Domingo de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. – 16/08/2009

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Comentario Pastoral
EL BANQUETE SAGRADO

Comer juntos es el acto más expresivo de la vida familiar y el momento más fuerte de vinculación y crecimiento en el amor común. En el plano humano es asimilar el poder de otra cosa, es reconocer que uno solo no se basta, es llegar a ser adulto, es mantenerse en la vida y reforzar el signo de unidad y de alegría. Pero el banquete siempre ha tenido un carácter sagrado y difícilmente se dan acciones sagradas sin banquete. Comer en el plano divino es participar en la vida de la divinidad, es divinizarse por connaturalidad y por asimilación. La asimilación del alimento es la expresión fundamental de la asimilación de Dios. Por eso en todas las culturas, religiosas, de una forma u otra, siempre han existido los banquetes sagrados, que desde una valoración pagana, podían ser totémicos, sacrificiales y mistéricos. Lo que no puede negarse al cristianismo es una peculiar originalidad al imprimir al banquete unos valores profundos y singulares. La “fracción del pan eucarístico”, desde sus orígenes, es el modo perenne de relación con Dios y de actualización de la obra redentora de Cristo. A los primeros cristianos ya se les reconocía públicamente por este banquete sagrado, signo de la mutua caridad, esencialmente vinculada a la “fracción”, La Eucaristía es por un lado perfección de toda una serie de signos prefigurativos veterotestamentarios, y por otro, memorial y recuerdo de los acontecimientos salvíficos cumplidos por Cristo en su muerte y resurrección. El cristiano vive en permanente invitación a la comunión con la sabiduría divina y con Cristo a través de la Eucaristía. La comunión eucarística transforma al creyente en himno de alabanza a Dios, en Cuerpo de Cristo, en Palabra viva que testimonia ante el mundo la salvación. La Eucaristía es sacramento de la fe, sacrificio pascual, presencia de Cristo, raíz y culmen de la Iglesia, signo de unidad, vínculo de amor, prenda de esperanza y de gloria futura.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
“La Eucaristía es nuestro pan cotidiano. La virtud propia de este
divino alimento es la fuerza de unión: nos une al Cuerpo del
Salvador y hace de nosotros sus miembros para que vengamos a
ser lo que recibimos…Este pan cotidiano se encuentra, además,
en las lecturas que oís cada día en la Iglesia, en los himnos que
se cantan y que vosotros cantáis. Todo eso es necesario en nuestra
peregrinación”.


San Agustín, serm. 57,7,7


Palabra de Dios:

Proverbios 9, 1-6

Sal 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15

san Pablo a los Efesios 5, 15-20

san Juan 6, 51-58

Comprender la Palabra

El momento culminante del Discurso-Coloquio de Jesús sobre EL PAN DE VIDA: el momento. en que se rompe toda ambigüedad, de modo que ya 110 cabe duda de que el Señor está refiriéndose desde el principio al Sacramento de la Eucaristía; es cuando pronuncia, la primera vez, la palabra “CARNE”: “El Pan, que Yo daré, es mí carne para la vida del mundo “. Estas palabras son clave de interpretación de todo el Discurso en sentido eucarístico. Estas palabras son en forma velada equivalen/e a las palabras consagratorias. contenidas en los cuatro Relatos de la Institución de la Eucaristía. He aquí ambas fórmulas sinópticamente: “ESTO -el pan. que Yo daré- es MI CUERPO -mi carne- ENTREGADO POR VOSOTROS -para la vida del mundo”. Ambas fórmulas son equivalentes.

El Evangelista San Juan, a diferencia de los otros tres Evangelistas, no pone en su momento el relato de la Institución de la Eucaristía, porque veladamente lo relata en el Capítulo Sexto, todo él dedicado, como estamos viendo, al Misterio de la Eucaristía.

“El que come mi carne habita en mí y Yo en él (comunión vital de 110sotros con Cristo). San Pablo dirá: “Formamos un solo Cuerpo”.

“El que come mi carne tiene vida eterna”. Es decir; tiene acceso al rango vital, de vida. de Cristo: vida en plenitud, en perfección (sin defecto), vida imperecedera, perdurable, inmortal. “Aunque muera vivirá -le dice Jesús a Marta, hermana de Lázaro.

Hoy escuchamos la cuarta pregunta: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne”?

El Domingo que viene escucharemos la respuesta, que Jesús les da.

