PÓRTICO DE PASIÓN

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9.17-20.23-24; Flp 2, 6-11 –Marcos 15, 1-39

Hoy comienza la Semana Santa. La Iglesia, este día y el Viernes Santo, nos invita a escuchar el relato completo de la Pasión del Señor. Decía el beato Alberto Hurtado: “Parece presunción comentar los hechos y dichos de nuestro Señor, sino es adorándolos y meditándolos, pero sobre todo sus hechos y dichos sobre la Pasión”. Y san Pedro Canisio meditaba antes de iniciar la Semana Santa de 1585: “Hay que confesar que se ha de estimar la historia de la pasión de Cristo sobre todas las demás historias y que es la parte más sublime y mejor del Evangelio, la que proporciona a los miserables y afligidos pecadores el principal consuelo. Ésta es la suprema obra de Dios, que quiere mostrar su justicia castigando el pecado, su sabiduría confundiendo al demonio y su caridad redimiendo, justificando y salvando al hombre”.

Quizás estos días sea bueno empezar nuestra oración a los pies de nuestro Salvador, que al final van a quedar clavados, recorrieron antes un camino que no le deparó el destino, sino que eligió libremente por amor al Padre y por amor a los hombres. Ese camino es el que la Iglesia se propone rememorar estos días. Para ayudar a nuestra meditación es bueno recordar algunos puntos importantes:

Jesús es verdadero hombre, con cuerpo y alma humana. Por eso no podemos limitarnos a contemplar sus sufrimientos físicos, sino que hemos de ver también los dolores que aguijonearon su alma inocente.

Los seres vivientes sufren más o menos según su calidad espiritual. Sufre menos una planta que un animal y éste menos que un hombre. Pero, aun dentro de los humanos, tenemos capacidad para distraernos. A veces, ante una pequeña molestia intentamos apartarla con alguna diversión o pensando en otra cosa. Jesús, sin embargo, se entrega al dolor, y como tenía perfecta posesión de su alma quiere que éste le afecte totalmente. Por eso, en el Evangelio, se nos dice que rechazó beber el vino mirrado que lo habría adormecido. Siente con toda intensidad la amargura del dolor.

Además, como su alma estaba perfectamente sometida a su divinidad (verdadero Dios y verdadero hombre), acepta todos los dolores que le sobrevienen porque Él quiso que le afectaran. Nada le llega por casualidad. Vino a cumplir la voluntad del Padre.

Lo que más atormenta a Jesús en su pasión es el pecado. Ciertamente no podía herirlo en cuanto Dios, pero podía afectarle por razón de su humanidad. Jesús es santo y no puede convivir con el pecado, pero en su pasión dejó que le afectara totalmente. Por eso dice san Pablo que a quien no tenía pecado Dios lo hizo pecado por nosotros. Jesús, en su humanidad, carga con la historia del pecado de toda la humanidad, desde la prevaricación del paraíso hasta el fin de los tiempos. Los diversos aspectos de su pasión (prendimiento, flagelación, corona de espinas, crucifixión…) nos ayudan a tomar conciencia de ese hecho.

Detrás de toda esta historia cruel late el amor del Corazón de Jesús, que ha de ser el término de nuestra contemplación

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