Domingo de la 4ª semana de Adviento – 23/12/2007

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Comentario Pastoral
LA ESPERA DE MARÍA Y LA CONFIANZA DE JOSÉ

María y José son la primera pequeña Iglesia, que da a luz el primer hijo del Reino de los cielos. Por eso, en este cuarto domingo de Adviento, cuando casi tocamos ya la Navidad, la liturgia hace que volvamos hacia ellos los ojos, para entender su misterio y protagonismo.

Maria, la Virgen, está en la cima de la expectación. Nadie ha vivido un Adviento de nueve meses como ella. Porque era sencilla como la luz, clara como el agua, pura como la nieve y dócil como una esclava, concibió en su seno a la Palabra. Cuando nada parece haber cambiado por las colinas de Galilea, María sabe que ha cambiado todo, que Jesús viene. Es la joven madre que aprende a amar a su hijo sintiéndolo crecer dentro de sí. Lleva a Jesús para darlo al mundo, que lo sigue esperando sin saberlo, porque la mayor parte de los hombres no le conocen todavía. En el amor de la Madre se manifiesta la ternura humana del Hijo. Solamente se puede especial a Jesús cerca de María, Jesús está ya donde está ella. Para celebrar la Navidad, hay que agruparse alrededor de la Virgen. Ella, que no tenia recovecos ni transfondos oscuros de pecado, porque era inmaculada, callada y silenciosamente siempre nos entrega al Hijo.

José, es el hombre bueno, que se encuentra ante el misterio, No le fue Fácil aceptar la Navidad, que ni sospechaba ni entendía en un principio. Como hombre sintió un primer momento pavor ante las obras maravillosas de Dios, que desconciertan los cálculos y el modo de pensar humano. En su Adviento particular tuvo que superar la prueba de la confianza en su esposa, para convertirse en el modelo perfecto de confianza. ¡Qué difícil es aceptar la obra del Espíritu Santo! Solamente desde una fe honda se puede asimilar el desconcierto que muchas veces provoca la acogida de la voluntad de Dios. ¡Cuánta confianza en Dios hay que tener para aceptar al hijo que uno no ha engendrado! Y cuando se acepta, viene la sorpresa de la salvación y “Dios está con nosotros”. Estamos llenos de reparos contra todo lo que no está programado o hecho por nosotros, y por eso nos negamos casi radicalmente a confiar en los demás.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos por el misterio de la Virgen Madre. Porque, si de¡ antiguo adversario nos vino la ruina,
en el seno virginal de la hija de Sion ha germinado aquel
que nos nutre con el pan de los ángeles,
y ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz.
La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María.
En ella, madre de todos los hombres,
la maternidad, redimida del pecado y de la muerte, se abre al don de una vida nueva.
Así, donde había crecido el pecado se ha desbordado tu misericordia
en Cristo nuestro Salvador.


Prefacio IV Adviento


Palabra de Dios:

Isaías 7,10-14

Sal 23, 1–2 3-4ab. 5-6

San Pablo a los Romanos 1, 1-7

San Mateo 1, 18-24

Comprender la Palabra

Este último Domingo de Adviento las lecturas bíblicas, a diferencia de las de los tres Domingos precedentes, centran nuestra atención, no en la Venida Gloriosa del Señor al final de los tiempos, sino en la Primera Venida: la Encarnación del Hijo de Dios y su Nacimiento, que vamos a celebrar-conmemorar en la próxima Solemnidad de la Navidad.

En la Lectura del Evangelio, según San Mateo -de quien este año (cielo A) se leerá -preferentemente- escuchamos la revelación a San José del Misterio del Mesías Cristo: ‘7a Criatura, que hay en ella (en María) ha sido concebida y nacerá virginalmente; “viene del Espíritu Santo”, y él, José, le impondrá el nombre de Jesús: nombre, que significa lo que va a ser, lo que va a hacer: salvar al hombre de sus pecados. Sólo Enmanuel, Dios-con-nosotros, puede salvar al hombre del mal-raíz de todos los males: el pecado.

El Apóstol San Pablo nos presenta, al comienzo de su Carta (2ª Lectura) a Jesucristo, cuya Natividad nos disponemos a celebrar. El Nacido, según la carne, de la effirpe de David, no es sino el que ha sido constituido (declarado, manifestado, solemnemente) Hijo de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, con pleno poder por su resurrección de la muerte. El Misterio de la Encarnación-Navidad está en función del Misterio Pascual: El que descendió, El solo, no asciende sin nosotros.

La Pr9fecía de Isaías al rey Acab – “la doncella está encinta y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel”- tiene largo alcance. El Profeta está pensando probablemente en el inmediato futuro rey Ecequías, sucesor de Acab. Pero la revelación de Dios sobre el futuro Mesías va progresando, en una relectura posterior “doncella” se traduce por “virgen”. Y Dios mismo atestigua, en el Evangelio según San Mateo, que ‘7a virgen ” es María, y Jesús, Dios-con-nosotros (Enmanuel), el concebido y dado a luz virginalmente.

