Domingo de la 15ª semana de Tiempo Ordinario. – 11/07/2010

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Comentario Pastoral
¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?

En el camino de la vida el hombre se pregunta quien es su prójimo y la Palabra de Dios le responde que el problema es otro: hacerse y sentirse en todo circunstancia próximo y prójimo de los demás. La maravillosa parábola del buen samaritano, que se lee en este domingo, es un reflejo de cómo hay que vivir en concreto la ley del amor a Dios y a los hombres.

Conviene recordar que Dios ha sido el primero que se ha hecho próximo al hombre a través de su palabra y de la manifestación de su poder. La Biblia está salpicada de diálogos con el hombre ya desde las primeras páginas del Génesis. Pero sobre todo Dios se ha hecho próximo en su Hijo, mediador único y universal, de quien proviene todo y es fuente del amor misericordioso del Padre. Cristo es el verdadero Buen Samaritano, que antes de enseñar la parábola, la hizo realidad en su vida acogiendo a todos, amando a los pobres, perdonando a los pecadores, defendiendo a los marginados, curando a los enfermos, salvando hasta entregar la última gota de su sangre en la cruz.

En un mundo en que se acercan las distancias y se incrementan a todos los niveles las comunicaciones, muchos hombres no logran estar próximos a otros porque las actitudes interiores diversas no van en consonancia con la proximidad física. ¡Cuántos están solos en medio del barullo de la gran ciudad! Reciben codazos al andar entre la multitud y no reciben ninguna muestra de amor

Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Jesús, nuestro Redentor, en su vida terrena, pasó haciendo el bien
y curando a los oprimidos por el mal.
También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre
que sufre en su cuerpo o en su espíritu,
y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor, vislumbramos la luz pascual, en tu Hijo muerto y resucitado.



Prefacio común VIII


Palabra de Dios:

Deuteronomio 30, 10-14 Sal 68, 14 y 17. 30-31. 33-34. 36ab y 37
san Pablo a los Colosenses 1, 15-20 san Lucas 10, 25-37

Comprender la Palabra

Escuchamos este Domingo, en la Lectura del Evangelio, la muy conocida y comentada Parábola (Hecho de vida) así llamada del Buen Samaritano.

La Parábola viene motivada por el diálogo previo entre Jesús y un letrado, que pregunta a Jesús para ponerlo a prueba. En el fondo, el precepto fundamental del amor a Dios y al prójimo; Precepto, revelado por Dios v.gr., en el Libro del Deuteronomio y que requiere la fe-conversión (”Conviértete al Señor tu Dios…”). Es la Ley Natural: “ El Mandamiento que está muy cerca de tí, – escrito – en tu corazón y en tu boca” (1ª Lectura).

Pero el Letrado insiste: “y ¿quién es mi prójimo?” Entonces Jesús cuenta la Parábola: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó…”

Al contar la Parábola no perdamos de vista que Jesús va de CAMINO.

El Camino emprendido de Galilea a Jerusalén. La Parábola se localiza precisamente en el último tramo del Camino, por donde Jesús subirá a Jerusalén.

La Parábola de Jesús sin duda corrige el punto de vista del Letrado en doble sentido: a)- El prójimo no es sólo el necesitado, que nos sale al encuentro; el,prójimo es también el necesitado al que acudimos a socorrerlo, al que nos aproximamos. Por eso Jesús, al final de la Parábola reformula la pregunta inicial: “¿Quién de los tres se portó como prójimo…? b) – El amor al prójimo, en Cristo, se universaliza. No sólo será prójimo el amigo el que de la propia etnia… También el despreciado. Pensemos en la animadversión entre Judíos y samaritanos. Jesús fue insultado en cierta ocasión como samaritano; y en otra ocasión no fue Jesús acogido por samaritanos por ser judío. En la Parábola es un samaritano el que muestra la misericordia de Dios al hombre, quizá judío malherido.

