Domingo de la 2ª semana de Pascua – 15/04/2007

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Comentario Pastoral
LA FE EN EL RESUCITADO

Este domingo, que cierra la octava de Pascua, suele llamarse “in albis”, es decir, de las vestiduras blancas que habían llevado los nuevos bautizados durante toda la semana.
Todos, cristianos de ayer o desde hace mucho tiempo, somos de alguna manera “recién nacidos”, tenemos la necesidad de comprender mejor” que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido”, como reza la Oración colecta de la Misa.
El relato de la aparición de Cristo a los diez apóstoles y luego a Santo Tomás, muestra aquí su luz y su certeza, a la vez que expresa por boca del mismo Tomás la fe de todas las generaciones cristianas: “Señor mío y Dios mío”. Debemos pensar que los cristianos muchas veces, como los Apóstoles, estamos encerrados por el miedo a los hombres y unidos por la muerte. Es necesario que venga y se aparezca Cristo, que abra puertas y ventanas, para que salgamos a testimoniar la fe pascual, a proclamar que con la resurrección el futuro se ha hecho presente. Este futuro nuestro es cuestión de fe, no de evidencia. Por eso es necesario superar un concepto táctil y comprobador de tener que meter las manos para estar seguros de lo que creemos.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristo, nuestra Pascua ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna,
los creyentes atraviesan los umbrales del reino de los cielos;
porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida
y en su resurrección hemos resucitado todos.


Prefacio pascual II


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 5, 12-16

Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27a

Apocalipsis 1, 9-1 la. 12-13. 17-19

San Juan 20, 19-31

Comprender la Palabra

Los Domingos del Tiempo Pascual son los más relevantes del Año Cristiano. El Misal Romano, en su Introducción nos dice que “los cincuenta días del Tiempo Pascual -y con mayor razón los Domingos- deben ser celebrados como si fueran un solo día festivo; más aún, como un gran Domingo”.
El Domingo II de Pascua es el último -el Octavo- de la Octava Solemne de Pascua. Los Ocho Días de la Octava son pues prolongación del Domingo Primero de Pascua, el Domingo primordial.
La Lectura del Evangelio -en los tres ciclos la misma- recoge dos Apariciones del Señor: la acaecida el Domingo de Pascua, el Día de la Resurrección del Señor (“al atardecer de aquel Día, el día primero de la semana… Ir) y la del Domingo siguiente, es decir, Hoy (“…A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos… “).
Es voluntad manifiesta del Señor que el Día Primero de la semana el Día de su Resurrección, sea el Día de la Reunión cristiana, en la que El se nos hace presente misteriosamente en su Palabra y en el Símbolo Sacramental de la Eucaristía. Enseguida la iglesia naciente designará este Día (el Día del Sol) “dies dominicus” = domingo = Día del Señor.
Así lo denomina el Apóstol Evangelista Juan –“un Domingo caí en éxtasis…” al describirnos la Aparición del Señor al comienzo de sus visiones apocalípticas, reveladoras, del Designio de Dios en el curso de la Historia (2ª Lectura). Del Libro del Apocalipsis escuchamos este wl0, los domingos de Pascua, párrafos sobresalientes.
En la 1ª Lectura escuchamos también este año (ciclo C), el tercero de los tres sumarios, resúmenes, que el Evangelista San Lucas nos hace de la vida de la Primera Comunidad Cristiana en Jerusalén, considerada la Iglesia Madre, modelo, ejemplo. Destaca en el Resumen la asiduidad a la Oración (la Liturgia de la Oración de las Horas). En el fondo de los Resúmenes está latente la pujanza, la novedad, de la Iglesia, que tiene su origen en el Misterio Pascual de Cristo Resucitado.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

El cirio pascual


El cirio pascual es desde los primeros siglos uno de los símbolos más expresivos del tiempo pascua!. En la Vigilia. en medio de la oscuridad, “del nuevo fuego se enciende el cirio pascual”, que tiene la inscripción en forma de cruz de la fecha del año, y de las dos primeras letras del alfabeto griego, alfa y omega, para indicar que la Pascua de Cristo, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos envuelve con fuerza siempre nueva en el año concreto en que vivimos.

Precedidos del cirio, sacerdotes y fieles entran en la iglesia. mientras se cama por tres veces la aclamación “Luz de Cristo. Demos gracias a Dios”, y progresivamente se van encendiendo de la llama del cirio pascual los cirios de los presentes, y las luces de la iglesia. En tomo al cirio, colocado sobre un soporte. y después de incensario, se proclama el solemne pregón pascua!.

Además del simbolismo de la luz. tiene también el de la ofrenda. como cera que se consume en honor de Dios, esparciendo su luz. “En esta noche de gracia, acepta. Padre santo, este sacrificio de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros. en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas…Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo”.
El cirio estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual aliado del ambón de la Palabra. hasta la tarde del domingo de Pentecostés. En la celebración del Bautismo debe estar encendido. para prender en él el cirio de los nuevos bautizados.





celebrar mejor


La Cincuentena Pascual

“Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo. Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya”. Los domingos de este tiempo han de ser considerados y 1lamados como “domingos de Pascua” y tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor y cualquier solemnidad.
Los cincuenta días de Pascua se caracterizan por la ausencia de elementos penitenciales y ]a acentuación de los festivos. La música, el canto, las vestiduras, las flores, las lecturas y demás textos litúrgicos están orientados a expresar los sentimientos de júbilo y alegría. Se repite constantemente “Aleluya”, que se inauguró en la Vigilia Pascual, como el heraldo de la buena noticia de la resurrección. Esta palabra, de origen hebreo, significa “alabanza de Dios” y se ha heredado del Antiguo Testamento. Es difícil traducirla exactamente. Expresa a la vez un sentimiento de alabanza y de gozo. El ideal sería cantar siempre el Aleluya. El cirio pascual, colocado junto al ambón y el altar, bien visible, se enciende en todas las celebraciones litúrgicas de este tiempo. La aspersión con el agua bendita, recuerdo del bautismo, sustituye al acto penitencial, y es propio sobre todo de esta cincuentena. Otros elementos propios son: el canto de Gloria, la bendición solemne al final de la Misa…
Dos libros del Nuevo Testamento tienen la preponderancia durante la cincuentena pascual: los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de San Juan. El primero sustituye en la primera lectura de la Misa al Antiguo Testamento. Muestra a 10 largo de los siete domingos en el ciclo de los tres años, de una manera progresiva y paralela, diversas facetas de la vida y del testimonio de la iglesia primitiva. La Iglesia ha visto siempre una afinidad particular del evangelio de san Juan con el tiempo pascual: profundizar mejor el misterio de Cristo. Ve el desarrollo de la vida de Jesús a la luz de la gloria de la Pascua.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 4,23-31. Al terminar la oración, los llenó a todos el Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la palabra de Dios.

Juan 3,1-8. El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.

Martes 3:

Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.

Juan 3,5a.7b-15. Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Miércoles 3:


Hechos 5,17 -26. Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.

Juan 3,16.21. Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él.

Jueves 3:

Hechos 5,27-33. Testigo de esto somos nosotras y el Espíritu Santo.

Juan 3,31-36. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.


Viernes 3:



Hechos 5,34~42. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Juan 6,1-15. Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.

Sábado 3:
San Anselmo (1033-1109), benedictino, obispo de Cantorbery (Inglaterra), teólogo insigne.

Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.

Juan 3,5a.7b-15. Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.



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