Domingo de la 3ª semana de Tiempo Ordinario – 27/01/2008

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Comentario Pastoral
LAS LLAMADAS DE DIOS

La Biblia es la historia de las llamadas de Dios a los hombres. Basándonos en el texto principal de la vocación de los primeros apóstoles, que se lee en el evangelio de este tercer domingo ordinario, podemos volver a escuchar la invitación al seguimiento de Jesús de Nazaret; invitación que se actualiza hoy a la orilla del lago de nuestra propia existencia. ¿A qué somos convocados? ¿Cuáles son los matices y exigencias de esta llamada personal y comunitaria?

Somos llamados a dejar las redes, mejor dicho, a desenredamos de tantas cosas adjetivas, de tantos afanes inútiles, para vivir centrados en lo sustantivo e importante. Dejar las redes significa también capacidad de desprendimiento, espontaneidad en la aceptación de una vocación superior, que es experiencia nueva y aventura religiosa.

Somos llamados a abandonar, si es necesario, la barca de nuestra seguridad y de nuestra obsesiva subsistencia. Esto exige disponibilidad para emprender nuevas singladuras que van más allá del agua cercana de nuestro entorno familiar. Abandonar la barca es compromiso para dejar lo movedizo, caminando por la tierra firme de la fe.

Somos llamados a ser pescadores de hombres, es decir, a entender la primacía de las personas, a buscar relaciones profundas, a tener experiencias fraternas, a dejar de pescar lo ordinario.

Somos llamados a “ver una luz grande” como dice Isaías en la primera lectura. La luz siempre, es símbolo de Dios. El brillo inconfundible de lo divino es una oferta continua de salvación y liberación de nuestras tinieblas esclavizantes. La luz de Dios es una llamada a la coherencia de la fe, por eso se cuela por todos los rincones, descubre nuestras limitaciones y mezquindades, exige cambios en nuestra existencia cristiana.

Somos llamados a “acrecentar la alegría”, porque son muchas y fastidiosas las tristezas miopes de la existencia humana cuando no se tiene fe. La alegría cristiana es un contrapunto a los ridículos goces terrenos.

Somos llamados a la unidad, según nos recuerda San Pablo. Hoy, domingo dentro de la semana de oración por la unidad de los cristianos y siempre. Para ponerse de acuerdo y no estar divididos, hay que tener un mismo pensar y sentir.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
En tu Hijo Jesucristo, sacerdote eterno, siervo obediente, pastor de los pastores,
has puesto el origen y la fuente de todo ministerio
en la viva tradición apostólica de tu pueblo peregrino en el tiempo.
Con la variedad de los dones y de los carismas,
tú eliges dispensadores de los santos misterios,
para que en todas las naciones de la tierra se ofrezca el sacrificio perfecto,
y con la Palabra y los sacramentos se edifique la Iglesia,
comunidad de la nueva alianza, templo de tu gloria.


Prefacio II de las Ordenaciones


Palabra de Dios:

Isaías 8, 23b-9, 3

Sal 26, 1. 4. 13-14

san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17

Mateo 4, 12-23

Comprender la Palabra

Con este Domingo, Tercero del Tiempo Ordinario, comenzamos la lectura semicontinua del Evangelio según San Mateo, del que escuchamos preferentemente los domingos de este año (ciclo A). Comenzamos la lectura semicontinua a partir del Capítulo IV. Escuchamos el anuncio del Misterio de la Encarnación y del Nacimiento del Señor – Domingo IVº de Adviento y Navidad (cap. Iº); los relatos de los Magos y de la Huída a Egipto -Epifanía y Domingo 1º de Navidad (cap. IIº); La Presentación de Juan Bautista y el Bautismo del Señor -Domingos IIº de Adviento y 1º del Tiempo Ordinario (cap. IlIº); escucharemos el Domingo 1º de Cuaresma el Relato de las Tentaciones de Jesús (cap. IVº), que precede inmediatamente a la Lectura Evangélica de este Domingo, en la que escuchamos la solemne Inauguración del Ministerio Mesiánico de Jesús. “Comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Convertíos, está cerca el Reino de los cielos”. Prefiere San Mateo usar la expresión “Reino de los cielos” en vez de “Reino de Dios” en atención a los judíos cristianos, a quienes era más familiar dicha expresión.

¿Qué significa esta palabra tan importante -Reino- en los Relatos Evangélicos? El Reino de Dios es el Proyecto de Dios sobre el hombre; proyecto de salvación: de restauración, de elevación, de perfeccionamiento, de ¡divinización!; Proyecto de Dios, cifrado, realizado plenamente en Jesucristo; no uno más entre otros proyectos (humanos) sino el Único Proyecto. Todos los demás -ideologías utópicas- están condenados al fracaso.

Jesús visibiliza el Proyecto -Reino- de Dios en. Si mismo con palabras y con signos; PALABRAS y SIGNOS alternativamente, como iremos viendo en domingos sucesivos, según el plan del Evangelista.

