Domingo de la 11ª semana de Tiempo Ordinario. – 13/06/2010

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Comentario Pastoral
AMOR Y PERDÓN

Amor y perdón interaccionan mutuamente. Perdona el que amó hasta entregar la vida y ama el que se siente perdonado. La diferente actitud de la Magdalena y el fariseo hace verdadera aquella frase de Pascal: “Hay dos clases de hombres: los unos justos que se creen pecadores, y los otros pecadores que se creen justos”. La conversión comienza cuando uno se reconoce como pecador y se encuentra a sí en la actitud receptiva de fe en Cristo, que salva contra toda esperanza y seguridad humanas.

El mensaje central de este domingo undécimo puede resumirse así: el Dios que se revela en Cristo es un Dios que ama y perdona. El hombre para reconocer,.su pecado necesita de una presencia profética que le ayude a tomar conciencia de su situación con la inevitable claridad de la propia verdad.

San Lucas, que es el evangelista de la misericordia, propone el tema en tres etapas sucesivas: el encuentro ocasional de Jesús con una pecadora durante un banquete en casa de un fariseo; la reacción escandalizada del fariseo (los fariseos no practican la hospitalidad para con los pecadores) y la consiguiente parábola de los dos deudores aplicada a la mujer; por último, el anuncio del perdón a la mujer, puesto en relación con su amor.

Dios siempre toma la iniciativa en el amor y lo hace gratuitamente; el hombre que se siente amado, perdonado y acogido por Dios expresa su arrepentimiento agradecido en un amor fiel y profundo. Amor y perdón son recíprocamente relación y dependencia: de una parte el perdón es pura gratuidad de Dios y acogida, donde el hombre se abre al amor; y de otra, el hombre que ama se siente potenciado por el perdón y libre para poder amar más.

Es importante subrayar que el amor, lo mismo que la fe, se expresa en obras y en gestos. La Magdalena expresó en gestos todo el amor-dolor que almacenaba en su vida: rompió el frasco, lavó en lágrimas los pies del Maestro, los limpió y secó con sus propios cabellos, besó sin descanso los cansados pies de Jesús. Porque supo amar mucho y de verdad, sus pecados desaparecían del mismo modo que se deshacían sus lágrimas. Quedó limpia su fe fortalecida, su alma pacificada.

Hay que imitar a la Magdalena en saber llorar por dentro nuestros pecados (es la conversión) sin ser plañideros fáciles, pero sobre todo en amar de verdad, profundamente, “a tope”, como diría un joven de hoy.


Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Samuel 12, 7-10. 13 Sal 31, 1-2. 5. 7. 11
San Pablo a los Gálatas 2, 16. 19-21 San Lucas 7, 36-8, 3

Comprender la Palabra

Reanudamos este Domingo, la Lectura semicontínua del Evangelio según San Lucas, que quedó interrumpida con el comienzo de la Cuaresma.

San Lucas introduce el episodio, con la Parábola en él incluida, que hoy escuchamos, oportunamente después de las comparación entre Jesús y Juan Bautista: “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía y decís: Tiene un demonio; ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: “Vaya un comilón y borracho, amigo de recaudadores y descreídos…”

Una mujer, pecadora pública, se introduce en la sala del Banquete. Jesús la conocía, la había escuchado, digamos, en confesión y le había otorgado el perdón de sus pecados, devolviéndole la dignidad y la libertad perdidas y dando a su vida un sentido nuevo. Por tanto pudo acceder sin impedimento alguno, colocándose a los pies de Jesús, recostado en su diván.

Ni los comensales ni el anfitrión están al tanto de lo sucedido entre Jesús y la mujer, cuyo nombre no se nos desvela, y piensan mal. Jesús responde a los malpensantes con una breve Parábola, la de los dos Deudores, con sus conclusiones.

“Sus muchos pecados – que Jesús conoce por confesión de la Mujer – le son perdonados, porque tiene mucho amor”. Es incuestionable que el amor (arrepentimiento, contrición, dolor de corazón, junto con el propósito de enmienda) llevas consigo el don del perdón de Dios , si bien el perdón obtenido dimana como se su fuente de la Absolución sacramental, cuando el penitente la reciba, supuesta la vigilancia del Sacramento de la Penitencia a partir del Acontecimiento de la Pascua… Las lágrimas, los besos, el perfume del frasco derramado, son la expresión del agradecimiento por la atención misericordiosa y el perdón, que Jesús la dispensó…. Probablemente sería una de aquellas mujeres, que, como añade San Lucas, asistían a Jesús en su Ministerio Mesiánico y a los Doce.