La Parábola razonablemente se presta a la alegoría. Cuando Jesús nos dice, se nos dice. El es el Buen Samaritano. El único que puede curarnos. Sólo El puede “vendar nuestras heridas”, echándoles aceite y vino” – la Santa Unción de los enfermos y la Eucaristía. Sacramentos de curación -; sólo El sigue curándonos “ en la Posada, a través del posadero – la Santa Iglesia hasta que El vuelva”.

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Otras formulas de la Misa


Algunas fórmulas de la Misa tienen por si mismas el valor de rito o de acto, por ejemplo, el Gloria, el salmo responsorial, el Aleluya y el versículo antes del Evangelio, el Santo, la aclamación de la anámnesis (después de la Consagración), el canto después de la Comunión.

Otras, en cambio, simplemente acompañan a un rito, como los cantos de entrada, del ofertorio, de la fracción (Cordero de Dios) y de la Comunión (Ordenación General del Misal Romano, 37)





al ritmo de la semana


SAN BENIT0, Abad. Patrono de Europa, 11 de julio

Con razón, se ha llamado a San Benito padre de los monjes de Occidente y fue declarado por Pablo VI en 1964 patrono de Europa, juntamente con los santos Cirilo y Metodio. Su nombre significa “bendito” bendito de Dios y de su Iglesia. Nació Benito en Nursia por el año 480. Luego de haber estudiado en Roma, con la idea de romper con el mundo se retiró a Subiaco para llevar una vida eremética. Se trasladó después a Casino, en donde fundó el célebre monasterio y escribió la Regla para los monjes. Pronto se extendió desde Monte Casino por el occidente europeo una red de monasterios, observantes de la Regla de San Benito, en la que supo conjugar la experiencia ascética del oriente cristiano y el sentido humano de la vida occidental con los más puros valores del Evangelio.

San Benito quiso fundar una escuela en que se aprendiera a “servir al Señor”, por la senda de los mandamientos con libertad de corazón”; hizo de la concordia fraterna y de la paz el alma de la vida comunitaria, insistiendo por encima de todo en el servicio de Dios por medio de la oración y de la disponibilidad con los hermanos, en los que hay que descubrir al mismo Jesús.

Los monjes benedictinos, cuyo lema es llorar y trabajar” llevaron a cabo silenciosa y pacientemente durante largos siglos, la tarea de evangelización de los pueblos bárbaros, que en su día se asentaron en la Europa Occidental. Y, con el Evangelio, supieron llevarles también la cultura en todas sus dimensiones: desde el cultivo del campo hasta las letras y la convivencia ciudadana



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 12:

Isaías 1,10-17. Lavaos, apartad de mi vida vuestras malas acciones.

Mateo 10,34-11,1. No he venido a sembrar paz, sino espadas.

Martes 13:
San Enrique (973-1024), emperador, se distinguió por su labor misionera y reformadora.

Isaías 7,1-9. Si no creéis, no subsistiréis.

Mateo 11,20-24. El día del juicio le será más llevadero a Tiro y Sidón y a Sodoma que a vosotros.


Miércoles 14:
San Camilo de Lelis (1550-1614), presbítero, primer militar, después al servicio de los enfermos.

Isaías 10,54.13-16. ¿Se envanece el hacha contra quien la blande?

Mateo 11,25-27. Has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla.


Jueves 15:
San Buenaventura (1218-1274), filósofo y doctor, superior general de los franciscanos, cardenal de la diócesis de Albano,

Isaías 26,7-9.12.16-19. Despertarán jubilosos los que habitan en el Reino.

Mateo 11,28-30, Soy manso y humilde de corazón.

Viernes 16:
Nuestra Señora del Carmen. Advocación popular de la Virgen, unida a la Orden Carmelitana.

Zacarías 2,14-17. Alégrate, hija de Sión, que yo vengo.
Mateo 12,46-50. Señalando con la mano a los discípulos, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos”.

Sábado 17:


Miqueas 2,1-5. Codician los campos y se apoderan de las casas.

Mateo 12,14-2 1. Les mandó que no le descubrieran. Asa se cumplió lo que dijo el profeta.




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