Domingo de la 7ª semana de Pascua – La Ascensión del Señor – 24/05/2009

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Comentario Pastoral
¿QUÉ ES LA ASCENSIÓN?


Ascender es una esperanza tan vieja como el mundo y uno de los deseos más constantes de la vida del hombre. Toda ascensión tiene atractivo para la situación nueva que se vislumbra. Incluso los riesgos que comporta son compensados por la conquista de niveles más altos y desconocidos.


En el plano religioso también se manifiesta un constante deseo de ascensión. Con lenguaje sencillo y normal se dice que quien ha muerto en la fe ha subido al cielo; que la oración confiada es escuchada en lo alto; que un día seremos elevados para vivir eternamente en el reino celeste. La solemnidad de la Ascensión del Señor, que se celebra en este domingo, nos revela el sentido exacto de la ascensión del cristiano.



La Ascensión es el lazo de unión entre Pascua y Pentecostés. El misterio pascual, que se funda en la muerte del Señor, no se detiene en su resurrección; se desarrolla en la Ascensión, que es la aceptación por parte de Dios de la obra de Cristo y su consagración como Señor de cielos y tierra; y se consuma en Pentecostés con el envío del Espíritu.



La Ascensión no es el final de la historia de Jesús de Nazaret sino el punto de partida de la misión de la Iglesia, que es la proclamación de la buena noticia de la salvación. El tiempo para esta misión va desde la Ascensión hasta la Parusía: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.


Cristo, en su ascensión a los cielos, alcanza la plena soberanía sentándose a la derecha de Dios Padre (sentarse en el trono es el signo de realeza). Esta glorificación no es signo de la ausencia de Jesús en la tierra ni de distanciamiento de la historia del mundo y de la vida de la Iglesia. Es el inicio de la nueva presencia del Resucitado en medio de sus discípulos. La ascensión de Jesús es el punto de unión de lo eterno con nuestro tiempo fugaz y caduco, es garantía de la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la esperanza sobre la angustia y desesperación de la condición humana.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
“El Señor arrastró cautivos cuando subió a los cielos, porque con su poder trocó en incorrupción nuestra corrupción. Repartió sus dones, porque enviando desde arriba al Espíritu Santo, a uno les dio palabras de sabiduría, a otros de ciencia, a otros de gracia de los milagros, a otros la de curar, a otros la de interpretar. En cuanto Nuestro Señor subió a los cielos, su Santa Iglesia desafió al mundo y, confortada con su Ascensión, predicó abiertamente lo que creía a ocultas”.

San Gregorio Magno, hom. 29 in EV


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 1, 1-11

Sal 46, 2-3. 6-7 8-9

Efesios 1, 17-23

San Marcos 16,15-20

Comprender la Palabra

Celebramos este Domingo, Séptimo de Pascua, la Solemnidad de la ascensión del Señor, trasladada del Jueves anterior, el Día Cuadragésimo de la Cincuentena Pascual; Día, en que San Lucas sitúa el Acontecimiento (“apareciéndoseles a los discípulos después de su Resurrección durante cuarenta días”). El traslado de la fecha fué decidido hace décadas a requerimiento de la autoridad civil por exigencias sociolaborales.

En la 1ª Lectura, única para los tres ciclos A, B y C, San Lucas narra el Acontecimiento de la Ascensión del Señor. San Lucas pone de relieve, más que los otros Evangelistas, las distintas fases del Misterio Pascual: La Muerte del Señor (Viernes Santo), su Sepultura (Sábado Santo), su Resurrección (Domingo 1º de Pascua) su Ascensión (a los cuarenta días Domingo VII de Pascua) y el Envío del Don del Espíritu Santo (a los cincuenta días=Pentecostés). Esta ordenación en fechas distintas facilita la interiorización de las distintas fases del Misterio Pascual en su celebración anual.

Para San Lucas la Ascensión del Señor es el punto culminante de su trayectoria (subida) en el “camino” de su ministerio Mesiánico; y al mismo tiempo el punto de partida también de su misión mesiánica, de un modo nuevo y definitivo, a través de sus discípulos, de la Iglesia. El Acontecimiento de la Ascensión del Señor hace de visagra entre las dos partes, en que San Lucas divide su Obra Literaria: El Evangelio según San Lucas y el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

La Iglesia no sucede a Jesucristo; El sigue ejerciendo de un modo nuevo y definitivo su ministerio mesiánico a través de su Iglesia. Así nos lo declara el Evangelista San Marcos: “Ellos (la Iglesia) fueron y predicaron el Evangelio por todas partes y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la palabra con los signos, que los acompañaban” (Lectura del Ev.).

