Domingo de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. – 25/11/2007

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Comentario Pastoral
EL REY DEL UNIVERSO

Con este domingo y la semana que de él depende se concluye el largo Tiempo Ordinario y se clausura el Año Litúrgico. Hoy se nos presenta la grandiosa visión de Jesucristo Rey del Universo; su triunfo es el triunfo final de la Creación. Cristo es a un mismo tiempo la clave de bóveda y la piedra angular del mundo creado.
La inscripción colocada sobre el madero de la Cruz decía: “Jesús de Nazaret es el Rey de los judíos”. Esta inscripción es completada por San Pablo cuando afirma que Jesús es “imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura, Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia, reconciliador de todos los seres”. Parece paradógico que los cristianos nos gloriemos en proclamar Rey a quien muere en la debilidad aparente de la Cruz, que desde este momento se transforma en fuerza y poder salvador. Lo que era patíbulo e instrumento de muerte se convierte en triunfo y causa de vida. ‘.
No deja de ser sorprendente volver a leer en este domingo, para celebrar el reinado universal de Cristo, el diálogo entre Jesús y el malhechor que cumpliendo su condena estaba crucificado junto a él. Ante el Rey que agoniza entre la indiferencia de las autoridades y el desprecio del pueblo que asiste al espectáculo del Calvario, suena estremecida la súplica del “buen ladrón”, que confiesa su fe y pide: “acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.

El Reino nuevo de Cristo, que es necesario instaurar todos los días, revela la grandeza y el destino del hombre, que tiene final feliz en el paraíso. Es un Reino de misericordia para un mundo cada vez más inmisericorde, y de amor hacia todos los hombres por encima de ópticas particularistas. Es el Reino que merece la pena desear. Clavados en la cruz de la fidelidad al Evangelio se puede entender la libertad que brota del amor y se hace realidad “hoy mismo”.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo
a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría,
para que ofreciéndose a si mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, entregara a su majestad infinita un reino eterno y universal:
el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia,
el reino de la justicia, el amor y la paz.


Prefacio


Palabra de Dios:

Samuel 5, 1-3

Sal 121, 1-2. 4-5

San Pablo a los Colosenses 1, 12-20

San Lucas 23, 35-43

Comprender la Palabra

Con esta celebración -Solemnidad de Cristo Rey- instituida por el Papa Pío XI para conjurar el peligro del Laicismo sobre todo en el Mundo Occidental, concluimos la serie de los domingos del Tiempo Ordinario del Año Cristiano.

En la Lectura del Evangelio escuchamos un fragmento del Relato de la Pasión según San Lucas, de quien hemos venido escuchando preferentemente durante este año (ciclo C).

“Jesús Nazareno, Rey de los judíos” es el titulo, que figura en el ápice del madero de la cruz. El título, expresión burlesca y despectiva, en una relectura cristiana, en el contexto de la celebración, es confesión de fe. El es ciertamente el Rey de los judíos y de todas las gentes (“la salvación viene de los Judíos” -le dice el Señor a la Samaritana-).

El es Rey, descendiente de David Rey; cuya unción real se nos describe en la 1ª Lectura. David, ungido Rey, es anuncio profético de Jesús Mesías=Cristo=Ungido=untado, penetrado por la fuerza vitalizadora del Espíritu Santo (el aceite penetra, vitaliza).

Las burlas de “las autoridades”, de “los soldados”, del “malhechor”, crucificado a su lado: “Si eres el rey de los judíos, sálvate a tí mismo y a nosotros”, en una relectura cristiana, en el contexto de la celebración. son También Plegaria: Plegaria de acción de gracias y de súplica. Ciertamente El es el Mesías de Dios, Rey; El que tomó la regia decisión de “no bajar de la cruz”, apurando la muerte para superarla. y así se ha salvado a Si mismo y nos ha salvado a todos con El, recuperando la Vida entregada. Su Resurrección es nuestra resurrección. El malhechor arrepentido, crucificado a su lado “Acuérdate de mí, cuando llegues a tu reino”) es la garantía. la primicia, de que nos ha salvado a nosotrosjul1to con El. (“Hoy estarás conmigo en el paraíso ”).

