Domingo de la 12ª semana de Tiempo Ordinario. – 20/06/2010

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Comentario Pastoral
¿QUIÉN ES CRISTO?

Los cristianos debernos hacernos dos preguntas: ¿Quién es Cristo para mí? ¿Quién soy yo para Cristo?”. Reconocer a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre obliga a revertirse de Cristo, es decir, alcanzar el verdadero “ser cristiano”. Todos tenemos que meditar la respuesta del apóstol Pedro, que por reconocer el primero en Jesús al Mesías, lo convierte en fundamento primero de la Iglesia. Jesús se apresura a decir que su mesianismo, su salvación, pasa necesariamente por el dolor y la cruz; que seguirle es negarse a sí mismo; que sólo vale algo la vida si se entrega por los demás.

Hay preguntas que parecen inútiles y superadas, pero que son fundamentales, La pregunta de Cristo “¿quién decís que soy yo?”, que se lee en el Evangelio de este domingo, es una pregunta que cuestiona seriamente y compromete la decisión consciente de seguirlo,

No bastan las respuestas sabidas de¡ catecismo. No vale evadirse: “unos dicen … otros dicen…. los de más allá ignoran, etc”. Hay que responder desde la experiencia de la fe, con el valor de la esperanza y en la sinceridad del amor. Solamente se puede llamar cristiano a quien sabe responder a esta pregunta fundamental.

¿Quién es Dios? ¿un ser lejano? ¿alguien que habita en el cielo o en morada que no sabemos ubicar con exactitud? 0 por el contrario, ¿el Dios en quien creemos es el Padre de Jesucristo y nuestro Padre? Evidentemente, es un Dios desconcertante, un Dios que no acabamos de entender del todo porque sus caminos no son nuestros caminos. Es un Dios que sentirnos cerca y al que escuchamos porque creemos en su Palabra, que se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros.

El Dios revelado por Jesucristo no es un remedio de emergencia, una medicina de última hora para los casos desesperados, cuando todo falta. Dios es plenitud, vida, amor y salvación. Creer en Dios es admitir lo eterno en nuestra finitud y saber que también se nos revela en lo opaco, en lo desconcertante. Por eso la fe supone riesgo, decisión; no es vacío, sino firmeza. A veces la fe es vivir en un interrogante profundo, que nos hace más sinceros y auténticos.

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Por Jesucristo, tu Hijo amado, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas,
y nos lo enviaste, para que hecho hombre del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen,
fuera nuestro Salvador y Redentor.
Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección,
extendió los brazos en la cruz y así adquirió para ti un pueblo santo.


Prefacio Plegaria Eucarística


Palabra de Dios:

Zacarías 12, 10-11; 13, 1 Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9
san Pablo a los Gálatas 3, 26-29 san Lucas 9, 18-24

Comprender la Palabra

En la lectura del Evangelio de este Domingo escuchamos la solemne Confesión de Fe de Pedro, en nombre de los Doce: “TÚ ERES EL MESÍAS (CRISTO). No tienen en San Lucas estas palabras de Pedro la relevancia que tienen en que divida San Marcos su Relato Evangelio. Tampoco tienen las palabras de Pedro la importancia que les da Mateo añadiendo el elogio y la promesa de Jesús a Pedro (”Dichoso tú Simón… tú eres Pedro…”).

La Confesión de la Fe de Pedro en nombre de los Doce expresa la firmeza, la maduración de la Fe Apostólica, que será fundamento de la fe de la Iglesia.

Las pregunta, que Jesús les hace sobre El mismo, estaba en el ambiente. Pocas líneas más arriba también Herodes
se pregunta sobre Jesús. No es otro el interés de Herodes por ver a Jesús, que el de tantos en el curso de la Historia sin abrirse a la fe en Él. Sin embargo Jesús es siempre figura inquietante, a nadie deja indiferente.

Jesús prohibe propalar su título de Mesías en evitación de falsos entendidos…. Llegará un día en que Jesús proclamará abiertamente que Él es el Mesías , porque ya no habrá lugar a malentendidos.

A partir de la Confesión de Fe de Pedro, comienza Jesús a enseñar a sus discípulos como Él es el Mesías. No un Mesías triunfante en este mundo, sino un Mesías paciente y victorioso más allá de este mundo.

