Domingo de la 7ª semana de Tiempo Ordinario. – 22/02/2009

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Comentario Pastoral
EL PERDÓN DE LOS PECADOS

La liturgia de este domingo por medio dedos declaraciones fundamentalesde Isaías (“No me acuerdo de tus pecados”) y de Jesús (“Tus pecados quedan perdonados”) es el canto del perdón y de la liberación del mal físico y social. Es un perdón que tiene un gran precio.

Toda lahistoria de la salvación es un mensaje de esperanza, un anuncio de perdón, una manifestación del amor indomable y fiel de Dios. Por eso el profeta Isaías anuncia que Dios borra todos los pecados. En la línea del mensaje profético y de la acción constante de un Dios que “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”, Jesús escoge el camino del perdón para todos.

Jesús no es el Mesías político y nacionalista, sino el Salvador por excelencia, el único que puede perdonar los pecados, el Padre que acoge siempre al hijo, el Señor que es justo y bondadoso con todos sus servidores. Por eso, el creyente y seguidor de Jesús debe ser el hombre del “sí”, del perdón. La fe no es otra cosa que el mejor “sí” que podemos dar a Dios, el “amén’ por excelencia que manifiesta nuestra adhesión plena y confiada.

Ante el perdón de Dios no cabe otra respuesta por parte del cristiano que el testimonio de la fe, la fuerza de la caridad y la limpieza de la esperanza. Hay que perdonar siempre y sin límites.

Compartimos frecuentemente en nuestra vida con los letrados del Evangelio el escándalo y la inseguridad ante el perdón de los pecados. No acabamos de cerrar con plena confianza la cuenta anterior de nuestros pecados. Y nos queda actuando un “si es no es” de nuestra vida anterior, que marca nuestro futuro y quita ánimos y seguridad a nuestros propósitos. Debemos esperar y estar abiertos a lo nuevo que Dios hace brotar continuamente en nuestro interior.

El milagro del perdón de los pecados causa tanta sorpresa como la curación del paralítico.

Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25

Sal 40, 2-3. 4-5. 13-14

san Pablo a los Corintios 1, 18-22

san Marcos 2, 1-12

Comprender la Palabra

A continuación del Milagro de la Curación del Leproso (lo escuchábamos el Domingo pasado) pone San Marcos el singular Milagro de la Curación de un Paralítico. Singular, porque es el Único milagro, en el que Jesús pone en relación el pecado con la enfermedad de manera relevante. Entiéndase “el pecado del mundo “, “misterio de iniquidad”, que a todos nos embarga. Hay muchos inocentes sin pecados personales, que sufren.

Las palabras de Jesús: “Hijo, tus pecados quedan perdonados” sorprenden a “unos letrados, que estaban allí sentados”, que “piensan para sus adentros “Este … blasfema ¿quién puede perdonar pecados fuera de Dios?

Los letrados tienen toda la razón. Y Jesús les cerciorará, si cabe más aún, de que efectivamente sólo Dios, que transparece en la humanidad de Jesús, puede perdonar pecados; más aún, les garantiza que el Paralítico recibe el perdón de Dios, curándole la parálisis con el mismo imperio de su palabra: “Para que veáis que Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados … ”

Al comprobar la gente lo sucedido, el perdón, la curación, “quedaron atónitos y daban gloria a Dios”. San Mateo, que tiene delante el Relato de San Marcos, cuando escribe su Evangelio, añade por su cuenta: “daban gloria a Dios, que da tal potestad (de perdonar pecados) a los hombres”. Tiene presente el Apóstol-Evangelista la praxis ministerial del Sacramento de la Penitencia en los primeros tiempos de la iglesia.

Es preciso añadir que el perdón, que Jesús le otorga al Paralítico, no es una ocurrencia veleidosa. Sin duda el Señor, que penetra hasta el fondo del corazón, conocía la fe-conversión-arrepentimiento del Paralítico.

Aquí se cumple el anuncio profético, que hemos escuchado en la 1ª Lectura: “Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados”.

