Domingo de la 2ª semana de Navidad. El Bautismo del Señor – 10/01/2010

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Comentario Pastoral
MEDITACIÓN SOBRE EL BAUTISMO

En el sacramento del Bautismo confluye todo el misterio de la vida: el pasado del pecado, el presente del hombre nuevo y la esperanza del mundo definitivo. El Bautismo es regeneración, vida nueva, nacimiento de lo alto, participación de la resurrección, revestimiento de Cristo, signo de la filiación divina, unción del Espíritu. Contemplado y definido así desde la teología se comprende su importancia y valor. Sin embargo, desde la realidad pastoral concreta, el Bautismo tiene aún ciertos matices de celebración sociológica. Se pide el Bautismo desde diversas instancias: la costumbre, la religiosidad, la tradición familiar. Aunque es verdad que actualmente el nacimiento de un niño y su Bautismo ya no están indisoluble y automáticamente unidos, como ocurría antes. Es creciente la toma de conciencia, por parte de todos, de la seriedad y exigencias que comporta este sacramento frontal, para que no sea un gesto estéril. A quienes abogan radicalmente por el retraso del Bautismo hasta la edad adulta, para que haya un compromiso personal, conviene recordarles algunas de las razones presentadas en el nuevo ritual promulgado como fruto de la reforma litúrgica del Vaticano II: los niños son bautizados no por su fe personal, sino en la fe de la Iglesia, proclamada por los padres, padrinos y la comunidad; la respuesta y conversión personal de los niños es exigencia posterior al Bautismo que necesita una educación progresiva en la fe eclesial.

En este domingo celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Es oportuno recordar las exigencias de nuestro propio bautismo a la luz del Bautismo de Cristo, que fue manifestación de su filiación divina, comienzo de su misión pública, proclamación de una nueva fidelidad, un nuevo amor, y una nueva ley. Los bautizados debemos manifestar en toda circunstancia que somos hijos de Dios, ungidos con un espíritu nuevo, que vence toda cobardía y egoísmo. Porque estamos bautizados tenemos que vencer el miedo a profesar una auténtica conciencia bautismal en todas las circunstancias básicas y a recobrar actitudes fundamentales que han podido abandonarse a lo largo del camino de la vida. Tareas específicas del bautizado son: vivir las obras de la luz en medio de las tinieblas, luchar contra las estructuras de la injusticia, enfrentarse al pecado del mundo, buscar afanosamente la fraternidad universal, construir el futuro de una historia nueva.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
En el bautismo de Cristo en el Jordán
has realizado signos prodigiosos,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,
para manifestar el misterio del nuevo bautismo:
hiciste descender tu voz desde el cielo,
para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros;
y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma,
ungiste a tu siervo Jesús,
para qué los hombres reconociesen en él al Mesías,
enviado a anunciar la salvación a los pobres.


Prefacío del Bautísmo del Señor


Palabra de Dios:

Isaías 42, 1-4. 6-7

Sal 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10

Hechos de los apóstoles 10,34-38

San Lucas 3,15-16.21-22

Comprender la Palabra

Es este Domingo, a la vez, conclusión del Tiempo de Navidad y apertura del Tiempo Ordinario – Domingo Primero – del Año Cristiano.

El Bautismo del Señor en el Jordán, cuyo relato escuchamos en la Lectura del Evangelio, es también EPIFANÍA. En las Iglesias de Oriente, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, no se lee el Relato de los Magos, sino el del Bautismo del Señor. El Rito Bautismal, que Juan Bautista practicaba, al recibirlo Cristo, fue Epifanía; más aún, Teofanía=Manifestación de Dios a través de signos sensibles; fué Manifestación de Dios-Trinidad: la voz audible del PADRE, que declara a Jesús HIJO suyo, enviando sobre EL al ESPÍRITU SANTO en forma de paloma. La paloma, imaginada como materialización del Espíritu. Espíritu significa “viento” (aliento). El Espíritu de Dios avanza sobre “las alas del viento”.

En la Teofanía del Bautismo del Señor contemplamos el doble Misterio de Cristo: Misterio de Encarnación y Misterio Pascual. El Misterio de la Encarnación, que acontece en el seno de la Virgen María, gracias a su SÍ, por la fuerza del Espíritu Santo es proclamado solemnemente en el Jordán por el Padre: “Este es mi Hijo”, posándose sobre El el Espíritu Santo. Ya la vez nos es anunciado el Misterio Pascual: el Paso de la muerte a la Vida. Jesús desciende a las aguas del Jordán, las aguas, que ahogan, símbolo de Pasión y Muerte, para subir, salir de ellas. Símbolo de Resurrección-Ascensión al cielo (“los cielos se abrieron’).

