Domingo de la 2ª semana de Tiempo Ordinario – 17/01/2010

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Comentario Pastoral
EL SIGNO DEL VINO NUEVO

En el evangelio de este segundo domingo ordinario se pone de relieve que Cristo ha venido a traer el vino nuevo de su caridad, gozo y presencia, ese buen vino de la mejor solera y reserva guardado hasta ahora. En Caná el agua fue convertida en vino, en la eucaristía el vino es la sangre redentora derramada por el Señor. Jesús siempre está cercano a los apuros de los hombres, como lo estuvo en las circunstancias concretas del banquete de bodas de Caná. Se sienta a nuestra mesa y comparte nuestras alegrías lo mismo que sabe llorar con nuestro llanto. Muchas veces nos quedamos como los novios de Caná, sin el vino de la alegría, del amor, de la paz, de la tranquilidad, de la ilusión, del trabajo. Hemos perdido la esperanza y creemos que nuestra situación ya no tiene remedio. Pensamos que nuestro mundo, nuestra patria, nuestra vida es imposible soportar. Estamos en apuros y con nuestra bodega de reserva vacía. Y siempre se puede producir el milagro. Se repite constantemente la petición nada exigente de la Madre Virgen: “no tienen vino”. Y tenemos que obedecer el mandato de Jesús y llenar nuestra tinaja de agua, de lo que aparentemente no tiene valor. Lo que esto significa es nuestra cooperación. Hay que llenar nuestra tinaja para que se realice el milagro. Si estamos vacíos seguiremos vacíos, si estamos llenos de agua nos llenaremos de la plenitud de Dios. El agua de la trivialidad será el vino nuevo de la gracia.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia

“¡Qué matrimonio el de dos cristianos unidos por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina, el mismo servicio! Los dos hijos de un mismo Padre, servidores de un mismo Señor; nada los separa, ni en el espíritu ni en la carne; al contrario, son verdaderamente dos en una sola carne. Donde la carne es una, también es uno el espíritu” (Tertuliano).



Palabra de Dios:

Isaías 62, 1-5

Sal 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 9-10a y c

Corintios 12, 4-11

San Juan 2, 1-11

Comprender la Palabra

El Domingo Segundo del Tiempo Ordinario, en los tres ciclos, escuchamos del Evangelio según San Juan – fragmentos importantes de la Primera Parte -. Este año escuchamos el Relato del Milagro de las Bodas de Caná.

Todos los milagros son epifanías – Teofánias -. Es decir, manifestaciones del poder misericordioso de Dios en Cristo, a través de la Humanidad de Cristo. Sin embargo el Milagro de las Bodas de Caná es declarado solemnemente Epifanía por el Evangelista, pues el Cristo “MANIFIESTO SU CLORIA – su Divinidad – y (consecuentemente) creció la fe de sus discípulos en Él”.

Este Domingo por tanto, como el Domingo pasado (el Bautismo del Señor), cae dentro de la órbita de la Solemnidad de la Epifanía del Señor. Los tres Episodios: la Adoración de los Magos, el Bautismo del Señor y el Milagro de las Bodas de Caná son ingeniosamente armonizados en la Antífona del Cántico Evangélico del Benedictus en la Oración Matutina de Laudes en la Solemnidad de Epifanía: “HOY LA IGLESIA SE HA UNIDO CON SU CELESTIAL ESPOSO, PORQUE EN EL JORDÁN CRISTO LA PURIFICA DE SUS PECADOS. LOS MAGOS ACUDEN CON REGALOS A LA BODA DEL REY Y LOS INVITADOS SE ALEGRAN POR EL AGUA CONVERTIDA EN VINO”.

