Domingo de la 4ª semana de Pascua. – 13/04/2008

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Comentario Pastoral
TRES DEFINICIONES DE CRISTO

Hoy, en el evangelio de este cuarto domingo de Pascua, encontramos tres definiciones que hace Cristo de si mismo: es puerta, pastor y aprisco.

En la Biblia se habla muchas veces de la puerta de la ciudad, que, fortificada, garantiza la seguridad de los ciudadanos. Franquear las puertas de¡ templo significa acercarse a Dios; salvarse es penetrar por la puerta del cielo, que se abre a quien llama desde la fe. Jesús es la puerta de acceso al Padre, la puerta que introduce en los pastores donde se ofrecen libremente los bienes divinos. Los discípulos de Jesús deben ser siempre “puerta” abierta para los demás, y no pared de rebote o muro de choque. Y para que el cristiano aparezca ante el mundo como una “puerta” de entrada; como oferta de salvación, cada creyente tiene la responsabilidad de vaciarse de sí mismo para no ser un obstáculo.

Jesús es el único y buen pastor de la comunidad cristiana. Superando una idea bucólica o despectiva, hay que entender al pastor como el hombre de coraje, de audacia y de prudencia, que camina delante y conoce las ovejas. En lenguaje actualizado, el pastor es el líder y el guía. Desde las catacumbas, los cristianos siempre han reconocido a Jesús como el buen Pastor que da la vida por sus ovejas y muere como “cordero de Dios” para hacerse alimento de su rebaño. Por eso su ejemplo es camino para sus seguidores.

Jesús es también el aprisco del rebaño. En él se encuentra la defensa, el abrigo y el descanso. Él es el Reino de Dios, al que no se entra con astucia, corno los ladrones, ni con violencia, como los salteadores, sino en la fidelidad, en el servicio total, en la paz que es plenitud de bien.

En este domingo la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones- al sacerdocio y ministerios, a la vida misionera, a la profesión de los consejos evangélicos en la N ¡da religiosa o en institutos seculares. Es tarea permanente, pero más que nunca de este día, orar por las vocaciones consagradas: las que hay y las que tendría que haber. Para que sean puerta que abren el acceso a Dios y buenos pastores, como Jesús, para su pueblo.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Pastor bueno, vela con solicitud sobre nosotros
y haz que el rebaño adquirido por la sangre de tu Hijo
pueda gozar eternamente de las verdes praderas de tu reino
y tener parte de la admirable victoria de su Pastor.


Oración después de la comunión / Oración colecta


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 2, l4a. 36-41

Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5.

san Pedro 2, 20-25

san Juan l0, 1-10

Comprender la Palabra

Este Domingo, cuarto de Pascua, en los tres ciclos A, By C, escuchamos sucesivamente fragmentos seleccionados del Capitulo X del Evangelio según San Juan, en el que el Señor se nos revela bajo la imagen del Buen Pastor (el único Pastor modelo, ejemplar). Este año escuchamos el primero de los tres fragmentos, en el que el Señor antepone la imagen de la “PUERTA” (del aprisco) a la de Pasto, YO SOY LA PUERTA -nos dice- Por su Resurrección de la muerte Él ha sido constituido “Puerta”. Por Él nosotros “entramos y salimos”. No tenemos otra salida. Nuestra salvación consiste en “entrar y salir con El, tras El (Paseo=Pascua). “Quien entre por Mi -nos dice- se salvará”. Las expresiones solemnes, en sentido exclusivo, “YO SOY”, que recoge San Juan en su Evangelio, evocan el Nombre, con el que Dios se revela a Moisés; son por tanto expresiones-revelación de la personalidad divina de Jesucristo.

Ahondando en la expresión ‘Yo soy la Puerta”, Él es la Puerta de Entrada en su Pasión y Muerte; y Él es la Puerta de Salida en su Resurrección. Dicho de otro modo, con acento soteriológico, salvífico: “cargado con nuestros pecados -nos dice San Pedro (2ª Lectura)- subió al cerro para que, muertos para el pecado, vivamos para la justicia” (purificación, perfección).

Él, el Buen Pastor, “camina delante de las ovejas y las ovejas le siguen”. En el fondo de estás palabras resuenan aquellas otras, que escuchamos en el Salmo: “Me conduce hacia fuentes tranquilas… me guía por el sendero justo… aunque camine por cañadas oscuras… tu vara y tu cayado me sosiegan “.

También el Apóstol San Pedro, en la evocación que nos hace de la Pasión-Muerte-Resurrección de Cristo, de su sentido salvifico, concluye consecuentemente: “Andabais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras vidas”.

