Domingo de la 2ª semana de Tiempo Ordinario – 20/01/2008

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Comentario Pastoral
BORRAR EL PECADO

En el evangelio que hoy se proclama aparece Juan Bautista dando testimonio de Jesús. La imagen de Juan con el brazo extendido y el dedo apuntando a Cristo (“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”) es teológicamente más expresiva que aquella en que aparece con la concha en la mano bautizando en las riberas del Jordán. Aquí encontramos ya un primer tema sugerente: a ejemplo de Juan, el creyente ha de ser para todos una mano amiga y un dedo indicador de lo trascendente en un mundo de tantos desorientados, donde la increencia va ganando adeptos. Juan identificó a Cristo; los bautizados tendremos que ser en medio de la masa identificadores y testimonio de fe cristiana. Juan, porque conoció antes a Cristo, lo anunció; los cristianos hemos de tener experiencia profunda de quién es Jesús, para testimoniarlo. Para poder conocer a Cristo, antes hay que haberlo visto desde la fe.

Jesús es el Cordero, el Siervo de Dios, que quita y borra el pecado del mundo. Es todo un símbolo de paz; de silencio, de docilidad, de obediencia. Isaías define al Mesías como cordero que no abre la boca cuando lo llevan al matadero y que herido soporta el castigo que nos trae la paz. Con la muerte del Cordero inocente, que puso su vida a disposición de Dios para liberar a los hombres de la esclavitud del pecado, se inaugura la única y definitiva ofrenda grata al Padre del cielo. A imitación de Jesús, el cristiano debe ser portador de salvación y liberador de esclavitudes que matan. En la pizarra de la sociedad actual, en la que se escriben y dibujan a diario con trazos desiguales tantas situaciones injustas y violentas, la fe y el amor del creyente han de ser borrados de los pecados de los hombres. Esta capacidad de limpieza religiosa purifica los borrones de la increencia estéril, que achata la óptica existencia.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
El es el verdadero Cordero
que quitó el pecado del mundo;
muriendo destruyó nuestra muerte,
y resucitando restauró la vida.


Prefacio Pascual I


Palabra de Dios:

Isaías 49, 3. 5-6

Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. Sb-9. 10

San Pablo a los Corintios 1, 1-3

Juan 1, 29-34

Comprender la Palabra

Este Domingo, segundo del Tiempo Ordinario , la Lectura del Evangelio, en los tres ciclos A, B y C, es del Evangelio según San Juan. Este Año (ciclo A) escuchamos la declaración, que nos hace Juan el Bautista, recordando la Teofanía (Manifestación de Dios Trinidad) en el Bautismo de Jesús en el Jordán. El Domingo pasado celebrábamos la Fiesta del Bautismo del Señor.

Insiste, dos veces, Juan Bautista, diciendo: “Yo no le conocía”, Sabemos que Jesús era primo suyo. No lo conocía. entiéndase, con el conocimiento que obtuvo de El, a partir de la revelación, que Dios le otorgó en la Teofanía del Bautismo de Jesús en el Jordán, Jesús es el que tiene el Don del Espíritu Santo, que se posa permanentemente sobre El. El, Jesucristo, es el que bautiza, sumerge, en el Espíritu Santo. Es muy importante tener en cuenta el binomio JESUCRISTO-ESPIRITU SANTO. Ambos son una constante a través del Nuevo Testamento. Son los dos, Enviados por el Padre. Jesucristo no hace nada a nosotros, en nosotros, si no es con, por, en el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo no hace en nosotros, a nosotros, sino traernos a Jesucristo.

“Ví al Espirítu Santo, que bajaba sobre El como una paloma”. Espíritu quiere decir viento; el viento es imaginado como un ave, una paloma (“avanzas en las alas del viento” -Sal. 103).

Pero el centró de interés está en las palabras, con las que Juan presenta a Jesús: “ESTE ES EL CORDERO DE DIOS, QUE QUITA EL PECADO DEL ,MUNDO “. El es el Cordero=Siervo, Servidor, como le designa el mismo Dios “Tu eres mi Siervo (servidor) (1ª Lectura). El vive su vida, ofreciéndola al Padre, pendiente de la voluntad del Padre, como escuchamos en el Salmo: “No quieres sacrificios ni ofrendas… entonces Yo digo: Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Y la voluntad del Padre es que viva su Vida entregándola por amor, hasta la muerte, hasta la Resurrección.

