Domingo de la 21ª semana de Tiempo Ordinario. – 24/08/2008

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Comentario Pastoral
SONDEO DE OPINIÓN

Las encuestas y los sondeos hoy abundan que es una barbaridad. Pero no son cosa de ahora. Aunque ahora se hagan con más técnica y se utilicen medios más sofisticados para tabularlas e interpretarlas, ya Jesús de Nazaret hizo su propio sondeo. La pregunta clave fue: ¿Quién decís vosotros que soy yo?”. Pregunta sin ambajes, directa, comprometedora incluso. Pregunta que hoy reitera Jesús a todos sus seguidores, a todos los que nos llamamos cristianos. Pregunta que está exigiendo una respuesta, por nuestra parte, clara, decidida, rotunda. Como fue la respuesta de Pedro.

Entonces la sola palabra de Pedro le sirvió a Jesús. Pero para el mundo de hoy no valen las solas palabras. Necesita hechos de vida, ejemplos concretos, actitudes convincentes. A Cristo hoy también le vale nuestra confesión sincera al proclamarle Hijo de Dios vivo. Pero al hombre de hoy no le basta esta palabra. Necesita ver nuestro compromiso. Compromiso que puede ser defender al inmigrante que la ley no protege; abogar por el derecho a la vida en toda circunstancia; aceptar a nuestro lado al que no tiene una casa donde vivir; solidarizarse con los necesitados; promover una enseñanza digna y que lleve a una formación integral del hombre; combatir la droga asesina y ayudar a redimirse a los que han caído en ella; dar, en fin, al hombre motivos para vivir y razones para esperar.

En el amplio campo del mundo hoy hay tarea para todos. En la profesión, en el trabajo, en la familia, en la política, en la economía, en el tiempo de vacaciones y en el tiempo del trabajo arduo, el cristiano tiene que decir, con su estilo de vida, con su testimonio concreto, y también ¿por qué no? a veces con su palabra quién es Jesucristo. Hay que dar razón de nuestra esperanza a quien nos la pida. El hombre de hoy necesita esa razón y nos la exige. Nuestra responsabilidad es dársela. Eludirla es cobardía. Asumirla es nuestra grandeza.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
“…Es a la misma Iglesia, a la que ha sido confiado el ‘Don de Dios’… Es en ella donde se ha depositado la comunión con Cristo, es decir, el Espíritu Santo… confirmación de nuestra fe y escala de nuestra ascensión hacia Dios… Porque allí donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracía”.

San Ireneo, haer. 3,23, 1


Palabra de Dios:

Isaías 22, 19-23

Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y Sbc

san Pablo a los Romanos 11, 33-36

san Mateo 16, 13-20

Comprender la Palabra

Los tres Evangelistas, A1arcos, Mateo y Lucas -principalmente Mateo- ponen de relieve la confesión solemne de fe de Pedro, respuesta a la pregunta de Jesús: “Y vosotros ¿quién decís que soy Yo?” -“Tú eres el Mesias, el Hijo de Dios vivo”.

Quizá el Apóstol Pedro no es consciente todavía del alcance que tienen sus palabras, del sentido pleno de su confesión de fe. Nosotros, a la luz de la plena Revelación de Dios en Cristo, si lo somos. En “el Hijo de Dios vivo” nosotros reconocemos al Hijo: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, al que es la Palabra de Dios hecho hombre. Por eso Jesús le contesta: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre, que está en el cielo”.

Hay un intercambio de titulas: el Apóstol Simón, hijo de Jonás, le llama a Jesús Mesías, Hijo de Dios; Jesús a su vez le confiere a Simón el titulo de Piedra, Pedro. El titulo indica una función: la función de ser fundamento, sobre el cual El, Jesucristo, edificará su Iglesia; fundamento de unidad, cohesión, comunión.

Pedro, como obispo de la Iglesia de Roma tiene sucesores. Ellos son también “Pedro”, pues la función de Piedra-fundamento sigue vigente, necesaria, en la Iglesia de todos los tiempos. Los sucesores de Pedro, Cabeza del Colegio Apostólico, son a su vez Cabeza del Cuero Episcopal. Por tanto el Obispo de Roma es también Obispo de la Iglesia Católica, Universal, sin menoscabo de la función episcopal de cada obispo en su Iglesia local (diócesis).

