Domingo de la 6ª semana de Tiempo Ordinario. – 15/02/2009

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Comentario Pastoral
“SEÑOR, SI QUIERES, PUEDES LIMPIARME”

Es ésta la invocación, el grito de esperanza de un leproso marginado de la sociedad, emblema viviente del dolor del mundo, máscara desfigurada de la corrosión del mal físico. Por eso la curación instantánea de un leproso pone de relieve la humanidad profunda de Jesús ante la horrible lepra, enfermedad muy común en la antigüedad y aún presente en el mundo moderno, donde existen veinte millones de leprosos.

Para los antiguos hebreos el leproso era un condenado a la muerte y un excluido del consorcio humano, porque concebían la lepra como un castigo de Dios al pecador. Esta enfermedad era interpretada, más que en el plano médico, bajo un sentido religioso y cultural. El leproso era un hombre “inmundo”, incapaz de cumplir los actos de culto con la comunidad, y un “excomulgado”, que debía alejarse física y moralmente de cualquier contacto con los otros hombres. Los leprosos, muy desgraciados en su cuerpo, solamente podían lamentarse en la soledad, en la miseria y en el abandono.

Los rabinos comparaban la curación de la lepra con la resurrección de un muerto. Por eso Jesús, al hacer este milagro se declara implícitamente Mesías. Así es reconocido por el leproso desgraciado, que lleno de coraje y superando la segregación que imponía la Ley, se acerca al Maestro de Nazaret para implorar la curación y ser librado del infierno del sufrimiento físico y moral.

A la plegaria humilde del leproso, “si quieres, puedes limpiarme” y a su gesto de adoración y de fe, Jesús respondo usando sus mismas palabras: “quiero, queda limpio” tocando con la mano al “intocable” según la ley. En este milagro, como en todas sus obras, Jesús revela la gratitud y la universalidad del amor de Dios: donde los hombres brillan despreciando a los infelices, él manifiesta respeto y solidaridad; donde los hombres discriminan, él acoge; donde los hombres condenan, él absuelve.

Cristo está sistemáticamente presente en el campo del dolor, en esta zona fronteriza de la existencia humana. Su presencia es una lucha continua contra el mal y los límites, naturales o impuestos por los hombres. Por encima de las exigencias legalistas de los puritanos o de los egoísmos de los bien instalados, Jesús acude a donde está el dolor. Allí también deben hacerse presentes los cristianos. El que los médicos y enfermeras tengan su trabajo y responsabilidad concreta en el campo sanitario y asistencial, no exime a los cristianos de la práctica de las obras de misericordia, para testimoniar el amor y la compasión ante cualquier hombre que sufre.

Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Levítico 13,1-2.44-46

Sal 31, 1-2. 5. 11

san Pablo a los Corintios 10,31-11, 1

san Marcos 1,40-45

Comprender la Palabra

Después de la descripción, que el Evangelista nos hace, de la actividad de Jesús en una jornada (sábado) -lo escuchábamos el Domingo pasado- escoge dos milagros significativos: el de la Curación de un Leproso, que se lee en este Domingo, y el de la Curación de un paralítico, que escucharemos el Domingo que viene.

Ya hemos observado, en comentarios anteriores, que Jesús se siente libre y obligado a interpretar correctamente el sentido de la ley del descanso sabático: el Sábado es para el hombre, en beneficio del hombre, y no al revés. El, Jesucristo, es el Señor del Sábado; más aún -dará a entender-, El es el Sábado: la liberación, el descanso, la plenitud. Corrige el Señor el punto de vista aberrante de muchos dirigentes religiosos judíos, que entendían el descanso sabático de modo inhumano y hasta ridículo.

En el Relato Evangélico, que hoy escuchamos, el Señor pasa por alto las prescripciones del Libro del Levítico: “El que haya sido declarado enfermo de
lepra andará … gritando ¡Impuro, impuro! … tendrá su morada fuera del campamento ” (1ª Lectura). Jesús permite al leproso acercársele, más aún, “lo tocó”, diciendo: Quiero, queda limpio”. La razón de la segregación de los leprosos no era tanto el peligro de contagio, sino de impureza legal. La impureza legal era un prejuicio religioso inconsistente. El mismo Señor lo declarará abolido: No hace impuro al hombre lo que le viene de fuera, sino lo que sale de dentro.

Los discípulos de Jesús, que presenciaron la curación de la suegra de Pedro, la gente, que presenció la expulsión del espíritu inmundo en la Sinagoga o la curación del leptro, tocándole, lejos de acusar a Jesús de transgresor irresponsable de la Ley Mosaica, entienden que el Mandamiento de Dios de amor al prójimo, liberando, curando, está por encima de toda legislación humana, aunque tenga carácter religioso.

