09/08/2008, Sábado de la 18ª semana de Tiempo Ordinario. Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein)

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PRIMERA LECTURA
Me auxiliaste con tu gran misericordia
Lectura del libro del Eclesiástico 51, 1-8

Te alabo, mi Dios y salvador, te doy gracias, Dios de mí padre.  Contaré tu fama, refugio de mi vida, porque me has salvado de la muerte, detuviste mi cuerpo ante la fosa, libraste mis pies de las garras del abismo, me salvaste del látigo de la lengua calumniosa y de los labios que se pervierten con la mentira, estuviste conmigo frente a mis rivales.  Me auxiliaste con tu gran misericordia: del lazo de los que acechan mi traspié, del poder de los que me persiguen a muerte; me salvaste de múltiples peligros: del cerco apretado de las llamas, del incendio de un fuego que no ardía, del vientre de un océano sin agua, de labios mentirosos e insinceros, de las flechas de una lengua traidora. Cuando estaba ya para morir y casi en lo profundo del abismo,. me volvía a todas partes, y nadie me auxiliaba, buscaba un protector, y no lo había. Recordé la compasión del Señor y su misericordia eterna, que libra a los que se acogen a él y los rescata de todo mal.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 30, 3cd-4. 6 y 8ab. 16bc-17
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R.  A tus manos encomiendo mi espíritu; tú, el Dios leal, me librarás. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mí aflicción. R.  Líbrame de los enemigos que me persiguen; haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. R.

SEGUNDA LECTURA

EVANGELIO
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 28-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:  -«No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.  Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mí Padre del cielo, Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Palabra del Señor.

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