El es así el Servidor, que entrega su Vida “como Cordero llevado al matadero” llevando sobre sí el pecado del mundo para quitarlo. Sólo El puede quitarlo; es el Servidor-Hijo de Dios. “Es poco que seas mi Siervo -le dice el Padre-, te hago luz de las naciones, para que MI SALVACIÓN legue hasta el confín de la tierra” (1ª Lectura).


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

La fe eucarística de la Iglesia


La fe y los sacramentos son dos aspectos complementarios de la vida ec1esial. La fe que suscita el anuncio ec1esial. La fe que suscita el anuncio de la Palabra de Dios se alimenta y crece en el encuentro de gracias con el Señor resucitado que se produce en los Sacramentos: “La fe se expresa en el rito y el rito refuerza y fortalece la fe”. Por eso, el Sacramento del altar está siempre en el centro de la vida eclesial: “gracias viva es la fe eucarística en el pueblo de Dios, más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos. La historia misma de la Iglesia es testigo de ello. Toda gran reforma está vinculada de algún modo al redes cubrimiento de la fe en la presencia eucarística del Señor en medio de su pueblo.


Benedicto XVI

Exhortación “Sacramentum caritatis”, n. 6

al ritmo de la semana


La conversión de San Pablo – 25 de Enero

La Conversión de San Pablo constituye una verdadera manifestación de Cristo: el Resucitado se le muestra a Saulo como el Mesías glorificado, que sigue viviendo en sus hermanos y forma un solo ser con ellos: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. “Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues”. Lo que sucedió en el camino de Damasco transformó completamente a este hombre observante de la ley judía como buen fariseo: ‘El antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir” (Gál 1,23).

Por otra parte la conversión de Pablo es así mismo una manifestación de las maravillas que puede realizar la gracia del Señor: “Sé de quién me he fiado… La gracia de Dios no se ha frustrado en mí, su gracia trabaja siempre conmigo”, confesará él. Y también: “Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús… Dios se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creen en él y tendrán vida eterna”. Él mismo se considera el último de los apóstoles: “Yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

“Tú, para revelar al apóstol Pablo las maravillas de tu gracia, lo elegiste con amorosa providencia desde el vientre materno para que anunciase a los gentiles la redención de tu Hijo. Opositor y perseguidor primero, se mostró luego apóstol tan intrépido y fiel que Jesucristo pudo manifestar en él la culminación de su pasión en favor de los creyentes. Pablo, infatigable mensajero de salvación, ahora desde el cielo nos exhorta e impulsa a proclamar, oh Padre, tu misericordia”. (Prefacio Misal Ambrosiano).


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Santa Inés (s. IV), virgen y mártir.

I Samuel 15,16-23. Obedecer vale más que un sacrificio. El Señor te rechaza como rey.

Marcos 2,18-22. El novio está con ellos.

Martes 3:
San Vicente (+304), diácono zaragozano, martirizado en Valencia

I Samuel 16,1-13. Ungió Samue1 a David en medio de sus hermanos, y en aquel momento le invadió el Espíritu del Señor

Marcos 2,23-28. El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.


Miércoles 3:
San IIdefonso (606-667), arzobispo de Toledo, defensor de la virginidad de Maria.

l Samuel 17,32-33-37.40-51. Venció David al Filisteo con la honda y una piedra.

Marcos 3,1-6. ¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

Jueves 3:

San Francisco de Sales (1567-1622), obispo de Ginebra, modelo de todas las virtudes.

l Samuel 18,6-9; 19,1-7. Mi padre Saúl te busca para matarte. Marcos 3,7-12. Los espíritus inmundos gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”, pero él les prohibía que le diesen a conocer.
Viernes 3:

La Conversión de san Pablo, a las puertas de Damasco. Sé de quién me he fiado. Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

Hechos 23,3-16. Levántate, recibe el bautismo que, por la invocación del nombre de Jesús, lavará tus pecados.

O bien: Hechos 9,1-22. Te dirán lo que tienes que hacer.

Marcos 16,15-18. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Sábado 3:

San Timoteo, obispo de Efeso, y San Tito, obispo de Creta, discípulos predilectos de Pablo.

2 Timoteo 1,1-8. Refrescando la memoria de tu fe sincera.

O bien: Tito 1,1-5. Tito, verdadero hijo mío en la fe que compartimos.

Marcos 3,20-21. Su familia decía que no estaba en sus cabales.



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