Domingo de la 2ª semana de Pascua – 11/04/2010

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Comentario Pastoral
LA FE EN EL RESUCITADO

Este domingo, que cierra la octava de Pascua, suele llamarse “in albis”, es decir, de las vestiduras blancas que habían llevado los nuevos bautizados durante toda la semana.
Todos, cristianos de ayer o desde hace mucho tiempo, somos de alguna manera “recién nacidos”, tenemos la necesidad de comprender mejor” que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido”, como reza la Oración colecta de la Misa.
El relato de la aparición de Cristo a los diez apóstoles y luego a Santo Tomás, muestra aquí su luz y su certeza, a la vez que expresa por boca del mismo Tomás la fe de todas las generaciones cristianas: “Señor mío y Dios mío”. Debemos pensar que los cristianos muchas veces, como los Apóstoles, estamos encerrados por el miedo a los hombres y unidos por la muerte. Es necesario que venga y se aparezca Cristo, que abra puertas y ventanas, para que salgamos a testimoniar la fe pascual, a proclamar que con la resurrección el futuro se ha hecho presente. Este futuro nuestro es cuestión de fe, no de evidencia. Por eso es necesario superar un concepto táctil y comprobador de tener que meter las manos para estar seguros de lo que creemos.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristo, nuestra Pascua ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna,
los creyentes atraviesan los umbrales del reino de los cielos;
porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida
y en su resurrección hemos resucitado todos.


Prefacio pascual II


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 5, 12-16 Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27a
Apocalipsis 1, 9-1 la. 12-13. 17-19 San Juan 20, 19-31

Comprender la Palabra

Este Domingo de Páscua es bifronte; es dos Domingos a la vez: Es el Domingo pasado el Domingo de Pascua en la Resurrección del señor, el Domingo Primero de Pascua, distendido, estirado, hasta Hoy, durante ocho días; es por tanto el Día Octavo, el último de la Octava… Y es también el Domingo Segundo de Pascua. No sólo los Días de la Octava, todo el Tiempo Pascual – la Cincuentena Pascual – debe celebrarse como un solo Día, como un gran Domingo.

Por tanto en la Lectura del Evangelio escuchamos dos relatos de Apariciones del Señor a los discípulos: la acaecida al atardecer del primer día de la semana (el Domingo pasado) y la sucedida “a los ocho días”, es decir, Hoy. Una figura da la nota y se convierte, después de Jesucristo, en centro de interés por su resistencia a creer: Santo Tomás. Y no fueron menos resistentes a creer Pedro y los demás Apóstoles, cuando por la mañana temprano algunas mujeres fueron a decirles que habían visto a Jesús resucitado. “Señor mío y Dios mío”, exclama Tomás – auténtica confesión de fe – al contemplar al Señor Resucitado – sus llagas en las manos, en los pies y en el costado – . Las Apariciones no dispensan de la fe.

En la 1ª Lectura de los Hechos de los Apóstoles (en tiempo Pascual no se lee del A.T.), en este 2º Domingo de Pascua, se lee uno de los tres sumarios o resúmenes – este año (ciclo C) el tercero – sobre la vida de la primitiva Iglesia de Jerusalén, considerada por San Lucas como la Iglesias Madre. Los elogios que hace son excesivos quizá pretende que las demás iglesias aspiren a la perfección de la que Lucas considera punto de partida de las Misión Apostólica… Todo el Libro de los Hechos de los Apóstoles responde a la pregunta: “¿Qué ha pasado a partir del Acontecimiento de la Pascua? Y la respuesta es: la Iglesia en su expansión en medio del mundo.

Este año, ciclo C, en las 2ª Lectura escuchamos fragmentos seleccionados del Libro de El Apocalipsis. Todo él consiste en sucesivas visiones-revelaciones, descritas en lenguaje simbólico, sobre el futuro de la Iglesia en medio del mundo, dominando provisionalmente por las potencias del Mal. Hoy escuchamos la Visión-Revelación inicial de Jesucristo Glorioso. En sucesivas visiones contemplaremos la Iglesia en su dimensión escatológica, más allá de este mundo.

