Domingo de la 31ª semana de Tiempo Ordinario. Todos los Santos – 01/11/2009

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Comentario Pastoral
TODOS LOS SANTOS

Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa,todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo de la visión eterna de la divina Majestad.

Hoy la Iglesia conmemora y celebra a todos los Santos, aunque la mayor parte de sus nombres no figuran en las historias escritas por los hombres ni en el Martirologio. Son los que han pasado del creer y al ver y ven a Dios tal cual es. Son las personas adornadas de limpieza interior y dotadas de un corazón recto que se apartan de la maldad y desconocen la doblez. Son los que colaboran eficazmente en la construcción de la paz universal, asentada en la igualdad como fruto de la justicia. Son los que resisten los embates del mal y no se arredran ante las persecuciones en su proyecto de crear nuevas relaciones con Dios, con los hombres y con la creación tal como lo mostró y enseñó Jesucristo,

Hagamos fiesta con ellos. Nuestra relación con ellos no sólo consiste en pedirles sino de aprender de ellos. Que nos enseñen a vivir nuestro bautismo, por el que nos unimos al Señor y a la Iglesia.


Palabra de Dios:

Apocalipsis 7,2-4. 9-14

Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6

san Juan 3, 1-3

san Mateo 5, 1-12a

Comprender la Palabra

La celebración del Domingo 31° del Año Cristiano queda desplazada este año por la Solemnidad de Todos los Santos, de superior rango.

Como su nombre indica celebramos hoy a todos los santos, no sólo a aquellos, cuyos nombres figuran en el libro de honor de la Iglesia, los beatificados y canonizados, sino también a la muchedumbre incontable (1ª Lectura) de aquellos, cuyos nombres, cuya santidad, sólo Dios conoce.

¿Quiénes son santos? – La respuesta la encontramos en las Lecturas Bíblicas.

Santos son aquellos, en los que se han realizado las Ocho Bienaventuranzas de Cristo (Lectura del Evangelio). Santos son los pobres en el espíritu, es decir, los desprendidos por amor; es decir, los limpios de corazón, los pacientes, los que lloran (con los que lloran), los que aspiran en sus vidas a la justicia, es decir, a la perfección en el servicio misericordioso. Ypor eso son incomprendidos, marginados o abiertamente perseguidos, pues su modo de vida es una incesante acusación (sólo verlos da grima) y resulta intolerable. Y sin embargo en ellos se realiza el Reino (Proyecto) de Dios. Y por tanto “son dichosos -consolados, ven a Dios. Dichosos más allá de este mundo,. dichosos ya en este mundo, no obstante las desdichas pasajeras. Por su dicha imperturbable irradian en este mundo un ejemplo luminoso de verdad, de bondad y de belleza.

Dicho con otras palabras: Santos son los que en la Bienaventuranza eterna “son semejantes a El (a Dios en Jesucristo), porque le ven tal cual es”. Pero ya en este mundo, viviendo en puridad de vida como hijos de Dios, transparecía en ellos la Imagen de Dios en Jesucristo.

Y santos son también “la muchedumbre inmensa -a la que nos hemos referido antes (1ª Lectura), que nadie podía contar..”, que san Juan contempla y describe en su Apocalipsis. “Los ciento cuarenta y cuatro mil” es expresión equivalente a “muchedumbre incontable”. Son el Nuevo Israel. Llevan “vestidos blancos”: Son la nueva humanidad, purificada, renovada. Llevan “palmas en las manos”: Son los que han vencido a los poderes malignos.