Oportunamente escuchamos en la 1ª Lectura el famoso pecado de David; el doble crimen de adulterio y asesinato. Reconvenido por el Profeta Natán, David se arrepiente y satisface ejemplarmente.

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Vino


El vino, juntamente con el pan, es el signo sacramental más importante para los cristianos: es el sacramento de la donación de Jesús Resucitado, que se da él mismo como alimento para nuestro camino.

El vino es “fruto de la vid y del trabajo del hombre”. Es la bebida festiva por excelencia, y significa alegría y vitalidad. Humanamente habla de amistad y comunión con los demás, infunde inspiración.

En el Antiguo Testamento los tiempos mesiánicos se comparan con un convite de vino de solera. Y las varias copas de vino de la cena pascual judía expresan la alegría festiva de su Alianza con Dios. El vino nuevo, reservado para el final en las bodas de Caná simboliza los tiempos mesiánicos ya inaugurado en Cristo.

El mismo Cristo se definió a sí mismo como la Vid verdadera. y en cada Eucaristía repetimos sobre el cáliz de vino: “tomad y bebed todos de él: éste es el cáliz de mi Sangre, derramada por vosotros y por todos los hombres…”. El vino, apuntando a la Sangre de Cristo, nos pone en comunión con el sacrificio pascual de Cristo en la cruz, a la vez que nos hace preguntar la Alegría del Reino de los últimos tiempos.

Cristo no eligió cualquier bebida, como el agua, por ejemplo, sino el vino, bebida fuerte, llena de vitalidad.

celebrar mejor


EL CULTO A LA EUCARISTÍA FUERA DE LA MISA

El culto a la Eucaristía encuentra su expresión natural y su lugar propio en la celebración de la Misa. Oraciones y lecturas, actitudes y sentimientos, signos y gestos permiten a los fieles rendir al Padre por Cristo en el Espíritu un culto en espíritu y en verdad. Pero e] culto eucarístico no se agota en la misa, se prolonga fuera de la celebración en multiplicidad de formas que constituyen una manifestación de fe y piedad del pueblo cristiano y son irradiaciones vivas y eficaces de ]a misma celebración eucarística. El fin primero y primordial de la reserva de las sagradas especies fuera de la Misa es la administración del Viático; los fines secundarios son ]a distribución de la comunión y la adoración de Nuestro Señor Jesucristo presente en el sacramento. Pues la reserva de las especies sagradas para los enfermos ha introducido la laudable costumbre de adorar este manjar del cielo conservado en las iglesias. Él es e] Emmanuel, es decir, “Dios con nosotros”. Pues día y noche está en medio de nosotros, habita con nosotros lleno de gracia y verdad. Los fieles, permaneciendo ante Cristo, el Señor, disfrutan de su trato íntimo, le abren su corazón por sí mismo y por todos los suyos y ruegan por la paz y la salvación del mundo.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 14:

1 Reyes 21,1-16. Nabot ha muerto apedreado.

Mateo 5,38-42. Yo os digo: No hagáis frente al que os agravia.

Martes 15:
En Madrid: Dedicación de la Catedral de la Almudena, consagrada por Juan Pablo II el 15 de junio de 1993.

1Corintios 3,9b-13,16-16- Sois templos de Dios.

Lucas 19,1-10. Hoy ha sido la salvación de esta casa.

Miércoles 16:
En Madrid: Santa María Micaela del Santísimo Sacramento (1809-1865), virgen, devota de la Eucaristía, fundadora de las Adoratrices.

2 Reyes 2,1-6-14. Los separó un carro de fuego y Elías subió al cielo.

Mateo 6,1-6.16-18. Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

Jueves 17:

Eclesiástico 48,1-15. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espirítu.
Viernes 18:


2 Reyes 11,1-4,9-18.20. Ungió a Joás, y todos aclamaron: ¡Viva el rey!

Mateo 6, 19-23. Donde está tu tesoro, allí está tu corazón.

Sábado 19:
San Romualdo (950-1 027), abad. A partir de 978 se dedicó a reformar y fundar monasterios en los que intenta infundir una nueva orientación: penitencia, soledad y austeridad de vida.

2 Crónicas 24,17-25. Zacarías, el que matasteis entre el santuario y el altar.

Mateo 6,24-34. No os agobiéis por el mañana.



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