Avelino Cayón

Domingo de la Divina Misericordia

El Santo Padre Juan Pablo II quiso que este domingo se celebrara como la fiesta de la Misericordia Divina: en la palabra misericordia encontraba sintetizado y nuevamente interpretado para nuestro tiempo todo el misterio de la Redención. Vivió bajo dos regímenes dictatoriales y, en contacto con la pobreza, la necesidad y la violencia, experimentó profundamente el poder de las tinieblas, que amenaza el mundo también en nuestro tiempo. Pero también experimento con la misma intensidad, la presencia de Dios, que se opone a todas estas fuerzas con su poder totalmente diverso y divino: con el poder de la misericordia. Es la misericordia que pone un límite al mal. En ella se expresa la naturaleza del todo peculiar de Dios: su santidad, el poder de la verdad y del amor.

Hace cinco años, después de las primeras Vísperas de esta festividad, Juan Pablo II terminó su existencia terrena. Al morir entró en la luz de la Misericordia divina, desde la cual como más allá de la muerte y desde Dios, ahora nos habla de un modo nuevo. Tened confianza – nos dice – en la Misericordia divina.

Benedicto XVI

Avelino Cayón


celebrar mejor


La Cincuentena Pascual

“Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo. Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya”. Los domingos de este tiempo han de ser considerados y 1lamados como “domingos de Pascua” y tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor y cualquier solemnidad.
Los cincuenta días de Pascua se caracterizan por la ausencia de elementos penitenciales y ]a acentuación de los festivos. La música, el canto, las vestiduras, las flores, las lecturas y demás textos litúrgicos están orientados a expresar los sentimientos de júbilo y alegría. Se repite constantemente “Aleluya”, que se inauguró en la Vigilia Pascual, como el heraldo de la buena noticia de la resurrección. Esta palabra, de origen hebreo, significa “alabanza de Dios” y se ha heredado del Antiguo Testamento. Es difícil traducirla exactamente. Expresa a la vez un sentimiento de alabanza y de gozo. El ideal sería cantar siempre el Aleluya. El cirio pascual, colocado junto al ambón y el altar, bien visible, se enciende en todas las celebraciones litúrgicas de este tiempo. La aspersión con el agua bendita, recuerdo del bautismo, sustituye al acto penitencial, y es propio sobre todo de esta cincuentena. Otros elementos propios son: el canto de Gloria, la bendición solemne al final de la Misa…
Dos libros del Nuevo Testamento tienen la preponderancia durante la cincuentena pascual: los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de San Juan. El primero sustituye en la primera lectura de la Misa al Antiguo Testamento. Muestra a 10 largo de los siete domingos en el ciclo de los tres años, de una manera progresiva y paralela, diversas facetas de la vida y del testimonio de la iglesia primitiva. La Iglesia ha visto siempre una afinidad particular del evangelio de san Juan con el tiempo pascual: profundizar mejor el misterio de Cristo. Ve el desarrollo de la vida de Jesús a la luz de la gloria de la Pascua.


J. L. O.

Para la Semana

Lunes 12:

Hechos 4,23-31. Al terminar la oración, los llenó a todos el Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la palabra de Dios.

Juan 3,1-8. El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.

Martes 13:

Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.

Juan 3,5a.7b-15. Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Miércoles 14:


Hechos 5,17 -26. Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.

Juan 3,16.21. Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él.

Jueves 15:

Hechos 5,27-33. Testigo de esto somos nosotras y el Espíritu Santo.

Juan 3,31-36. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.


Viernes 16:



Hechos 5,34~42. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Juan 6,1-15. Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.

Sábado 17:


Hechos 4,32-37. Todos pensaban y sentían lo mismo.

Juan 3,5a.7b-15. Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.



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