Domingo de la 33ª semana de Tiempo Ordinario. – 16/11/2008

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Comentario Pastoral
TENER TALENTO


Dios nos hace el don inmerecido, gratuito, casi inconcebible, de cinco, dos y un talento; a cada cual según su capacidad. Normalmente la admiración humana se basa en los dones que ha recibido una persona. Pero Dios, el único que sabe lo que nos ha repartido, presta toda la atención a lo que se ha obtenido con los talentos que nos dió antes. No valen disculpas por haber recibido poco. Por eso es dificil de justificar la actitud del siervo perezoso, ingrato y enfadado, que teme perder su único talento, que no es suyo porque han de reclamárselo. El que entierra su talento, entierra su capacidad de amar, esperar y hacer.

Es muy importante saber que todo don recibido es una deuda a pagar. Temamos poseer cuando no somos capaces de hacer y devolver. Nunca hay que olvidar que no basta devolver lo mismo, pues es una ingratitud hacia el dador. La pasividad negligente provoca el despojo de lo que se posee. Es preciso vencer constantemente la tentación de la falsa seguridad que termina en inmovilismo.

El patrón de la parábola deja a sus empleados un amplio espacio de autonomía y de maniobra, para que cada uno trafique el capital recibido según su propio estilo. Se puede reaccionar con sabio esfuerzo personal que termina en ganancia, o abandonarse como un parásito buscando la simple sobrevivencia y la tranquilidad inerte.

La interpretación de la parábola de los talentos no puede reducirse a subrayar únicamente el deber de fructificar con los dones recibidos, Su sentido general está especificado en el premio y en el castigo final, que trascienden los límites del ajuste de cuentas. Más que el simple empeño por desarrollar bien las propias dotes, la parábola subraya la importancia de la aceptación, eficaz y activa, don de la salvación, para que crezca en bien de todos.

El empleado negligente y holgazán, el del único talento, puede recordamos a todos el peligro del temor, que transforma la religión en un cumplir y conservar los mínimos legales requeridos. Esta actitud dificulta la entrada en el banquete del Señor.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Te rogamos, Señor, que se manifiesten con toda su fuerza y perseveren hasta el fin en nuestra Iglesia de Madrid la integridad de la fe, la santidad de las costumbres, la caridad fraterna y la religión auténtica, y, ya que no dejas de alimentar a tu pueblo con tu palabra y con el Cuerpo de tu Hijo, no ceses tampoco de conducirlo bajo tu protección.



Oración por la Iglesia local


Palabra de Dios:

Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31

Sal 127, 1-2. 3. 4-5

san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6

san Mateo 25, 14-30

Comprender la Palabra

La Parábola, que escuchamos este Domingo, es la segunda de las tres Parábolas, que el Evangelista San Mateo coloca a continuación del llamado Discurso Escatológico (referente a las ultimidades de la Historia de la Iglesia en este mundo), Pueden considerarse como “extensiones” del momento culminante del Discurso Escatológico: la Parusía=Manifestación Gloriosa del Señor en su Segunda Venida. “Y de nuevo el Señor Jesús vendrá con gloria _ rezamos en el Credo- para juzgar a vivos y muertos”.

Es justamente el Juicio de Dios en Cristo lo que se pone de relieve en las tres Parábolas: Cristo Juez, bajo la imagen de “el Esposo”, que admite en la sala del banquete nupcial o niega la entrada (Parábola de las Diez Doncellas, del Domingo anterior, que no pudo leerse este año); Cristo Juez bajo la imagen del “Señor, que se puso a ajustar las cuentas con sus empleados” (la Parábola, que hoy escuchamos); y Cristo Juez bajo la imagen del Rey Pastor, que convoca ante su trono a todas las naciones (la Parábola, que escucharemos el próximo Domingo).

He aquí el mensaje común a las tres Parábolas: Nuestra vida está finalizada por nuestro encuentro definitivo con Cristo. Hemos de vivirla, por tanto, previsoramente (Parábola de las Diez Doncellas); hemos de vivirla procurando cumplir con todo esmero la tarea encomendada (Parábola de los tres Empleados); hemos de vivirla en el servicio amoroso a los demás (la Parábola, que escucharemos el próximo Domingo).