Los santos son perenne actualidad, por mucho tiempo que haya transcurrido y mucho hayan cambiado los tiempos. En sus vidas transparece la perenne actualidad de Dios en Jesucristo por el Espíritu Santo.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

La santidad de muchos


Fruto de la conversión realizada por el Evangelio es la santidad de tantos hombres y mujeres y de nuestro tiempo. No sólo de los que así han sido proclamados oficialmente por la Iglesia, sino también de los que, con sencillez y en la existencia cotidiana, han dado testimonio de su fidelidad a Cristo. ¿Cómo no pensar en los innumerables hijos de la Iglesia, que a lo largo de la historia del Continente europeo, han vivido una santidad generosa y auténtica de forma oculta en la vida familiar, profesional y social? “Todos ellos, como “piedras vivas”, unidas a Cristo “piedra angular”, han construido Europa como edificio espiritual y moral, dejando a la posteridad la herencia más preciosa. Nuestro Señor Jesucristo lo había prometido: “El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y las hará mayores aún, porque yo voy al Padre” (Jn 14,12). Los santos son la prueba viva del cumplimiento de esta promesa, y nos animan a creer que ello es posible también en los momentos más difíciles de la historia” (24).


Juan Pablo II

Exhortación Apostólica Eclesia in Europa. n.14

celebrar mejor


El culto a los difuntos

Desde los tiempos más remotos de la humanidad, los difuntos han sido objeto de un cuidado peculiar, así como el lugar de sus enterramientos. Nuestra liturgia se acomodó en gran parte a los usos del medio ambiente histórico y cultural en los que florecía, no suprimiendo el culto a los difuntos, sino dándole siempre a todos sus ritos una impronta genuinamente cristiana, sobre todo en cuanto al dogma de la resurrección de los muertos.

Y entre las manifestaciones más importantes de la religiosidad del hombre por su hondo sentido humano y transcendente se encuentra el culto a los difuntos. El ansia de la inmortalidad, la resistencia a la disolución del cuerpo, por una parte, y por otra el deseo de mantener los lazos familiares más allá de la muerte, en su afán de tener cerca todavía a los que se han ido de este mundo, han cristalizado en una gran variedad de usos y costumbres relacionados con los muertos. Cada pueblo ha dado forma propia a la expresión de sus creencias sobre el más allá y sobre el hecho mismo de la muerte.

Cualquier manifestación de recuerdo y de oración por los difuntos en el mes de noviembre se prodigan estas manifestaciones. expresa en primer lugar el sentido pascual de la muerte de aquellos que fueron incorporados a Cristo por el Bautismo, que habiendo compartido ya la muerte de Cristo compartirán también un día su resurrección. Por eso la Iglesia ofrece por los difuntos el Sacrificio eucarístico de la Pascua del Señor y ora y celebra sufragios por ellos.

Por otra parte el cristiano no muere solo, sino rodeado de la comunidad de los creyentes, entre los que se encuentran la familia y los amigos, que le encomiendan a Dios, que celebra la Eucaristía y se reúne para darle el último adiós, con la invocación a la Virgen y a los santos… “La Iglesia peregrinante… tuvo conocimiento de esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, y así conservó con gran piedad el recuerdo de los difuntos” (LG 50). (Cf. Liturgia y piedad popular. Directorio litúrgico-pastoral. Secretariado Nacional de Liturgia. PPC. Colección Documentos y Estudios, n. 140, pp. 82-91).


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:
Conmemoración de los Fieles Difuntos.

Lamentaciones 3,17-28. Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Romanos 6,3-9. Andemos en una vida nueva.

Juan 14,1-6. En la casa de mi Padre hay muchas estancias.

Martes 3:
San Martín de Porres (1579-1639), dominico peruano, de vida mortificada, destacó por el amor y cuidado de los pobres.


Romanos 12,5-16a. Cada miembro está al servicio de los otros miembros.

Lucas 14,15-24. Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.

Miércoles 3:
San Carlos Borromeo (1538-1584), cardenal muy joven, arzobispo de Milán, pastor solícito de su grey.


Romanos 13,8-10. Amar es cumplir la ley entera.

Lucas 14,25-33. El que no renuncia a todo, no puede ser discípulo mío.

Jueves 3:


Romanos 14,7-12. En la vida y en la muerte somos del Señor.

Lucas 5,1-10. Habrá alegría en el cielo por un pecador que se convierta.

Viernes 3:

Romanos 15,14-21. Ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, para que la ofrenda de los gentiles agrade a Dios.

Lucas 16,1-8. Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Sábado 3:

Romanos 16,3-9.16.22-27. Saludaos unos a otros con el beso ritual.

Lucas 16,9-15. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?.




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