La curación de los leprosos es signo de los tiempos mesiánicos. Así lo hace constar Jesús, cuando responde a los emisarios de Juan Bautista, si El, Jesucristo, es el único a quien hay que esperar. “Limpiar leprosos” será también tarea, que Jesús encomienda a los Doce y en ellos a toda la Iglesia.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Crear el silencio para escuchar la Palabra de Dios


Queridos Hermanos y hermanas, custodiad la Biblia en vuestras casas, leedla, profundizad y comprended plenamente sus páginas, transformad la en oración y testimonio de vida, escuchad la con amor y fe en la liturgia. Cread el silencio para escuchar con eficacia la Palabra del Señor y conservad el silencio después de la escucha, porque ella continuará a habitar, a vivir ya hablaros. Haced que resuene al comienzo de vuestro día para que Dios tenga la primera palabra y dejadla resonar en vosotros a la noche para que la última palabra sea de Dios.


Benedicto XVI

Mensaje de los Padres Sinodales
25 octubre 2008

al ritmo de la semana


La Catedral del apóstol San Pedro – 22 de febrero

La Cátedra, venerada en el ábside de la hasílica de san Pedro de Roma, evoca la misión que Cristo le confió como supremo Pastor de la Iglesia, de confirmar en la fe a sus hermanos. Ministerio que es signo de la unidad de la Iglesia edificada sobre los Apóstoles, y que se perpetúa en ella por el magisterio de los papas. No es una sede más alrededor de la mesa eucarística, sino el símbolo peculiar de Cristo, Cabeza de la Iglesia, la expresión de la fe mantenida con fidelidad, garantía y pureza.

El 22 de febrero se celebraba en la antigua Roma el recuerdo de los difuntos de la familia. Junto a las tumbas de san Pedro en el Vaticano y de San Pablo en la Vía Ostia se evocaba a los padres en la fe. Al convertirse después de la paz de Constantino en el 313 el 29 de junio en la gran fiesta de los dos apóstoles, el 22 de febrero se reservó para celebrar la promoción del pescador de Galilea al cargo del Pastor supremo de la Iglesia.

En este día se recuerda la misión que Jesús confió a Pedro de ser el apoyo de sus hermanos. “Y tú, cuando te arrepientas, sé el apoyo de tus hermanos”. Pedro es como la roca sobre la que se asienta la Iglesia, y su servicio consiste en asegurarle “la integridad de la fe”. Pedro proclama su fe en Jesús: “Tú eres el Mesias, el Hijo de Dios vivo”. Y recuerda a los pastores que se conviertan “en modelos del rebaño”. Y lo que fué misión de Pedro en un principio, lo ha sido al correr de los siglos un servicio constante de sus sucesores en la Cátedra de Roma.

“Oh Dios, que en tu providencia quisiste edificar tu Iglesia sobre la roca de Pedro, príncipe de tus apóstoles; mira con amor a nuestro papa Juan Pablo, y tú que los has constituido sucesor de san Pedro, concédele la gracia de ser principio y fundamento visible de la unidad de fe y de comunión de tu pueblo” “…te suplicamos. Señor…. confirmes a tu Iglesia en la unidad y en la caridad, y guardes y protejas a tu siervo Juan Pablo junto con la grey que le fue confiada”.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Génesis 4,1-15.25. Caín atacó a su hermano Abel y lo mató.

Marcos 8,11-13. ¿Por qué esta generación reclama un signo?

Martes 3:
Los siete Fundadores de la Orden de los Siervos de la Virgen María (s. XIV), monjes, predicadores, devotos de la Virgen María.



Génesis 6,5-8; 7,1-5.10. Borraré de la superficie de la tierra al hombre que he creado.

Marcos 8,14-21. Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.


Miércoles 3:

Génesis 8,6-13.20-22. Miró Noé y vió que la superficie estaba seca.


Marcos 8,22-26. El ciego estaba curado y veía todo con claridad.


Jueves 3:

Génesis 9,1-13. Pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra.

Marcos 8,27-33. Tú eres el Mesías. El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho.

Viernes 3:


Génesis 11,1-9. Voy a bajar y confundir su lengua.



Marcos 8,34-9, l. El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.


Sábado 3:
San Pedro Damiani, (1007- 1072), obispo, doctor, cardenal de Ostia, propagador de la vida religiosa.

Hebreos 11,1-7. Por la fe sabemos que la palabra de Dios configuró el universo.

Marcos 8,34-9,1. Se transfiguró delante de ellos.



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