A propósito del Primer Anuncio que el Señor hace a los discípulos de la Pasión-Resurrección,y de la exhortación, que nos hace a todos (por el camino iniciado), llevando la propia cruz, escuchamos, en la 1ª Lectura, las emotivas palabras puestas por Zacarías en boca del futuro Mesías Cristo, en su pasión; “Me mirarán a Mí al que atravesaron (recordemos el episodio de la lanza del soldado)… Harán llanto por el Hijo Único…”(Los que bajan del Calvario, llorando y dándose golpes de pecho), según indicaciones de Juan y de Lucas respectivamente.

El Señor “derrama su Espíritu de gracia y de clemencia” sobre los que “ se niegan a sí mismos y pierden su vida por causa de Cristo para salvarla” (Resurreción)

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Diálogos y aclamaciones entre el sacerdote y los fieles


Puesto que la celebración de la Misa, por su propia naturaleza tiene carácter comunitario, tienen una gran fuerza los diálogos entre el sacerdote y los fieles congregados y asimismo las aclamaciones. Ya que no son solamente externas de una celebración común, sino que fomentan y realizan la comunión entre el sacerdote y el pueblo.


(Ordenación General del Misal Romano, 34)


al ritmo de la semana


NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA – Jueves, 24 de junio


Juan el Bautista, el hombre de los desiertos, el hombre que no se resigna a creer que Dios no pueda cumplir la promesa. Él ha visto amanecer ya el Día, ha podido percibir cómo el desierto le tendía la mano. No le ha faltado el alimento diario, ni el agua en momentos de bochorno. En este amanecer ha comprendido que el día camina hacia su plenitud y que los hombres vivirán sin temor, como hijos, una vez que llegue el Compasivo.

Nacimiento de Juan el Bautista: ¿Será un privilegiado entre los nacidos de mujer? Y el más pequeño en el reino de los cielos, ¿no será tan privilegiado como él? Buen día para preguntarnos por el futuro de nuestros niños: ¿qué será de estos niños? Porque también su nacimiento y su vida es prueba palpable del amor misericordioso del Padre. ¿Seremos capaces de dedicarles el tiempo que sea necesario para que crezcan y se fortalezcan en el Espíritu’~ ¿Les alejaremos de tanto ruido vacío del mundo para introducirlos en la sonoridad del desierto donde puedan escuchar con sorpresa al Dios que habla y anuncia la paz a sus amigos y a aquellos que se convierten de corazón?

Si. Muchos de ellos han salido ya al desierto, han encontrado manantiales de agua viva y, subidos sobre los montes, empiezan a hacer señas a los hombres mostrándoles el camino del Mesías que avanza por el desierto y trae la paz.



Tirso Vaquero

Para la Semana

Lunes 21:

2 Reyes 17,5-8.13-15a.18. El Señor arrojó de su presencia a Israel, y sólo quedó la ciudad de Judea,

Mateo 7,1-5. Sácate primero la viga del ojo.

Martes 22:
San Paulino de Nola (355-43 l), primero vivió en matrimonio, después monje, finalmente, obispo. San Juan Fisher (1469-1535), obispo de Roff, luchó contra los errores de su tiempo y Santo Tomás Moro (1477-1535), canciller del rey de Inglaterra, ambos decapitados por Enrique VII.

2 Reyes l9,9b-l 1, 14-21.31-35a.36. Yo escucharé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David.

Mateo 7,6.12-14. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.


Miércoles 23:

2 Reyes 22-8-13; 23,1-3. El rey leyó al pueblo el libro de la alianza encontrado en el templo y selló ante el Señor la alianza.

Mateo 7,15-20. Por sus frutos los conoceréis.

Jueves 24:
Natividad de San Juan Bautista. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan, para dar testimonio de la luz y preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto.



Isaías 49,1-6. Te hago luz de las naciones.

Hechos 13,22-26. Antes de que llegara Cristo, Juan predicó.

Lucas 1,57-66. El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.


Viernes 25:
San Pelayo (+925), mártir de la castidad a los 14 años en Córdoba.

2 Reyes 25,1-12. Marchó Judá al destierro.

Mateo 8,1-4. Si quieres, puedes limpiarme.


Sábado 26:

Lamentaciones 2,2.10-14.18-19. Grita al Se flor, laméntate, Sión.

Mateo 8,5-17. Vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán Isaac y Jacob.



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