NOS CRECEN LOS ENANOS.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hace unos días os conté que habían empezado las obras para poner la estructura modular (algo más de los 30 metros cuadrados actuales), e iban a buena marcha. Hicieron un gran agujero, echaron hormigón en los laterales y empezaron a levantarse los enanos (unos pilares que sustentarán el prefabricado). Después de un fin de semana de lluvias, nos crecen los enanos (para los de otros países esta es una expresión que significa que se complica todo). Los constructores me han dicho que seguramente sea más fácil hacer unos largos en la parcela que celebrar la Misa del gallo bajo techado. No paraba de llover. El cabreo (podría decir enfado, pero era un cabreo) interno era espectacular. La ilusión de celebrar la Navidad en un sitio medianamente digo se evaporaba. Dos días de lluvia significan un mes de retraso pues las vacaciones de Navidad son -sobre todo- vacaciones. Entonces uno le mira a Dios con la ceja baja, como diciéndole: ¡Te vas a enterar!. Gracias a Dios no me dio por hacer tonterías sino por ponerme a cocinar pues algo tendría que comer.
¿El resto del día? Celebrar la Misa (no era la primera), ir al centro de menores, confesar a un chaval que llevaba bastante mas carga que yo encima, cincuenta minutos de paseo con rosario incluido de vuelta a la parroquia por no tener coche, asistir a la catequesis con los niños (desde la barrera), enterarme de una criatura de seis años con cáncer (rezar por él), un rato de oración, hablar con una médico a la que estaba a punto de morírsele un paciente, llevar la comunión a un enfermo y celebrar la última Misa del día (confesando antes a algún feligrés). Por cierto, en la tarde salió el sol.
Conclusión del día: Si está puesto el prefabricado para el día 24, estupendo. Si lo ponen el 25 de enero, pues también está bien.
“En aquel tiempo, exclamó Jesús: – «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»” Esta mañana habrá sonado el despertador a las seis. Si pensase dejar el comentario para antes de salir a la primera hora de la mañana, me hubiera encontrado cansado. Hoy estoy cansado (y aun me queda algo que hacer), pero leyendo el Evangelio y la primera lectura me he dado cuenta de algo. Mi cansancio no es mío, ya lo llevó Cristo. Aún a costa de alargar el comentario voy a copiar también entera la primera lectura: “«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno. Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas corno las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.” ¿Por qué ando hablando que me crecen los enanos? ¿Motivos? Nos sobran a todos. ¿Confianza en Dios? Tal vez nos falte algo. Seguramente cada uno podréis comentar este Evangelio cambiando los enanos por la crisis del matrimonio, el problema de los hijos, la sociedad que está fatal, la política que nos quema, nuestros pecados que no hemos confesado, la enfermedad de un ser querido, nuestra limitación o lo mal que nos tratan. Todos esos temas mucho más importantes que mi parroquia. Pero…, ¿confío en Dios o no?. Tal vez no me de la respuesta que yo quiero, pero estoy convencido que de su respuesta y mi fidelidad (aunque tenemos “derecho” a enfadarnos un poco con Dios), ser´apara bien,… para mucho bien.
La Mujer que mas pudo quejarse a Dios en toda la historia es la Virgen. ¡Qué mal lo pasó sin entender nada! Pero confió, descansó en Dios y ahora nos ayuda a decir : ¿Qué crecen los enanos? Pues les pondremos pantalón largo.

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