El Señor Jesús, que confesó solemnemente ser Rey, ha ejercido su oficio real en el servicio amoroso hasta la Crucifixión. Por tanto es digno de nuestro reconocimiento y de nuestra alabanza, expresados en el Himno, que el Apóstol San Pablo recoge al comienzo de su Carta (2ª Lectura).

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Preparando el Adviento: Bendición de la Corona


En muchas iglesias y hogares se ha introducido la costumbre de la corona de Adviento, formada por ramas y cuatro cirios que se van encendiendo uno tras otro en los sucesivos domingos. La “Corona de Adviento” o “Corona de luces de Adviento” es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a 1a Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya el significado religioso. En el “Bendicional”, en la tercera parte, donde se encuentran las bendiciones de las cosas que en las iglesias se destinan al uso litúrgico o a las prácticas de devoción, está la bendición de la corona de Adviento (cf. capítulo XXXVII, pág. 553, nn. 1235-1242).

En una monición introductoria se explica el sentido de la corona de Adviento. “Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues. un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida. El encender, semana tras semana. los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad”.

En la oración que sigue se pide que aquel” que por ser luz del mundo ilumina las oscuridades nos ilumine a nosotros. “La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado. Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la adorna con luces. Ahora, pues. que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser luz del mundo, iluminará todas las oscuridades”.


J.L.O.



celebrar mejor


Jesucristo, Rey del Universo

Pío XI, haciéndose eco de múltiples peticiones procedentes de toda cristiandad, instituyó la fiesta de Cristo Rey ell1 de diciembre de 1925, con la encíclica “Quas primas”. Dos fueron las motivaciones: hacer frente al creciente laicismo del mundo moderno y promover un nuevo orden social. En la mente del Papa una fiesta específica de la realeza de Cristo sería mucho más eficaz para la formación del pueblo cristiano que un documento magisterial, y ayudaría mejor a frenar ese laicismo y a crear un orden social más humano. La Misa y el Oficio que se compusieron para esta fiesta son una proclamación de la realeza universal de Cristo. Dispuso el Papa que se celebrara el último domingo de octubre, próxima a la solemnidad de Todos los Santos, y era corno el coronamiento de todos los misterios de Cristo, y corno la anticipación en el tiempo de la realeza eterna que ejerce sobre los elegidos en el cielo.

La liturgia siempre ha tenido presente a Cristo corno Señor y muchos textos de Adviento, Navidad, Epifanía, Pascua…expresan con vigor la realeza de Jesucristo. Por eso algunos liturgistas no vieron bien la creación de una fiesta específica para celebrar esta realeza.

La liturgia renovada del Vaticano II ha mantenido la fiesta, denominándola “Jesucristo, Rey del Universo”, y celebrándola el último domingo del año litúrgico, como su remate y coronamiento. Los textos contemplan la realeza de Cristo en una perspectiva distinta: no es el laicismo moderno la idea dominante, sino el reinado de Jesucristo en sí mismo. Después de la primera parte de la oración colecta idéntica: “Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado”, antiguamente se pedía: “dígnate conceder a todos los pueblos, desunidos por la herida del pecado, un sometimiento total a la dulce autoridad de su reino”, en cambio, ahora: “haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin”.



José Luis Otaño

Para la Semana

Lunes 3:


Daniel 1,1-6.8-20. No se encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azadas.

Lucas 21,1-4. Vio una viuda pobre que echaba dos reales.

Martes 3:



Daniel 2,31-45. Dios suscitará un reino que nunca será destruido, sino que acabará con todos los demás reinos.

Lucas 21,5-11. No quedará piedra sobre piedra.

Miércoles 3:


Daniel 5,1-6.13-14.16-17.23-28. Aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo.

Lucas 21,12-19. Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.

Jueves 3:

Daniel 6,12-28. Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones.

Lucas 21,20,28. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue la hora.

Viernes 3:
San Andrés, apóstol, hermano de san Pedro. Fiesta de gran veneración en Oriente y Occidente.

Romanos 10,9-18. La fe nace del mensaje y el mensaje consiste en hablar de Cristo.

Mateo 4,18-22. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Sábado 3:

Daniel 7,15-27. El poder real y el dominio será entregado al pueblo de los santos del Altísimo.

Lucas 21,34-36. Estad siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir.



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