Domingo . El Bautismo del Señor – 11/01/2009

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Comentario Pastoral
ELOGIO DEL BAUTISMO

Sobre el Bautismo se han escrito muchos libros desde una óptica teológica, litúrgica, espiritual y pastoral: no es de extrañar, pues toda la vida cristiana se construye, se desarrolla y se consuma a partir del bautismo.

Los Padres de la Iglesia escribieron páginas imborrables basándose en los ritos de la liturgia bautismal y comentando las palabras de la Escritura que los inspiran. Quizá uno de los más bellos textos, que data del siglo cuarto, corresponde a San Gregorio Nacianceno. Volver a leer y meditar hoy este venerable y maravilloso texto es beber el agua más pura de la tradición de la Iglesia. Su síntesis sobre el bautismo es difícilmente superable: “El bautismo es un resplandor para las almas, un cambio de vida, el obsequio hecho a Dios por una conciencia bondadosa. El bautismo es una ayuda para nuestra debilidad.

El bautismo es el desprendimiento de la carne, la obediencia al Espíritu Santo, la comunión con el Verbo, la restauración de la criatura, la purificación del pecado, la participación de la cruz, la desaparición de las tinieblas. El bautismo es un vehículo que nos conduce hacia Dios, una muerte con Cristo, el sostén de la fe, la perfección del espíritu, la llave del reino de los cielos, el cambio de la vida, el fin de nuestra esclavitud, la liberación de nuestras cadenas, la transformación de nuestras costumbres. El bautismo es el más bello y el más sublime de los dones de Cristo.

Nosotros lo llamamos don, gracia, bautismo, unción, iluminación, vestido de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo que hay de más precioso. Don, porque se confiere a aquellos que nada aportan; gracia, porque se da incluso a los culpables , bautismo, porque el pecado queda sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real como son los ungidos , iluminación, porque es luz brillante; vestido, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y porque es manifestación del señorío de Dios”.

Hoy todos los bautizados deberían recordar que Jesús descendió hasta las aguas del Jordán y recibió el bautismo de Juan, para que nosotros podamos subir y alcanzar la liberación del mal por medio de la efusión purificadora del Espíritu.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno:
en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos,
para manifestar el misterio del nuevo bautismo:
hiciste descender tu voz desde el cielo,
para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros;
y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma,
ungiste a tu siervo Jesús,
para que los hombres reconocieran en él al Mesías,
enviado a anunciar la salvación a los pobres.


Prefacio del Bautismo del Señor


Palabra de Dios:

Isaías 42, 1-4. 6-7

Sal 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10

Hechos de los apóstoles 10,34-38

san Marcos 1, 7-11

Comprender la Palabra

En este Domingo, Fiesta del Bautismo del Señor, concluye el Tiempo de Navidad-Epifanía y comienza el Tiempo Ordinario del Año Cristiano, que será interrumpido por el gran paréntesis de Cuaresma-Pascua.

El Bautismo de Jesús en el Jordán es rito epifánico. En la Solemnidad de la Epifanía del Señor, en las Iglesias de Oriente, se lee en la Lectura del Evangelio, no el Relato de los Magos, sino el del Bautismo del Señor.

El Bautismo de Jesús en el Jordán fue una Teofanía: Manifestación de las tres Divinas Personas a través de signos sensibles: la “VOZ” del Padre, declarando a Jesús Hijo suyo “el Amado”, “el predilecto”, como el mismo Dios nos lo había revelado siglos atrás por boca del Profeta (1 a Lectura); la Humanidad del HIJO; y el ESPÍRITU SANTO, que bajó sobre El como una paloma (“cerniéndose sobre las alas del viento” viento = espíritu) .

El Bautismo de Jesús es el punto de partida de su Misión Mesiánica, a la que el Padre le envía con la fuerza del Espíritu Santo; Misión Mesiánica; simboliza la “inmersión” de Jesús en “las aguas” de su Muerte-Sepultura y la “emersión” (Resurrección-Ascensión) de “las aguas”; de las que brota la vida: la Salida, Subida, de Jesús de las aguas del Jordán. El mismo Jesús nos da a entender que este es el sentido, que El da a su propio Bautismo, cuando dice: “con un bautismo tengo que ser bautizado y qué angustia hasta que se cumpla”. E igualmente, cuando les dice a Santiago y a Juan: “¿Estáis dispuestos a recibir el Bautismo, con el que Yo seré bautizado?



Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Obediencia a la Palabra de Dios


“No sé si el Sínodo ha sido más interesante o edificante. En todo caso, ha sido conmovedor. Nos hemos enriquecido en esta escucha recíproca”. y añadió que, “en este diálogo de la escucha, aprendemos la realidad más profunda, la obediencia a la Palabra de Dios, la conformación de nuestro pensamiento y de nuestra voluntad al pensamiento ya la voluntad de Dios”.


Benedicto XVI

Mensaje de los Padres Sinodales
25 octubre 2008

celebrar mejor


El Tiempo Ordinario

E1 domingo siguiente a la solemnidad de la Epifanía del Señor, dedicado a celebrar el Bautismo del Señor, es la culminación de todo el tiempo litúrgico de Navidad o de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al llamado “tiempo ordinario”. En estas treinta y cuatro semanas, interrumpidas por los Tiempos de Cuaresma y Pascua, no se celebra ningún aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino que se recuerda todo en su plenitud, de manera especial los domingos. La primera parte comprende ocho semanas y media, desde el lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, el 10 de enero, hasta la víspera del miércoles de ceniza, el 7 de marzo, inclusive. Se reanuda de nueva al día siguiente del Domingo de Pentecostés, el 12 de junio.

El tiempo ordinario no es un “tiempo fuerte” como Adviento, Cuaresma o Pas
cua, pero es un tiempo importante para comprender y asimilar de un modo progresivo y profundo todo el misterio de Cristo y su obra de salvación. Sin él el año litúrgico se vería reducido a meros episodios aislados, en vez de impregnar toda la existencia cristiana de los fieles y de las comunidades.

La proclamación del evangelio adquiere en el tiempo ordinario un relieve mayor que en otros tiempos porque en ella Cristo se presenta dentro de su historia concreta sin otra finalidad, que mostrarse a sí mismo en su vida terrena, reclamando de los cristianos la fe en la salvación que él fue realizando día tras día. Las palabras y los hechos de Jesús que se relatan en el Evangelio son considerados en la perspectiva de las promesas del Antiguo Testamento –1ª lectura y a la luz de la experiencia eclesial apostólica – 2ª lectura




J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:


Hebreos 1,1-6. Dios nos ha hablado por el Hijo.

Marcos 1,14-20. Convertíos y creed en el Evangelio.


Martes 3:
San Hilario (s. IV), obispo y doctor, destacó por su doctrina, luchó valientemente contra los arrianos, lo que le valió el destierro.

Hebreos 2,5-12. Dios juzgó conveniente perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación.

Marcos 1,21-28. Les enseñaba con autoridad.

Miércoles 3:

Hebreos 2,l4-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos para ser compasivo.



Marcos 1,29-39. Curó a muchos enfermos de diversos males.

Jueves 3:

Hebreos 3,7-14. Animaos los unos a los otros mientras dure este “hoy”.

Marcos 1,40-45. La lepra se le quitó y quedó limpio.

Viernes 3:


Hebreos 4,l-5.11. Empeñémonos en entrar en aquel descanso.

Marcos 2,1-12. El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.

Sábado 3:
San Antonio, abad (+356), monje y penitente, que atrajo a muchos discípulos.

Hebreos 4,12-16. Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia.

Marcos 2,13-17. No he venido a llamar justos, sino
pecadores.



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