religioso de la reunión de cristianos, para que nosotros refresquemos nuestras posturas y situaciones espirituales y materiales y veamos en qué debemos cambiar, y superar.
A todos nos tocan las bienaventuranzas y a todos nos tocan las maldiciones de Cristo. Todos tenemos que aceptarlo y asimilarlo; ver lo bueno y lo luminoso de nuestra vida y ver lo que necesitamos urgentemente superar y cambiar.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
La justicia de los fariseos se limita a no matar; la justicia de los destinados a entrar en el reino de los cielos ha de llegar a no estar peleado sin motivo. No matar es lo mínimo que puede pedirse, y quien no lo cumpla será el menos importante en el reino de los cielos. En cambio, el que cumpliere el precepto de no matar, no inmediatamente será tenido por grande e idóneo para el reino de los cielos, pero al menos sube un grado.
Llegará a la perfección, si no anda peleado sin motivo; y si esto cumple estará mucho más alejado del homicidio. En consecuencia, quien nos enseña a no andar peleados, no deroga la ley de no matar, sino que le da plenitud, de suerte que conservemos la inocencia; en el exterior, no matando; en el corazón, no irritándonos.


San Cromacio de Aquileya. Sermón 39


Palabra de Dios:

Jeremías 17, 5-8

Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6

Corintios 15, 12. 16-20

San Lucas 6, 17. 20-26

Comprender la Palabra

En la lectura semicontinua, que estamos haciendo, del Evangelio según San Lucas, después del Milagro de la Pesca abundante, que escuchábamos el domingo pasado, se pasan por alto diversos milagros, que escuchamos según la versión de San Marcos (ciclo B) y entramos en el así llamado sermón del llano (equiparable al Sermón de la montaña, según San Mateo): “Se paró Jesús en un llano… y levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:…”.
También San Lucas, como San Mateo, comienza la recopilación de enseñanzas de Jesús con un conjunto de Bienaventuranzas – “Dichosos..,”- Y como en las Bienaventuranzas según San Mateo, también en las que hoy escuchamos según San Lucas, la Primera es la más importante: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”.
San Mateo, como es sabido, aclara la noción de “pobre”, añadiendo “…en el espíritu”; es decir, los pobres, que han decidido serlo, los desprendidos por amor (difícilmente sería por otro motivo). Sin duda esta es también la intención de San Lucas. No son dichosos los meros pobres, es decir, los que, careciendo de bienes, ponen su corazón en ellos o ansían insaciablemente poseer más y más o aguardan el momento de la revancha. Consecuentemente tampoco son censurables “los ricos” desprendidos, que ponen sus riquezas al servicio de los necesitados. Como iremos viendo en domingos sucesivos, San Lucas es muy sensible a la enseñanza de Jesucristo sobre el necesario desprendimiento para la realización del hombre según el proyecto (reino) de Dios.
Las Bienaventuranzas del Señor en el Evangelio se corresponden con la Bienaventuranza, que el Profeta Jeremías pone en boca del mismo Dios (la Lectura): “Bendito (dichoso) quien confía en el Señor; será un árbol, plantado junto al agua… no deja de dar fruto”. Por el contrario “Maldito quien confía en el hombre (en sí mismo, en sus riquezas) será como un cardo en la estepa”, En el mismo sentido abunda el Salmo, que comenta liberalmente la Lectura. La 1ª Lectura y el Salmo nos dan la clave del necesario desprendimiento para alcanzar la felicidad y que no es otra sino “la confianza en el Señor”.

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Posturas corporales


En la celebración litúrgica expresamos nuestros sentimientos ante Dios y ]a comunidad, además de con palabras y gestos, también con el lenguaje de ]as posturas corporales. No es indiferente en qué postura asistimos a una acción o decimos una oración o realizamos un gesto simbólico religioso: por ejemplo ]a escucha de la palabra de Dios o del evangelio, la consagración de la misa, el momento de comulgar o de recibir la bendición.
“El gesto y la postura corporal, tanto del sacerdote, del diácono y de los ministros, como del pueblo, deben contribuir a que toda la celebración resplandezca por su decoro y noble sencillez, de manera que puedan percibirse el verdadero y pleno significado de sus diversas partes y se favorezca la participación de todos… La postura corporal que han de observar todos los que toman parte en ]a celebración, es un signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana congregados para celebrar la sagrada Liturgia, ya que expresa y fomenta al mismo tiempo la unanimidad de todos los participantes” (OGMR 42).
La postura de pie fue tradicionalmente la postura normal de la oración comunitaria, como postura del hombre libre delante del monarca. La postura de sentados indica recogimiento, receptividad, contemplación; es la postura del discípulo ante el maestro; facilita la meditación de la palabra de Dios. La postura de rodillas es signo de penitencia, dolor y humildad, es la que mejor expresa la adoración.

al ritmo de la semana


San Cirilo, monje y San Metodio, obispo, patronos de Europa – 14 de febrero

Los santos Cirilo y Metodio son importantes para Europa, porque están en las raíces de la fe cristiana de los países del Este, en el siglo IX. Así corno Pablo VI en 1964 había nombrado patrono de Europa a San Benito, abad, Juan Pablo II, en 1980, nombró copatronos a los santos orientales Cirilo y Metodio. Así la vieja Europa goza del patrocinio de tres santos, uno occidental y dos orientales, que le recuerdan sus respectivas raíces cristianas.
Cirilo y Metodio, eran hermanos y habían nacido en Tesalónica, Grecia. Se llamaban Constantino y Miguel, pero luego se les conoció por los nombres que adoptaron al entrar en el estado monacal. Después de recibir una formación muy completa, ambos fueron enviados por la Iglesia bizantina a predicar la fe en tierras eslavas, actualmente Hungría, Repúblicas Checa y Eslovaca, Rusia, Bulgaria,…
En su apostolado se adaptaron a la cultura de esos pueblos. Tradujeron los textos litúrgicos a la lengua eslava. Inventaron la escritura llamada “cirílica” y que sigue siendo la propia de los pueblos eslavos.
Cirilo murió en Roma el año 869, a los 42 años de edad. Metodio, nombrado obispo, volvió a su ministerio, como legado del Papa para esas naciones del Este, en medio de no pocas dificultades, hasta su muerte el año 885.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Génesis 4,1-15.25. Caín atacó a su hermano Abel y lo mató.

Marcos 9,1-13. ¿Por qué esta generación reclama un signo?

Martes 3:

Génesis 6,5-8;7,1-5.10. Borraré de la superficie de ]a tierra al hombre que he creado.

Marcos 8,14-21. Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.

Miércoles 3:
San Cirilo, monje, y San Metodio, obispo (s. IX), infatigables predicadores del Evangelio, copatronos de Europa.

Hechos 13,46-49. Sabed que nos dedicamos a los gentiles.

Lucas 10,1-9. La mies es abundante y los obreros pocos.

Jueves 3:

Génesis 9,1-13. Pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra.

Marcos 8,27-33. Tú eres el Mesías. El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho.

Viernes 3:

Génesis 11,1-9. Vaya bajar y a confundir su lengua.

Marcos 8,34-9,1. El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará

Sábado 3:
Los siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de la Virgen María (s. XIV), monjes, predicadores, grandes devotos de la Virgen María.

Hebreos 11,1-7. Por la fe sabemos que la palabra de Dios configuró el universo.

Marcos 9,2-13. Se transfiguró delante de ellos.



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