“Yo lo resucitaré e/Último día”. Cuatro veces escuchamos esta frase a lo largo de/ Discurso, como /In estribillo, que se repite sin conexión aparente con lo que se va diciendo. ¿Qué quiere decir? -Que en lo visible del Pan consagrado transparece el invisible, Cristo Resucitado. El es la Resurrección, condición indispensable para la vida eterna gloriosa, fruto del Sacramento de la Eucaristía.



Como telón de fondo de la enseñanza de Jesús en el Evangelio escuchamos la exhortación de la Sabiduría a participar en su Banquete (1 ti Lectura). En una relectura cristiana. Cristo es la Sabiduría, que nos invita a participar en las dos mesas. Es preciso comer el Pan de su Palabra y el Pan de la Eucaristía.



Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

La acción divina y la colaboración del hombre


En la vida espiritual no puede existir ninguna oposición o incompatibilidad entre la acción divina, que infunde la gracia en las almas para continuar nuestra redención, y la efectiva colaboración del hombre, que no debe hacer vano el don de Dios; entre la eficacia del rito externo de los sacramentos, que actúa “ex opere operato”, y el mérito, del que los administra o los recibe, acto que suele llamarse “opus operantis”; entre las oraciones privadas y las plegarias públicas; entre la ética y la contemplación; entre la vida ascética y la piedad litúrgica; entre el poder de jurisdicción y de legítimo magisterio y la potestad eminentemente sacerdotal que se ejercita en el mismo sagrado ministerio”.


Pío XII (+ 1958).

Encíclica Mediator Dei 1947, n. 50

al ritmo de la semana


Santa María Reina – 22 agosto

Pío XII en 1954 instituyó la fiesta de Santa María Reina. Actualmente se celebra el22 de enero, octava de la Asunción de la Virgen María. La dignidad real de Santa María Virgen pertenece al misterio de su plena glorificación y perfecta configuración con su Hijo, Rey del universo. “La Virgen Inmaculada terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y ensalzada como Reina del universo, para que se asemejara más a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte” (LG 59).
La Santísima Virgen es Reina gloriosa en el cielo porque en la tierra fue la humilde esclava. Dios Padre, que a Cristo, humillado hasta la muerte, lo coronó de gloria y lo sentó a su derecha, exaltó igualmente a la Virgen, su humilde esclava, sobre los coros de los ángeles.
Santa María es Reina madre porque dio a luz al Rey, que se sienta sobre el trono de David y, por beneplácito de Dios es también madre nuestra. “Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito…”.
Reina suplicante es la Santísima Virgen, ya que, exaltada “sobre los coros de los ángeles”, reina gloriosa con su Hijo, “intercediendo por todos los hombres como abogada de la gracia y reina del universo”.
Santa María es también Reina tipo de la gloria futura de la Iglesia. Lo que se ha realizado en ella, miembro supereminente, se realizará también en todos los demás miembros del Cuerpo místico. “Concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos”.
En la salve invocamos a María con el doble título de “Reina y Madre de misericordia”. Así ha entendido el pueblo cristiano la intercesión de María, a la que en todo momento ha mirado como Reina poderosa y Madre entrañable”.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:


Jueces 2,11-19. El Señor hacía surgir jueces, pero ni a los jueces hacían caso.

Mateo 19,16-22. Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, así tendrás un tesoro en el cielo.


Martes 3:


Jueces 6, 11-24a. Gedeón salva a Israel. Yo te envío.

Mateo 19,23-30. Mas fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.

Miércoles 3:
San Juan Eudes (1601-1680), presbítero, fundador, fomentó la devoción a los corazones de Jesús y de María. O San Ezequiel Moreno (1838-1906), agustino, Obispo en Colombia.


Jueces 9,6-15. Pedísteis un rey, así que el Señor es vuestro rey.

Mateo 20,1-16a. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?


Jueves 3:
San Bernardo (1090-1153), abad y doctor, dirigió a los monjes en la práctica de las virtudes, escribió muchos libros de teología y ascética.



Jueces 11, 29-39a. El primero que salga de mi casa a recibirme, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto.


Mateo 22,1-14. A todos los que encontréis convidad los a la boda

Viernes 3:
San Pío X (1835-1914), humilde y bondadoso, recorrió todos los grados de la jerarquía católica, elegido Papa en 1903.

Rut 1, l.3-6.14b-16.22. Noemí, con Rut, la moabita, volvió a Belén.


Mateo 22,34-40. Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a tí mismo.

Sábado 3:
Santa María Reina, fiesta instituida por Pío XII en 1954. María ensalzada como reina del universo para que se asemejara más a su Hijo.

Hebreos 9,1-3.5-6. Un hijo se nos ha dado.

Lucas 1.26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.




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