La salvación de Dios en Cristo es curación radical; curación del mal-raíz de todos los males, que es el pecado.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Acudir a la Palabra para ser testigos de la verdad


Mi intervención en el Sínodo tuvo que ver con la cultura social, jurídica y política del momento actual, y también da a entender que he hecho una reflexión histórica de la evolución del Estado moderno; y, efectivamente, en la relación con la comunidad política y con el Estado, los cristianos, sobre todo los seglares, tienen que ser testigos de la verdad de Dios y del hombre. Para ello, tienen que acudir a la Palabra de Dios, para conocerla a fondo y ser eficazmente testigos de esa verdad del hombre, a la luz de la verdad de Dios, Con la fuerza que da el amor de nuestro Señor.


Antonio María Rouco Varela

Cardenal Arzobispo de Madrid
en la COPE, 26 octubre 2008

al ritmo de la semana


Miércoles de Ceniza

La liturgia renovada del Vaticano II conserva los elementos tradicionales del miércoles de ceniza: la imposición de la ceniza, el ayuno riguroso y el comienzo de la Cuaresma. Esta es una síntesis de un triple itinerario interdependiente ascético-sacramental: la preparación de los catecúmenos al bautismo, la penitencia pública y la preparación de toda la comunidad cristiana para la Pascua. “La liturgia cuaresmal prepara para la celebración del misterio pascual tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles que recuerdan el bautismo y hacen penitencia” (Normas universales del año litúrgico, núm. 27).

El gesto de la imposición de la ceniza es de origen bíblico y judío, como señal de luto y de dolor. Cuando en el siglo IX la penitencia pública dio paso a la confesión privada y a la absolución individual de los pecados, la imposición de la ceniza, lejos de desaparecer se extendió a todos los fieles. Importa menos el significado de este rito que las palabras que le acompañan, como una de las fórmulas alternativas: “Convertíos y creed el Evangelio”. Convertirse significa volverse hacia Dios, supone dirigirse hacia alguien que nos llama, y es la actitud espeoífica de la Cuaresma. También se ha conservado la fórmula clásica, inspirada en el Génesis: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”.

La fórmula de bendición de la ceniza se refiere a la situación pecadora de quienes van a recibirla y pide para ellos la fidelidad a las prácticas cuaresmales para llegar con el corazón limpio a la celebración del misterio pascual. La bendición e imposición de la ceniza se hace después de la homilía, para mostrar que la conversión y la penitencia surgen de la interpelación que nos hace la Palabra de Dios. Las lecturas de la Misa contienen una fuerte llamada a la interiorización de las obras penitenciales de la Cuaresma -oración, ayuno, limosna- y a la autenticidad de la conversión.

Al recibir la ceniza expresamos nuestra fe y esperanza de que Dios hace un hombre nuevo de las cenizas a las que el pecado ha reducido nuestro hombre viejo. La ceniza del comienzo de la Cuaresma se encontrará con el agua purificadora de la Vigilia Pascual, y lo que es signo de vida por las aguas regeneradoras del Bautismo.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Eclesiástico 1,1-10. Antes que todo fue creada la sabiduría.

Marcos 9,14-29. Tengo la fe, pero dudo, ayúdame.


Martes 3:


Eclesiástico 2,1-13. Preparase para la prueba.

Marcos 9,30-37. El Hijo del Hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos.


Miércoles 3:
Convertíos y creed el Evangelio. La imposición de la ceniza y significa la condición del hombre pecador, que confiesa externamente su culpa ante el Señor y expresa su voluntad interior de conversión, confiando en que el Señor se muestre compasivo con él.

Joel 2,12-18. Rasgad los corazones, no las vestiduras.

2Corintios 5,20-6,2. Dejaos reconciliar con Dios: ahora es el tiempo de la gracia.

Mateo 6,1-6.16-18. Tu Padre, que ve lo escondido, te recompensará.

Jueves 3:


Deuteronomio 30,15-20. Elegir entre la vida o la I muerte, la bendición o la maldición. Elige la vida y , vivirás amando al Señor.

Lucas 9,22-25. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos.

Viernes 3:

Isaías 58,1-9a. ¿Es ése el ayuno que deseo?

Mateo 9,14-16. Llegará un día en que se lleven al esposo y entonces ayunarán.


Sábado 3:

Isaías 58,8b-14. Cuando partas tu pan con el hambriento, brillará tu luz en las tinieblas.

Lucas 5,27-32. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.




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