Esto es lo que efectivamente sucede, cuando el Apóstol San Pedro, (1ª Lectura) después de anunciar la Resurrección de Cristo, exhorta a los allí reunidos: “Convertíos y bautizaos y recibiréis el Espíritu Santo “. “Los que aceptaron sus palabras, se bautizaron y aquel día se les agregaron unos tres mil”.

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

La enseñanza en el Bautismo


Es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida (cf. Ef 2,12). La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando “hasta el extremo”, “hasta el total cumplimiento” (cf. Jn 13,1; 19,30). Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir 10 que sería propiamente “vida”. Empieza a intuir qué quiere decir la palabra esperanza que hemos encontrado en el rito del Bautismo: de la fe se espera la “vida eterna”, la vida verdadera que, totalmente y sin amenazas, es sencillamente vida en toda su plenitud. Jesús que dijo de sí mismo que había venido para que nosotros tengamos la vida y la tengamos en plenitud, en abundancia (cf. Jn 10,10), nos explicó también qué significa “vida”: “Éste es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Jn 17,3). La vida en su verdadero sentido no la tiene uno solamente para sí, ni tampoco sólo para sí mismo: es una relación. Y la vida entera es relación con quien es la fuente de vida. Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el Amor mismo, entonces estamos en la vida. Entonces “vivimos”.


Benedicto XVI

Encíclica “Spe Salvi”, n. 27

celebrar mejor


Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.
“Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión”

Para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 13 de abril de 2008, he escogido como tema: Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión. Jesús Resucitado confío a los Apóstoles el mensaje: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28.19), garantizándoles: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”(Mr 28,20).
Para que la Iglesia pueda continuar y desarrollar la misión que Cristo le confío y no falten los evangelizadores que el mundo tanto necesita, es preciso que en las comunidades cristianas no falte nunca una constante educación en la fe de los niños y de los adultos; es necesario mantener vivo en los fieles un activo sentido de responsabilidad misional y una participación solidaria con los pueblos de toda la tierra. El don de la fe llama a todos los cristianos a cooperar en la evangelización. Tal concienciación se alimenta por medio de la predicación y la catequesis, la liturgia y una constante formación en la oración; se incrementa con el ejercicio de la acogida, de la caridad, del acompañamiento espiritual, de la reflexión y del discernimiento. así como de la planificación pastoral, una de cuyas partes integrantes es la atención vocacional.
Las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada sólo florecen en un terreno espiritualmente bien cultivado. De hecho, las comunidades cristianas, que viven intensamente la dimensión misionera del ministerio de la Iglesia, nunca se cerrarán en si mismas. La misión, como testimonio del amor divino, resulta especialmente eficaz cuando se comparte “para que el mundo crea” (cf Jn 17,21). El don de la vocación es un don que la Iglesia implora cada día al Espíritu Santo. Como en los comienzos, reunida en torno a la Virgen María, Reina de los Apóstoles, la Comunidad eclesial aprende de ella a pedir al Señor el florecimiento de nuevos apóstoles que sepan vivir la fe y el amor, necesarios para la misión.
Mientras confío esta reflexión a todas las Comunidades eclesiales, para que la hagan suya y, sobre todo, les sirva de inspiración para la oración. aliento el esfuerzo de cuantos trabajan con fe y generosidad en favor de las vocaciones, y de corazón envío a los educadores, a los catequistas y a todos, especialmente a los jóvenes en etapa vocacional, una especial Bendición Apostólica.


Benedicto XVI
Vaticano, 3 diciembre 2007

Para la Semana

Lunes 3:

Hechos 11,1-18. También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva
a la vida.

Juan 10, 11 -1 S. El buen pastor da la vida por las ovejas.

Martes 3:

Hechos 11,19-26. Se pusieron a hablar tam-bién a los griegos, anunciándoles al Se-ñor Jesús.

Juan 10,22-30. Yo y el Padre somos uno.


Miércoles 3:

Hechos 12,24-13,5a. Apartarme a Bernabé y a Saulo.

Juan 12,44-50. Yo he venido al mundo como luz.

Jueves 3:


Hechos 13,13-25. Dios sacó de la descendencia de David un salvador.

Juan 12,44-50. Yo he venido al mundo como luz.

Viernes 3:

Hechos 13,26-33. Dios ha cumplido la promesa resucitando a Jesús.

Juan 14,1-6. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

Sábado 3:
Elección del Papa Benedicto XVI (2005)

Hechos 13,44-52. Sabed que nos dedicamos a los gentiles.

Juan 14,7-14. Quien me ha visto a mi ha visto al Padre.



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