Ambos Misterios: Encarnación y Pascua de Cristo constituyen un solo Misterio – la Encarnación en función de la Pascua – en la Teofanía del Bautismo en el Jordán.

El Misterio de Cristo, en su doble fase: Encarnación y Pascua, es anunciado proféticamente, en las palabras, que Isaías pone en boca del mismo Dios: “Mirad a mi Siervo (el Servidor de Dios=e1 Hijo)…a quien prefiero. Sobre El he puesto mi Espíritu”, para que lleve a cabo su Misión mesiánica, que culmina en el Acontecimiento de la Pascua (1ª Lectura).

Es lo mismo que nos dice el Apóstol San Pedro en su alocución al centurión Cornelio, evocando veladamente la Teofanía del Bautismo de Jesús y resumiendo su Misión Mesiánica.


Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

La educación de los niños


El Hijo de Dios, nuestro Señor, cuando vino al mundo, asumió la condición de niño, e iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. Más tarde, recibió benignamente a los niños y los bendijo, resaltó su dignidad, más aún, los puso como ejemplo para los que buscan de verdad el reino de Dios.

Pero los niños necesitan la ayuda de los adultos para el desarrollo de sus cualidades naturales, de sus facultades morales e intelectuales, e incluso físicas, para que alcancen así la madurez humana y cristiana.



celebrar mejor


El Tiempo Ordinario

El domingo siguiente a la solemnidad de la Epifanía del Señor, dedicado a celebrar el Bautismo del Señor, es la culminación de todo el tiempo litúrgico de Navidad o de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al llamado “tiempo ordinario”. En estas treinta y cuatro semanas, interrumpidas por los tiempos de Cuaresma y de Pascua, no se celebra ningún aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino que se recuerda todo él en su plenitud, de manera especial los domingos. La primera parte comprende seis semanas y media, desde el lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, el 8 de enero, hasta la víspera del miércoles de ceniza, el 20 de febrero, inclusive. Se reanuda de nuevo al día siguiente del domingo de Pentecostés, e1 28 de mayo, en la octava semana.

El tiempo ordinario no es un “tiempo fuerte” como Adviento, Cuaresma o Pascua, pero es un tiempo importante para comprender y asimilar de un modo progresivo y profundo todo el misterio de Cristo y su obra de salvación. Sin él el año litúrgico se vería reducido a meros episodios aislados, en vez de impregnar toda la existencia cristiana de los fieles y de las comunidades.

La proclamación del evangelio adquiere en el tiempo ordinario un relieve mayor que en otros tiempos porque en ella Cristo se presenta dentro de su historia concreta sin otra finalidad que mostrarse a sí mismo en su vida terrena, reclamando de los cristianos la fe en la salvación que él fue realizando día tras día. Las palabras y los hechos de Jesús que se relatan en el Evangelio son considerados en la perspectiva de las promesas del Antiguo Testamento -1ª Lectura – y a la luz de la experiencia eclesial apostólica -2ª Lectura.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:


1 Samuel 1,1-8. Su rival insultaba a Ana, porque el Señor le había hecho fértil.

Marcos 1,14-20. Convertíos y creed en el Evangelio

Martes 3:


1 Samuel 1,9-20. El Señor se acordó de Ana y dio a luz a Samuel.

Marcos 1,21-28 Enseñaba con autoridad.

Miércoles 3:
San Hilario (+367), obispo de Poitiers, destacó por su doctrina, sufrió el destierro.

1 Samuel 4,1-11. Derrotaron a los israelitas y el arca de Dios fue capturada.

Marcos 1,40,45. La lepra se le quitó, y quedó limpio.

Jueves 3:

1 Samuel 8,4-7.10-22a. Gritaréis contra el rey, pero el arca Dios fue capturada.

Marcos 1,40,45. La lepra se le quitó, y quedó limpio.

Viernes 3:


1 Samuel 8,4-7,10-22a. Gritaréis contra el rey pero Dios no os responderá.

Marcos 2,1-12. El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.

Sábado 3:
San Antonio (356), abad, penitente que atrajo muchos discípulos.

1 Samuel 9,1-4-19,10,1a. Este es el hombre de quien hablo el Señor: Saúl regirá a su pueblo.

Marcos 2,13-17. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.



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