Domingo de la 5ª semana de Pascua. – 20/04/2008

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Comentario Pastoral
LOS DIÁCONOS EN LA IGLESIA

Tiene enorme importancia teológica el que junto a la lista de los Doce apóstoles en el evangelio, se haya transmitido desde los mismos orígenes de la Iglesia, la lista de los Siete diáconos en el libro de los Hechos. Después de unos siglos de oscurecimiento, el diáconado como ministerio permanente en la Iglesia ha vuelto a brillar. El Vaticano II lo instauró en 1963, y son ahora en todo el mundo más de doce mil los diáconos permanentes, célibes y casados, insertados por la familia y la profesión en la problemática de la vida, los que ayudan a la misión apostólica de los Obispos y completan el ministerio sacerdotal de los presbíteros.

Para evangelizar en nuestros días hay que recorrer caminos muy humildes de presencia, escucha y compromiso. Los diáconos permanentes, sobre todo los casados, están llamados a responder a las cuestiones sobre la fe y a resucitar los gestos que colmarán las necesidades de los hombres. Los gestos de amor se concretarán en una ordenada beneficencia con los marginados. Los diáconos son testimonio de la caridad en el ministerio de la calle, diario, imprevisible al azar de los encuentros y de las circunstancias.

El doble arraigamiento en el mundo y en la Iglesia del diácono confiere a las celebraciones que puede presidir (bautismo, matrimonio, exequias) (in signo de complementariedad, y no de suplencia, del sacerdote. La evangelización, la liturgia y la caridad son pues las funciones específicas de quienes han recibido este carácter indeleble y una gracia particular. Sin escapismos ni utopías, la instauración del diaconado permanente es un signo de renovación eclesial.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Resplandezcan en su vida (de los diáconos) todas las virtudes: el amor sincero, la solicitud por los enfermos y los pobres, la autoridad moderada, la pureza sin tacha y vivir siempre según el Espíritu; que tus mandamientos, Señor, se vean reflejados en su vida, y que el ejemplo de su castidad suscite la imitación del pueblo santo; que sostenidos por el testimonio de su buena conciencia, perseveren firmes y constantes en Cristo de forma que, imitando en la tierra a tu Hijo, que no vino a ser servido, sino a servir, merezcan reinar con él en el cielo.



Plegaria de Ordenación


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 6, 1-7

Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19

san Pedro 2, 4-9

san Juan 14, 1-12

Comprender la Palabra

A diferencia de los Domingos de Cuaresma, los Domingos de Pascua las tres lecturas bíblicas no están escogidas unas en función de otras. Hay sin embargo en ellas un fondo común: el Misterio Pascual.

A partir del Acontecimiento de la Pascua Cristo inaugura el Templo definitivo -nos da a entender el Apóstol San Pedro (2″ Lectura). Es el Templo, que Cristo “levanta en tres días”; el Templo en incesante construcción, en el que nos vamos integrando corno piedras vivas. El, Cristo. es la Piedra fundamental, angular.

En este Templo ofrecemos “sacrificios espirituales” (por la fuerza del Espíritu Santo), que no son sino la vida vivida en la fe-ofrenda -sacrificio existencial-, que Dios acepta por medio de Jesucristo. Es el sacerdocio común de los fieles, en comunión con Cristo, Sumo Sacerdote.

Nuestra Ofrenda-Sacrificio existencial consiste, en concreto, en el testimonio de vida y de palabra, en la acción caritativa -nuestro culto espiritual-, que se simbolizan. se expresan, en los ministerios permanentes en la Iglesia: a) el Ministerio de la Celebración Sacramental y del Magisterio (“Nosotros nos dedicaremos a la Oración y al servicio de la Palabra -dice el Apóstol San Pedro-) y b) el Ministerio de la acción caritativa (el ministerio del suministro diario). Véase la 1ª Lectura.

Desde el Templo de Dios en este mundo (fase provisional) vamos pasando -Pascua- al Templo de Dios más allá de este mundo (fase definitiva). Mejor dicho, Él, Jesucristo, nos pasa: “Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy Yo estéis también vosotros”. Y Él es “el Camino”; “nadie va (pasa) al Padre sino por Él”.

En el Templo “levantado por Cristo, Él es el leona, más aún, el Sacramento, del Padre. “Quien me ve a Mi ha visto al Padre”. En Cristo trasparece el Padre, que, en este mundo, se manifiesta y oculta a la vez. Sólo es perceptible con el foto luminoso de la fe. En el Templo Glorioso contemplaremos en Cristo a Dios cara a Cara. Entonces allí. en el Templo Glorioso, definitivo, “proclamaremos por siempre (nuestro culto, nuestra Ofrenda-sacrificio) las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla y a entrar (Pascua) en su luz maravillosa” (2ª Lectura).