El Apóstol San Pablo nos encarece el Misterio Pascual -el Misterio de nuestra pascua (paso) en Cristo, recordándonos “la eficacia de la fuerza poderosa de Dios, que desplegó en Cristo, resucitándolo y sentándolo a su Derecha en el cielo por encima de todo … ” (2ª Lectura).


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Liturgia de las Horas


La Liturgia de las Horas es una forma privilegiada de escucha de la Palabra de Dios porque pone en contacto a los fieles con la Sagrada Escritura y con la tradición viva de la Iglesia. Por tanto, el Sínodo desea que los fieles participen en la Liturgia de las Horas, sobre todo en Laudes y Visperas. Por eso, allí donde aún no existe, sería útil preparar una forma sencilla de la Liturgia de las Horas.


A obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y a cuantos la Iglesia se lo encomienda se les recuerda su grato deber de orar la Liturgia de las Horas. Esta se recomienda también vivamente a los fieles laicos, de modo que tal Liturgia se convierta, en sentido todavía más verdadero, en oración de la Iglesia entera.


Sínodo de los obispos 2008

Proposición 19

celebrar mejor


La Última Semana de la Cincuentena Pascual

En muchos países la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo VII de Pascua por no ser fiesta laboral el jueves de la VI semana de Pascua, día en que se celebraba desde el siglo IV-V. El misterio de la Ascensión del Señor está en intima conexión con la Pascua en un doble aspecto: glorificación de la Iglesia, cuerpo de Cristo. “… la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y él, que es la cabeza de la Iglesia, nos ha precedido en la gloria, a la que hemos sido llamados como miembros de su cuerpo” (oración-colecta).

El cirio pascual no se apaga después del evangelio de la Ascensión del Señor sino que sigue junto al altar o junto al ambón hasta el domingo de Pentecostés inclusive. Después se coloca en el baptisterio para utilizarlo en la celebración del bautismo. Así se simboliza la presencia del Cristo resucitado en todos los sacramentos.

“Las ferias que van desde la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés preparan para la venida del Espíritu Santo”. Después de la Ascensión de Jesús a los cielos “los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos…Todos ellos se dedican a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hech 1,12-14). De la misma manera la Iglesia espera en la oración la venida del Espíritu Santo. Aunque esta espera ha estado presente durante toda la cincuentena pascual, se pone de relieve de manera especial en la última semana. “Oh rey de la gloria, Señor del universo, que hoy asciendes triunfante al cielo, no nos dejes huérfanos, envíanos desde el Padre tu promesa, el Espíritu de la verdad. Aleluya”. En las antífonas de entrada y de comunión y en el versículo del aleluya se emplean las mismas palabras de Cristo que promete el Paráclito. En la oración calceta se pide al Padre que llene su Iglesia con el don de su Espíritu, o que nos fortalezca con su poder para que hagamos su voluntad y le seamos fieles, o que haga nuestros corazones agradables a él, o que robustezca nuestra fe.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
San Beda el Venerable (653-735) presbítero y doctor. San Gregorio VII, papa (+1685). Santa María Magdalena de Pazzi, (1566-1697), virgen carmelita.



Hechos 19,1-8. Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe.

Juan 16,29-33. Tened valor: yo he vencido al mundo.

Martes 3:

San Felipe Neri (1515-1595), presbítero, “apóstol de Roma”, “el santo sonriente”, fundador de la Congregación del Oratorio.



Hechos 20, 17-37. Completo mi carrera, y cumplo el encargo que me dio el Señor Jesús.

Juan 17,1-11 a. Padre, glorifica a tu Hijo.

Miércoles 3:

San Agustín de Cantorbery (+605), desde su monasterio predicador del Evangelio, después obispo.

Hechos 20,28-38. Os dejo en manos de Dios, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia.

Juan 17,11 b-19. Que sean uno, como nosotros.

Jueves 3:


Hechos 22,30;23,6- J l. Tienes que dar testimonio en Roma.

Juan 17,20-26. Que sean completamente uno.

Viernes 3:


Hechos 25,13.21. Un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo.

Juan 21,15-19. Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

Sábado 3:
San Fernando


Hechos 28,16-20.30-31. Vivió en Roma, predicando el reino de Dios.

Juan 21 ,20-25. Este es el discípulo que ha escrito todo esto, y su testimonio es verdadero.



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