La perspectiva del Juicio final, lejos de atemorizamos, debe colmar nuestra esperanza. Nos juzga el que es la Justicia y la Misericordia. En Dios se identifican ambos atributos; es Justo, porque es Misericordioso; y es Misericordioso, porque es Justo. Merece la pena la relectura del penúltimo articulo de la Encíclica “Spe salvi”, en el que el Papa aborda el tema del Juicio Final.

Teniendo en cuenta el juicio laudatorio del amo a sus dos empleados ‘:fieles cumplidores” (Lectura del Evangelio), escuchamos oportunamente en la 1ª Lectura, el Poema de la Mujer hacendosa, diligente, que raya en la perfección, en quien su marido se complace. Con este poema concluye el Libro de los Proverbios.

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

El Papa en Sidney


En la liturgia de la Iglesia, y sobre todo en el sacrificio de la Misa ofrecido en los altares del mundo, Él nos invita, como miembros de su Cuerpo Místico, a compartir su auto-oblación. Él nos llama, como pueblo sacerdotal de la nueva y eterna Alianza, a ofrecer en unión con Él nuestros sacrificios cotidianos para la salvación del mundo.
En la liturgia de hoy, la Iglesia nos recuerda que, como este altar, también nosotros fuimos consagrados, puestos aparte para el servicio de Dios y la edificación de su Reino.


Benedicto XVI

Santa Misa con los Obispos australianos,
seminaristas, novicios y novicias. 19 julio 2008

celebrar mejor


Jornada de la Iglesia Diocesana

Tradicionalmente desde algunos años se celebra en España el penúltimo domingo del año litúrgico la llamada “Jornada Diocesana”. La Iglesia de Jesucristo es única y universal, la misma en todo el mundo, pero está formada por un conjunto de Iglesias locales, como la nuestra, llamadas diócesis u obispados, presididas por el obispo propio, en unión con los demás miembros del Colegio Episcopal y con la cabeza de este Colegio, el papa. La “Iglesia somos todos”, y todos somos corresponsables en ella. La Iglesia debe vivir en este mundo, como peregrina a través de la historia, y esta corresponsabilidad se extiende también al acopio de los medios temporales para que la Iglesia pueda vivir, peregrinar y ejercer su misión, encarnada en este mundo.

En todas las diócesis está en marcha el plan de financiación para llegar a la autofinanciación. “Los fieles tienen el deber de ayudar en sus necesidades a la Iglesia, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras apostólicas y de caridad y el conveniente sustento de los ministros”. La financiación significa que a través de los fieles se obtengan, con independencia de posibles subvenciones del Estado, los fondos necesarios para el funcionamienlo de la Iglesia. Esta debe cumplir su misión con plena libertad ante los poderes sociales, económicos y políticos. Se quiere que los cristianos, a través de la financiación, conozcan y hagan suyo el problema económico de la Iglesia, creando, al mismo tiempo, un clima de solidaridad que favorezca el sentido de Iglesia como Pueblo de Dios.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
Santa Isabel de Hungria (1207-1231), madre de tres hijos, que tras la muerte de su esposo vivió pobremente y fundó un hospital.

Apocalipsis 1,1-4; 2,1-5a. Recuerda de dónde has caído y arrepiéntete.

Lucas 18,35-43. ¿Qué quieres que haga por tí? Señor, que vea otra vez.

Martes 3:
Dedicación de las Basílicas de los Apóstoles San Pedro y San Pablo.

Apocalipsis 3,1-6.14-22. Si alguien me abre, entraré y comeremos juntos.

Lucas 9,1-10. El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

Miércoles 3:


Apocalipsis 4,1-11. Santo es el Señor, soberano de todo: el que era, es y viene.
Lucas 19,11-28. ¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?

Jueves 3:


Apocalipsis 5,1-10. El cordero fue degollado y con su sangre nos compró de toda nación.

Lucas 19,41-44. ¡ Si comprendieras lo que conduce a la paz!

Viernes 3:
Presentación de la Santísima Virgen. Fiesta de origen oriental. que pasó al Calendario romano en 1585.

Zacarias 2,14-17. Alégrate, hija de Sión, que yo vengo.

Mateo 12,46-50. Señalando con la mano a los discípulos, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos”.

Sábado 3:
Santa Cecilia, virgen y mártir, patrona de la música.

Apocalipsis 11,4-12. Estos dos profetas eran un tormento para los habitantes de la tierra.

Lucas 20.27-40. No es Dios de muertos, sino de vivos.



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