Cristo, uno entre los invitados a la Boda, llega a ser “el Novio”, “el Esposo”: Dios-Esposo, a quien contempla Isaías en su Visión profética, (1ª Lectura). El es el que a instancias de María, la Madre de Jesús, “la Mujer” figura de la Iglesia, de la Iglesia-Esposa de Cristo, anticipa “la Hora” de dar el “Vino Bueno”, guardado hasta ahora (hasta esta Hora). Es el Vino de su Sangre, derramada en la Cruz; es el Vino de Si mismo, de su Persona, entregada por amor, contenida en el Cáliz de la Eucaristía sacramentalmente, misteriosamente, para alegrarnos a todos. Es el Cáliz, Memorial de su Vida ofrecida, sacrificada, como expiación (purificación)” para el perdón de los pecados”. El Vino Bueno, conserva vigente la intención eficaz del Agua contenida en las seis tinajas “para la purificación (legal) de los judíos”.

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

En la Misa el pueblo de Dios es congregado bajo la presidencia del sacerdote


En la Misa o Cena del Señor el pueblo de Dios es congregado, bajo la presidencia del sacerdote, que actúa en la persona de Cristo, para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico. De ahí que sea eminentemente válida, cuando se hable de la asamblea local de la santa Iglesia, aquella promesa de Cristo: “Donde dos o tres días reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. (Mt 18,20)


(Ordenación General del Misal Romano, 27)

celebrar mejor


Semana de la Unidad – 18-25 enero

El designio de Dios, realizado por Cristo, ha sido convocar a todos los hombres a congregarse en su nombre en una sola Iglesia. Sin embargo. los cristianos estamos divididos: se habla de Iglesia romana, protestante, anglicana, ortodoxa… ¿Es que hay muchas Iglesias de Cristo? ¿Está dividido Cristo? (1 Co 2,14). Si Cristo no se puede dividir, tampoco la Iglesia. Cristo rogó al Padre antes de morir por la unidad de todos los que iban a creer en él: “Padre Santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros…” (Jn 17,11-24).

“Te pedimos, Señor, que manifiestes en nosotros la abundancia de tus misericordias y hagas desaparecer las divisiones entre los cristianos, para que tu Iglesia aparezca como signo luminoso entre los pueblos, y el mundo, iluminado por tu Espíritu, crea en el Cristo que nos enviaste”. (Oración colecta de la Misa por la Unidad de los cristianos) “Por Cristo nos ha conducido, Padre Santo, al conocimiento de la verdad, para hacernos miembros de su Cuerpo mediante el vínculo de una misma fe y un mismo bautismo; por él has derramado sobre todas las gentes tu Espíritu Santo, admirable constructor de la unidad por la abundancia de sus dones, que habita en tus hijos de adopción, santifica a toda la Iglesia y la dirige con sabiduría” (Prefacio)

Para la Semana

Lunes 3:

1 Samuel 15,16-23. Obedecer vale más que un sacrificio. El Señor te rechaza como rey.

Marcos 2,18-22. El novio está con ellos.

Martes 3:

1 Samuel 16,1-13- Ungió Samuel a David en medio de sus hermanos y, en aquel momento le invadió el espíritu del Señor.

Marcos 2,23-28. El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.

Miércoles 3:
Santos Fructuoso, obispo Eulogio y Augurio, díaconos (+250), mártires de la España romana en Zaragoza; o San Fabián (+256), papa y mártir; o San Sebastián, mártir romano, venerado desde muy antiguo.

1 Samuel 17,32-33.37.40-51. Venció David al filisteo con la honda y una piedra.

Marcos 3,1-6. ¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

Jueves 3:
Santa Inés (s. IV), virgen y mártir romana, alabada por muchos Padres.

1 Samuel 18,6-9; 19,1-7. Mi padre Saúl te busca para matarte.

Marcos 3,7-12. Los espíritus inmundos gritaban: “Tú res el hijo de Dios”, pero él les prohibía que lo diesen a conocer.

Viernes 3:
San Vicente (+304)m diácono zaragozano martirizado en Valencia.

1 Samuel 24,3-21. No extenderé la mano contra él, porque es el ungido del Señor.

Marcos 3,13-19. Fue llamando a los que él quiso y los hizo sus compañeros.

Sábado 3:
San Ildefonso (606-667), arzobispo de Toledo, defensor de la virginidad de María.


1 Samuel 1.1-4. 11-12.19.23-27. ¡Cómo cayeron los valientes en medio del combate!

Marcos 3,20-21. Su familia decía que no estaba en sus cabales.



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