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

La oración como escuela de la Esperanza


Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración, Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha, Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios, Si ya no hay nadie como pueda ayudarme -cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar-, Él puede ayudarme, Si me veo relegado a la extrema soledad..,; el que reza nunca está totalmente solo, De sus trece años de prisión, nueve de los cuales en aislamiento, el inolvidable Cardenal Nguyen Van Thuan nos ha dejado un precioso opúsculo: Oraciones de esperanza, Durante trece años .en la cárcel, en una situación de desesperación aparentemente total, la escucha de Dios, el poder hablarle, fue para él una fuerza creciente de esperanza, que después de su liberación le permitió ser para los hombres de todo el mundo un testigo de la esperanza, esa gran esperanza que no se apaga ni siquiera en las noche de la soledad,


Benedicto XVI

Encíclica “Spe Salvi”, n. 32

al ritmo de la semana


San Isidoro, obispo y doctor – 26 de abril

Una familia de cuatro hermanos santos: Leandro, Fulgencio, Isidoro y Florentina. Leandro, el mayor, fue obispo de Sevilla hacia el año 580, y educó a su hermano menor Isidoro, que nació en el 556. Isidoro, monje, abad, maestro, obispo y metropolitano de Sevilla, a la muerte de Leandro en el 601. Continuó con brillantez la organización de la Iglesia de España en el reino visigótico, emprendida por su hermano.

Isidoro, infatigable en la lectura y de una memoria prodigiosa, es un sabio y un organizador. Quiere transmitir a la posteridad toda clase de saberes antiguos. Predica contra los herejes ‘acéfalos”, que niegan la doble naturaleza de Cristo. A lo largo de sus treinta y cinco años de episcopado, se consagró a la formación especialmente del clero y también a los seglares. Fundó un colegio para los jóvenes, en el que él mismo quiso enseñar.

En el célebre IV Concilio de Toledo, en el 633, hizo obligatorio el instituir estas escuelas, presagio de las universidades venideras en las ciudades episcopales. Busca libros de todas clases por todos los lugares: clásicos, patrísticos, jurídicos, filosóficos, científicos. Unifica, organiza y organiza todos aquellos conocimientos para transmitir ese bello legado de saber enciclopédico y universal.

Escribió obras de todos los géneros. Las más importantes son ‘Las Etimologías”, a modo de inventario de todos los conocimientos humanos, “la Regla de los monjes”, ‘Oficios eclesiásticos”, “De la naturaleza de las cosas y el orden de las criaturas”, “Los varones eclesiásticos”, “Contra los judíos”, “Cuestiones sobre el Antiguo y Nuevo Testamento”, “Edición critica de la Biblia”, ‘Sentencias”, a modo de manual de teología.

Dice a los obispos: “Es preciso que el obispo sobresalga en el conocimiento de las Sagradas Escrituras, porque si sólo puede presentar una vida santa, para sí sólo aprovecha … Sobresalga tanto en la humildad como en la autoridad … Debe dar tales pruebas de hospitalidad que a todo el mundo abra sus puertas con caridad y benignidad…”

Murió en Sevilla en el 636, pero su cuerpo reposa en León desde el siglo XI.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

San Anselmo, obispo y doctor (1013-1109)

Hechos 14,5-18. Os predicamos el Evangelio para que dejéis los dioses falsos y os convirtáis al Dios vivo.

Juan 14,21-26. El Defensor que enviará el Padre os lo enseñará todo.

Martes 3:


Hechos l4,19-28. Contaron a la Iglesia lo que Dios ha hecho por medio de ellos.

Juan 14,27-31a. Mi paz os doy.

Miércoles 3:
San Jorge, mártir o San Adalberto, obispo y mártir.

Hechos 15,1-6. Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.

Juan 15,1-8. El que permanece en mi y yo en él, ese da fruto abundante.

Jueves 3:

San Fidel de Sigmaringa, presbítero (1578-1622). Inauguración del Pontificado de Benedicto XVI (2005).

Hechos 15,7-21. A mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios.

Juan 16,9-11. Permaneced en mi amor, para que vuestra alegría llegue a plenitud.

Viernes 3:

San Marcos, discípulo de San Pedro, sobre cuya predicación escribió el segundo evangelio.

1 Pedro 5-5b-14. Os saluda Marcos, mi hijo.

Marcos 16,15-20. Proclamar el Evangelio a toda la creación.

Sábado 3:

San Isidoro (560-656), arzobispo de Sevilla, hombre erudito de vastísimo saber, figura destacada de la liturgia mozárabe.

1 Corintios 2,1-10. Vuestra fe se apoya en el poder de Dios.

Marcos 16,15-20. Proclamad el evangelio a toda la creación



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