NO NOS DEJES CAER EN LA… TONTERÍA.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ahora Internet es móvil, o al menos eso dicen los anuncios. No sé si será sólo mi caso, pero el 70% de las veces que intento conectarme con el modem usb (que es lo único que tengo ahora), me da error o va desesperadamente lento. En el momento que se conecta uno dice: “por fin,” pero cuando ves que tienes 22 mensajes en el correo dices: “caray.” Esperas que la mayoría de las veces aguante la conexión hasta que respondas a todos, lo cual, algunas veces, pasa. Hasta junio no me pondrán internet en casa, mientras tanto seguiré haciendo varios intentos al día que a fin de cuentas la conexión es mía. En el fondo me aguanto, podía ser peor y además es lo que tengo. Lo que cada uno tiene suele ser lo mejor. Es muy difícil reconocer que te has equivocado en una compra. A no ser que la diferencia de precio sea notable, cada uno defendemos lo nuestro como la mejor elección. Cada uno defiende lo suyo con uñas y dientes. Y de eso se vale el demonio para jugar con nosotros.
“Cuando alguien se ve tentado, no diga que Dios lo tienta; Dios no conoce la tentación al mal y él no tienta a nadie. A cada uno le viene la tentación cuando su propio deseo lo arrastra y seduce; el deseo concibe y da a luz el pecado, y el pecado, cuando se comete, engendra muerte.”Aunque repitamos en el Padrenuestro “no nos dejes caer en la tentación,” cada día me encuentro con menos personas que reconozcan, aún en confesión, que son tentadas. Satanás ha conseguido que nos apropiemos del pecado como cosa nuestra y, como es nuestro, lo defendamos. Será un error, pero es nuestra decisión. Y eso nos debilita mucho para la lucha contra el pecado. Si somos sinceros reconoceremos que somos tentados y, estoy convencido, casi siempre de las mismas maneras. Conocemos perfectamente las artimañas del enemigo, no es demasiado original, pero nos hace creer que es nuestra decisión para que nos abandonemos a nuestra naturaleza y nos dejemos llevar pues “somos así.” Lo siento, pero somos así de tontos. Caemos en la misma tontería una y otra vez, aunque veamos venir la tentación de lejos. Pongamos un ejemplo: Cuando hemos hecho algo mal procuramos echarle la culpa a cualquier circunstancia. Sabemos que tiene fácil arreglo y no es tan grave. Pero cuando se acerca el jefe (o la jefa, que ahora estamos por la igualdad), empezamos a ser tentados para ocultar la verdad e inventar cualquier mentira. Tenemos una breve lucha interior y, al final, decimos la mentira. Nadie será capaz de convencernos de que hemos caído en una tentación: nos justificaremos diciendo que no se puede decir siempre la verdad, que era una mentira piadosa o nos felicitaremos por nuestra astucia. Poco a poco vamos llegando al convencimiento de que la sinceridad no es posible, pues hace daño o nos daña. Si Dios quisiera que fuéramos sinceros no nos dejaría equivocarnos para no quedar mal. Pero nunca reconoceremos que hemos hecho una tontería, hemos dejado que nos engañe el diablo y nos abracemos a su engaño.
“Les dijo Jesús: -«¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?» Ellos contestaron: -«Doce.» -« ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?» Le respondieron: -«Siete.» Él les dijo: -«¿Y no acabáis de entender?» Para entender, y entonces evitar, la tentación hay que entender la sobreabundancia del amor que Dios nos tiene. No nos da su gracia y nos ha redimido para dejarnos capitidisminuidos o en debilidad. Cuando ponemos delante el bien y el mal, lo honesto o la trampa, si ponemos nuestro corazón y nuestra voluntad en Dios, estoy convencido que nunca nos dejaremos engañar. No es cuestión de debilidad, es cuestión de falta de amor.
La Virgen no pecó, pues tenía todo su amor entregado al Señor y conocía el amor que Dios tiene por ella. Todo lo demás: basura. Cuando aceptamos la gracia en vez de la tentación entonces sí que somos nosotros mismos: hijos de Dios. A ver si ya puedo colgar este comentario.

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