Solemnidad de la Navidad del Señor

La Solemnidad de la Navidad del Señor tiene cuatro conjuntos de lecturas bíblicas, según los diversos momentos. La lectura principal, por supuesto, es la del Evangelio.

En la Misa de la Víspera escuchamos el Anuncio del Misterio de la Encarnación y la breve noticia del Nacimiento, según San Mateo. San Mateo pone de relieve la figura de San José en los relatos de la Infancia de Jesús, como podemos verificarlo este año (ciclo A).

Al Relato de la Concepción y Nacimiento virginales de Jesús precede la Genealogía de
Jesús. Jesús hunde sus raíces en el Pueblo Judío; y también en otros pueblos; algunos ascendientes de Jesús no son judíos.

En la Misa de Medianoche escuchamos el Relato del Nacimiento de Jesús, según San Lucas. Y en la Misa de la Aurora, el Relato de la llegada de los pastores, que han recibido la Buena Noticia del Nacimiento del Señor, también según San Lucas.

En la Misa del Día escuchamos el Poema-Prólogo del Evangelio según San Juan, en el que se nos revela en profundidad el Misterio de la Encarnación: El que es la Palabra de Dios vino a los suyos desde el seno del Padre y, hecho carne, acampó entre nosotros, para que, recibiendolo en la fe, podamos llegar a ser hijos de Dios.


Avelino Cayón


al ritmo de la semana


La Natividad del Señor – 25 diciembre

E1 sábado celebramos la solemnidad de la Natividad del Señor. Un día cargado de densidad espiritual y teológica. Cuatro convocatorias para celebrar la Eucaristía: la víspera -misa de la vigilia, a medianoche, el alba y en el día. Es como si la Iglesia quisiera estar continuamente contemplando el misterio. Ya de víspera se nos dispone los ánimos para la celebración: ‘ ‘ jy vais a saber que el Señor vendrá y nos salvará, y mañana contemplaréis su gloria. La comunidad cristiana se alegra porque ha terminado la larga espera de la humanidad. El Mesías nacerá de María, la virgen desposada con José.

El momento culminante de la celebración de medianoche lo ocupa el anuncio del ángel: “Os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador- el Mesías, el Señor …”Y en este anuncio feliz se revela la gloria del Señor, que envuelve con su cla-ridad no solo a los pastores, los primeros en oír la buena noticia, sino a todos los creyen-tes que en esa noche velan para recibir al Rey y Señor.

La misa del alba está impregnada de la alegría de los pastores y de la dicha silenciosa de María, “que conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

Navidad no es un día cualquiera, una fiesta más: “Nos ha amanecido un día sagrado; venid, naciones adorad al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra”. Ese niño recién nacido es “la Palabra que ya existía en el principio, que estaba junto a Dios y era Dios… y vida… y luz de los hombres… que se hizo carne y acampó entre nosotros”. La venida del ‘Hijo por medio del cual Dios ha ido realizando las edades del mundo … el reflejo de su gloria, impronta de su ser”, trae consigo la salvación de Dios, que llegará a todos los confines de la tierra.

La encarnación del Hijo de Dios ha sido un maravilloso intercambio, en el que “el hombre ofreció a Dios la naturaleza humana que él creará y que el pecado dañó, para recibir, en Cristo, la participación en la divinidad”.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:


2 Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16. El reino de David durará para siempre en la presencia del Señor.

Lucas 1,67-79. Nos visitará el Sol que nace de lo alto.

Martes 3:

La Natividad del Señor. Dios se hace carne. Dios con nosotros.

Medianoche:

Isaías 9,1-3.5-6. Un hijo se nos ha dado.

Tito 2,11-14. Ha aparecido la gracia de Dios para todos los hombres.

Lucas 2,1-14. Hoyos ha nacido un salvador.

Día:

Isaías 52,7-10. Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios.

Hebreos 1,1.6. Dios nos ha hablado por su hijo.

Juan 1,1.18. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Miércoles 3:

San Esteban, protomártir.

Hechos 6,8-10; 7,54-60. Veo el cielo abierto.

Mateo 10,17.22. Nos seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.

Jueves 3:

San Juan, apóstol y evangelista.

1 Juan 1,1-4. Os anunciamos lo que hemos visto y oído.

Juan 20,2-8. El otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro.

Viernes 3:
Los Santos Inocentes. Jesús se salvó de Herodes por la matanza de niños inocentes.

1 Juan 1,5-10.22. La sangre de Jesús nos limpia los pecados.

Mateo 2,13-18. Herodes mandó matar a todos los niños inocentes.

Sábado 3:


1 Juan 2,3-11. Quien ama a su hermano permanece en la luz.

Lucas 2,22-35. Luz para alumbrar a las naciones.



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