Pedro y sus sucesores son la Piedra visible, en la que transparece Jesucristo, la Piedra Invisible, Fundamento perenne de la Iglesia.

Cristo explicita la función de Pedro, diciéndole: “Te daré las llaves del reino de los cielos”. Al decir estas palabras el Señor tiene presente la investidura y la entrega de la llave a Eliecer, ministro de David (1ª Lectura).

“Lo que antes (prohíbas, impongas…) y lo que desates (autorices, permitas…) será atado…desatado en el cielo”, es decir, por Cristo, en cuyo nombre actúa.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

La Palabra de Dios sostiene la Iglesia a lo largo de toda su historia (I)


Es un dato constante en la vida de pueblo de Dios tomar fuerzas de la Palabra: desde cuando el profeta hablaba a su pueblo, Jesús a la multitud y a los discípulos, los apóstoles a la primera comunidad, hasta nuestro días. Por ello, debe considerarse atentamente cómo la presencia de la Palabra, sobre todo en el testimonio de la Biblia, caracteriza las diversas épocas en el mundo bíblico y en la historia de la Iglesia.


Sínodo de los obispos 2008

Lineamente, n° 19

al ritmo de la semana


Martirio de San Juan Bautista – 29 Agosto

La memoria del martirio de Juan Bautista, el precursor del Señor, se remonta a la dedicación de una cripta en Sebaste, Samaría, donde se veneraba su cabeza ya a mediados del siglo IV. Tal veneración estaba presente en Jerusalén, y en todas las iglesias de Oriente en el siglo VI, y en el VII en Roma, con el título de la “degollación de san Juan Bautista”. El relato de esta decapitación realizada en la fortaleza de Maqueronte, a oriente del mar Muerto, adonde Herodes Agripa se retiraba de vacaciones, se lo hicieron saber a Jesús verbalmente Juan y Andrés, discípulos del Bautista, que condenado a muerte para saciar el deseo de venganza de Herodías, mujer de Herodes Agripa, tras la danza de Salomé.

Juan Bautista, asceta y mártir, padre de los monjes y de cuantos luchan hasta derramar su sangre por Cristo, realizó en su persona dos estilos de santidad. Su nacimiento, el 24 de junio, y su evocación en Adviento, próxima a la Navidad, es como un anuncio de la proximidad de la salvación, ante la que da un salto de alegría. Su martirio manifiesta la calidad del alma del profeta y la plenitud de su respuesta a la llamada de Dios. “Él saltó de alegría en el vientre de su madre al llegar el Salvador de los hombres, y su nacimiento fue motivo de gozo para muchos. Él fue escogido entre todos los profetas para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo. Él bautizó en el Jordán al autor del Bautismo, y el agua vive tiene, desde entonces, poder de salvación para los hombres. Y él dio, por fin, su sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo” (Prefacio).


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
San Luís o San José de Calasanz: presbíteros.

2 Tesalonicenses. El Señor es glorificado en vosotros y vosotros en él.

Mateo 23,13-22. jAy de vosotros, guías ciegos!

Martes 3:

Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars : (1543-1897), virgen, patrona de la ancianidad, fundadora de las Hermanas de los Ancianos Desamparados.

2Tesalonicenses 1,1-5.11b-12. El Señores glorificado en vosotros y vosotros en él.

Mateo 23.13-22. jAy de vosotros, guías ciegos!

Miércoles 3:
Santa Mónica (331-387), madre de San Agustín, ejemplo de madre cristiana.

2Tesalonicenses 3,6-10.16-18. El que no trabaja, que no coma.

Mateo 23,27-32. Sois hijos de los que asesinaron a los profetas.

Jueves 3:
San Agustín (354-430), obispo de Hipona, figura cumbre de la Iglesia por sus sermones y escritos.

I Corintios 1,1-8. Por él habéis sido enriquecidos en todo.

Mateo 24,42-51. Estad preparados.

Viernes 3:
El martirio de San Juan Bautista. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.

Jeremías 1,17-19. Diles lo que yo te mando. No les tengas miedo.

Marcos 6,17-29. Quiero ahora mismo que me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.

Sábado 3:
En Madrid: Beata de los Ángeles Ginard Martí, virgen y mártir.

l Corintios 1,26-31. Dios ha escogido lo débil del mundo.

Mateo 25,14-30. Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor



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