Pero San Mateo antepone el Anuncio Profético de Isaías, que escuchamos también en la 1ª Lectura: Los deportados a Asiria (siglo VI antes de Cristo) -¿vaciadas las cuencas de los ojos?- “que habitaban en sombras de muerte, vieron una Luz grande… una Luz les brilló”. La Luz grande, que brilla, es Jesucristo-LUZ. “El es nuestra Luz y Salvación -escuchamos en e Salmo.

Entre los primeros iluminados por Cristo, los cuatro primeros discípulos: Pedro, Andrés, Juan y Santiago.



Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Don gratuito de la Santísima Trinidad


En el pan y en el vino, bajo cuya apariencia Cristo se nos entrega en la Cena pascual, nos llega toda la vida divina y se comparte con nosotros, en la forma del Sacramento. Dios es comunión perfecta de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ya en la creación, el hombre fue llamado a compartir en cierta medida el aliento vital de Dios. Pero” es en Cristo muerto y resucitado, y en la efusión del Espíritu Santo que se nos da sin medida, donde nos convertimos en verdaderos partícipes de la intimidad divina. Jesucristo, pues, “que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios corno sacrificio eucarístico. Se trata de un don absolutamente gratuito, que se debe sólo a las promesas de Dios, cumplidas por encima de toda medida. La Iglesia con obediencia fiel, acoge, celebra y adora este don. El Misterio de fe es misterio del amor trinitaria, en el cual, por gracia, estamos llamados a participar. Por tanto, también nosotros hemos de exclamar con san Agustín: “Ves la Trinidad si ves el amor”


Benedicto XVI

Exhortación “Sacramentum caritatis”, n. 8

al ritmo de la semana


La Presentación del Señor – 2 de febrero

“También la fiesta del 2 de febrero, a la que se ha restituido la denominación de “Presentación del Señor” debe ser considerada, para poder valorar plenamente su riquísimo contenido, como memoria conjunta del Hijo y de la Madre, Es la celebración ” de un misterio que realizó Cristo y al que la Virgen estuvo íntimamente unida como la Madre del Siervo de Yahvé, ejerciendo un deber propio del antiguo Israel y presentándose a la vez como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza por el sufrimiento y la persecución” (Pablo VI, Marialis Cultus, núm, 7), La fiesta de la Presentación del Señor, unida primitivamente al tiempo de Navidad, surgió en Jerusalén a finales del siglo IV, extendiéndose rápidamente a otros lugares de Oriente, con un carácter primordialmente cristológico. En Occidente comenzó a celebrarse en el siglo VI, acentuándose sobre todo su aspecto mariano. A los cuarenta días de la Natividad del Señor se conmemoran aquellos hechos ocurridos en el Templo de Jerusalén y narrados por Lucas: 2,22-39, en los que Jesús y su Madre son protagonistas. Una mujer era Impura durante 40 días después del nacimiento de un varón; durante 80 si se trataba de una mujer: Por esta razón tenía que ofrecer como sacrificio de expiación una oveja y una paloma, o dos pichones, si era pobre. Por otra parte, un ‘hijo primogénito era propiedad del Señor, y a él debía ser presentado y rescatado con “una oferta de dinero. Según estas prescripciones María y José llevaron a Jesús al Templo.

Esta fiesta, según la versión moderna, es transición del tiempo de Navidad al de Pascua: el Evangelio nos muestra a Jesús, todavía niño, en los brazos de su madre, pero ella lo ofrece ya a Dios como preludio del sacrificio supremo de su vida.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Santo Tomás de Aquino (1225-1275), dominico, sabio, teólogo insigne.

2 Samuel 5,1-7.10. Tú eres el pastor de mi pueblo Israel.

Marcos 3,22-30. Satanás está perdido.

Martes 3:


2 Samuel 6,12b-15.17-19. Iban llevando David y los israelitas el arca del Señor entre vítores.

Marcos 2,31-35. El que cumple la voluntad de Dios, éste es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Miércoles 3:


2 Samuel 7,4-17. Afirmaré después de ti la descendencia y consolidaré su realeza.

Marcos 4,l-20. Salió el sembrador a sembrar.

Jueves 3:

San Juan Bosco (1815-1888), presbítero, educador de jóvenes, fundador de las congregaciones salesianas.

2 Samuel 7,18-19.24-29. ¿Quién soy yo, Señor, y quién es mi familia?

Marcos 4,21-25. El candil se trae para ponerlo en “el candelero. Lá-medida que uséis la usarán con vosotros


Viernes 3:


2 Samuel l1,1-4a.5-l0a.13-17. Me has despreciado, quedándote con la mujer de Urías.

Marcos 4,26-34. Echa simiente, duerme y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo.

Sábado 3:
La Presentación del Señor. Los fieles salen al encuentro del Señor con velas en sus manos, y ac1amándolo a una con el anciano Simeón, que reconoció a Cristo como “Luz para alumbrar a las naciones”.

Malaquías 3,1-4. Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.

Hebreos 2,14-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.

Lucas 2,22-40. Mis ojos han visto a tu Salvador.




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