ITE MISSA EST.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Gén 27, 1-5. 15-29 Sal 134, 1-2. 3-4. 5-6 Mt 9, 14-17

Parece que hoy se publicará el ‘Motu Proprio’ del Papa Benedicto XVI sobre la celebración de la Misa según el misal promulgado por el Papa Juan XXIII en 1962. En los titulares de los periódicos escriben: “Vuelve la Misa en latín,” pero lo cierto es que el Misal de mi parroquia –que es de última generación (como la PSP, de última edición quiero decir), tiene el ordinario de la Misa en Latín -y los prefacios y demás-, al final. Luego no vuelve la Misa en latín (no vuelve lo que ya estaba), sino el rito del Misal de 1962. Ese ya no lo he conocido yo, no estaba yo en este mundo todavía. Me ha hecho gracia leer en algún artículo decir que la Misa del Misal de 1962 “fue cayendo en desuso.” Por lo que sé, por los curas mayores y por mis padres, fue casi proscrita de golpe, desapareciendo misales y misalitos. Me imagino que será como ahora el lavabo. En el Misal sigue poniendo (y cito): “Luego el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos diciendo en secreto: Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.” En muchísimas parroquias y conventos si preguntas si hay lavabo te mandan al W.C. No es que haya caído en desuso, es que no se leen las rúbricas ni de casualidad. No deja de tener su lado gracioso, en algunos sitios si celebras como dice el Misal te toman por un sacerdote “creativo,” pues hace años que no ven celebrar bien. El primer día que dije en mi parroquia la plegaria eucarística primera casi me llaman la atención por “moderno” pues durante veinte años sólo se había usado la plegaria segunda (la más cortita que ya hacemos bastante larga la homilía). Habrá que leer el Motu Proprio, aunque mi ignorancia de latines creo que me impedirán celebrar esa Misa, o me animará a estudiar algo. Pero bueno, se quejan y ponen la voz en grito en el cielo sobre todo los que no van a Misa. En mi barrio me han dicho alguna vez: “¿Qué quiere poner el Papa la Misa en latín? ¿Es que no quiere que vaya nadie, o qué?” Y le he tenido que responder: “Cacho desgraciaó (así, sin “d”), tú no vas a Misa ni en Latín, ni en español ni en austrohúngaro con subtítulos.” Pero la cosa es opinar, y si es contra la Iglesia, mejor.

Por fin llegamos al Evangelio: “Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.” A veces se ha pensado que el Concilio Vaticano II ha sido una renovación completa de la fe de la Iglesia y que todo lo anterior no valía ya para nada, había que hacerlo todo nuevo: la liturgia, la teología, la fe, ,la vida cristiana, el lenguaje, la oración, … y es verdad que había que reformar muchas cosas, pero la novedad de la Iglesia no es concilio, es Cristo. Tristemente nos han querido dar muchas veces “gato por liebre” y engañarnos como Jacob a Isaac para negar la fe de la Iglesia y al mismo Jesucristo bajo el título de ser doctrina “postconciliar.” Yo nací cuando ya se había acabado el Concilio Vaticano II y no creo que todas las generaciones anteriores a mí fuesen malas o tontas (no sé que es peor). En la Santa Misa se hace Cristo presente, sea el latín o en bereber, y será a Él a quien celebremos y por eso hay que celebrarla bien, según la Iglesia, con cariño y respeto, sabiendo que nos acercamos a un Misterio que es mucho más grande que nosotros y que nos lleva a la adoración, del que somos administradores. Quien vaya a Misa para oír latín o para escuchar una soflama política, mejor que se compre unas entradas para el circo. Pero si en latín, en checo o chino mandarín recibimos a Cristo, cambiamos nuestra vida y estamos dispuestos a cambiar el mundo, ¡bendito sea Dios!.

Nuestra Madre la Virgen está presente en cada Eucaristía, al lado del sacerdote y del que comulga, junto a su Hijo. Pidámosle a ella que nos ayude a querer cada vez más la Misa, a ser cada día odres nuevos para recibir el vino –siempre nuevo-, del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Ite Missa est. ¡Viva San Fermín!

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