COMO LOS CUENTOS QUE ESCUCHAN LOS NIÑOS

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Dios no deja de hablar al hombre. Lo hace de muchas maneras y en diversidad de ocasiones. Para quien sabe darse cuenta toda la creación habla de Dios. Quizás en nuestra época estamos poco atentos a lo que nos rodea y hemos perdido la capacidad de admiración. Pero cuando uno se para a contemplar el cielo o cualquier manifestación de la naturaleza no puede dejar de asombrarse. Toda la creación lleva una huella de su autor. Miramos un río ola multitud de especies animales y vegetales y vemos que no están ahí por causalidad. En su mismo existir están diciendo algo y, principalmente, hablan de Alguien, de su Autor.

Pero Dios no ha detenido ahí su palabra. Al mirar la creación descubrimos a un ser Inmenso y Bueno que se muestra por sus obras. Sin embargo, Dios ha ido más lejos y se ha dirigido al hombre directamente. En primer lugar a través de la conciencia, que nos recuerda que no somos la causa de nuestro origen sino que existimos porque Alguien nos ha creado.

Con la Creación y la conciencia podemos ordenar algo la vida, porque percibimos muchas cosas a través de ellas sobre el actuar moral y el orden y belleza del universo. Pero Dios no nos ha dejado ahí sino que ha hablado directamente al hombre. Lo ha hecho mediante intermediarios y, finalmente, viniendo Él mismo a visitarnos. La Palabra se hizo carne y habla a los hombres. Jesús permaneció 33 años entre nosotros mostrándonos el misterio del Padre y de su Amor.

En el Evangelio de hoy vemos cómo Jesús se acomodaba a la capacidad de sus oyentes hablando en parábolas. Las parábolas sirven para ejemplificar lo que Dios quiere decir al hombre pero, en contrapartida, exigen que el hombre esté dispuesto a escuchar. Porque podría suceder que menospreciáramos esas enseñanzas considerándolas demasiado simples, como para ignorantes. Y, ante Dios somos siempre ignorantes que no saben nada.

Quizás hablamos demasiado de Dios y muy poco con Él. Quizás cuando hablamos con Él decimos nosotros demasiadas cosas y no dejamos que sea Él quien lleve la conversación. Quizás ni siquiera nos parezca importante lo que Dios nos tiene que decir. Las parábolas nos invitan a acudir una y otra vez a los labios de Jesús para que nos las explique.

Al meditar sobre este evangelio he pensado en esos niños a los que sus padres leen cuentos antes de dormirse. Los niños piden que no se cambie la historia e insisten, muchas veces, en el mismo texto que ya saben de memoria. Sin embargo cada vez lo gustan de una manera nueva. Que la Virgen María nos conceda escuchar el evangelio con esa misma sencillez dejándonos siempre enseñar por el Maestro.

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