Domingo de la 21ª semana de Tiempo Ordinario. – 22/08/2010

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Comentario Pastoral
ESFORZARSE POR LA SALVACIÓN

La salvación siempre supone esfuerzo, decisión, conversión continua. El Reino que se nos promete es para los valientes, animosos y alentados. Para salvarse no basta con estar inscrito en el registro parroquial, ni haber entrado una vez a la Iglesia por medio del bautismo, sin querer entrar todos los días por la puerta estrecha de la fidelidad al mensaje evangélico y del compromiso personal.

Las puertas de la gracia se abren de par en par, pero son estrechas, pues la oferta de perdón y salvación supone y exige adelgazar en nuestra cobardía y egoísmo. Nuestro verdadero salvoconducto o pasaporte no es aquel que dice: “católico de toda la vida” ó “bautizado de niño”, sino la hoja de servicios de cada día que con borrones testimonia nuestra actitud personal de conversión y esfuerzo por superar el pecado.

No nos vale decir al Señor que “hemos comido y bebido contigo…”pues este argumento solamente puede significar que hemos conocido a Jesús, pero no he-mos transformado nuestra vida bajo las exigencias de su llamada.

Lo más consolador del evangelio de este domingo es que 9os últimos serán los primeros”. Estamos a tiempo. No hay lugar para el desánimo. Tenemos puesto reservado para sentarnos a la mesa en el Reino de Dios, si practicamos la justicia. Lo que importa es avanzar por el camino estrecho que nos lleva a la salvación.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Como reinar en el cielo no es otra cosa que confundirse de tal modo con Dios y con todos los santos, ángeles y hombres, por el amor, en una sola voluntad, que todos juntos no ejercen más que un sólo y único poder, ama a Dios más que a ti mismo, y comienzas ya a tener lo que allí deseas perfectamente poseer, Ponte de acuerdo con Dios y con los hombres -con tal que éstos no estén en desacuerdo con Dios-, y ya empiezas a reinar con Dios y con todos los santos. Pues en la medida en que estés ahora de acuerdo con la voluntad de Dios y de los hombres, concordarán entonces Dios y todos los santos con tu voluntad. Si quieres, pues, ser rey en el cielo, ama a Dios y a los hombres como debes, merecerás ser lo que deseas.

San Anselmo de Cantorbery, Carta 112


Palabra de Dios:

Isaías 66, 18-21 Sal 116, 1. 2
Hebreos 12, 5-7. 11-13 san Lucas 13, 22-30

Comprender la Palabra

“¿Serán pocos los que se salven?” pregunta uno a Jesús. La pregunta es intencionada, quizá malintencionada, Por “pocos” entiende el que pregunta los judíos exclusivamente; en manera alguna los no-judíos, a no ser que se hicieran judíos de religión.

Jesús responde indirectamente. Se salvan los que entran en “la sala del Banquete” del Reino de Dios; los que “se esfuerzan en entrar por la puerta estrecha”, que da acceso a la Sala del Banquete del Reino de Dios. Es decir, los que responden sinceramente a la llamada de Dios en “la enseñanza”, que Jesús va impartiendo, mientras va de camino a Jerusalén (De nuevo la reiterada advertencia de San Lucas sobre el “camino “, que conduce a Jesucristo al Acontecimiento de su Pascua, que tendrá lugar en Jerusalén),

Se salvarán, por tanto, todos los que respondan a la llamada de Dios -la llamada de Dios en Jesucristo- (y sólo Dios conoce la autenticidad de la respuesta), como respondieron “Abraham, Isaac y Jacob y todos los profetas ” y como irán respondiendo todos los que “vayan llegando de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sienten a la mesa en el Reino de Dios “, es decir los no judíos.

“Os digo -dice el Señor- que muchos intentarán entrar -en la Sala del Banquete- y no podrán “; se encontrarán con “la puerta cerrada ” al no reconocer al Señor, que, con sus enseñanzas, les instaba a entrar en la Sala del Banquete.

La respuesta del Señor “no sé quienes sois, alejaos de Mí, malvados«, es grave. Nos resistimos a entenderla como inexorable reprobación eterna, Sin embargo ahí están sus palabras como llamada a nuestra responsabilidad personal.

Las palabras del Señor van dirigidas, en primer lugar, a oyentes judíos. Recordemos a propósito que muchos judíos -nos dice San Lucas en su Libro de los Hechos de los Apóstoles- rechazaban el Evangelio, que San Pablo anunciaba en sus viajes misionales, quedándose fuera de la Iglesia, símbolo, en este mundo, de la Sala del Banquete del Reino de Dios. En el anuncio de Cristo “y vendrán de Oriente y Occidente…” se cumple la profecía de Isaías (1ªLectura). Un nuevo Pueblo de Dios (“naciones de toda lengua … que nunca oyeron mi Fama ni vieron mi Gloria”), en el que ya no habrá diferencias entre judíos y no judíos, se reunirá en la Nueva Jerusalén (“mi monte santo de Jerusalén”) y “afluirán al Nuevo Templo” -Jesucristo, su Cuerpo Misterioso ” con “ofrendas ” -la ofrenda de sí mismos en comunión con Cristo.

Más aún, “de todos los países”, no judíos “traerán a vuestros hermanos” (judíos).



Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Participamos con la vista


Es preciso que los centros de interés estén suficientemente iluminados; que los gestos, las acciones simbólicas, sacramentales, adquieran su relieve, de modo que resplandezcan por su notable sencillez. Así atraerán las miradas de todos.

Por lo visible llegamos a lo invisible.

En la visibilidad de los gestos y las acciones transparece el Invisible: Cristo, transparece, aparece a través del ministro, que actúa. Pero sólo es perceptible, El, a la luz del potente foco de la fe.

Recordemos a propósito la observación del Evangelista San Juan ante el sepulcro de Cristo vacío: El Discípulo “vió y creyó”





SANTA MARÍA VIRGEN, REINA – 22 de agosto

La memoria de Santa Maria Virgen, Reina es paralela a la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del universo, que se celebra en el último domingo del año litúrgico, y prácticamente le ha dado pie el arraigo de esta última. En 1954, al finalizar el año mariano para el centenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, Pío XII no tuvo que hacer más que recoger el sentir popular para instituir la fiesta de Maria Reina, que debería celebrarse el 31 de mayo. Volvió a coronar la imagen de María Salus Populi Romani. En la reforma del calendario litúrgico de 1969 la fiesta de la realeza de María ha sido trasladada al 22 de agosto, octava de la Asunción, “para que aparezca más clara la conexión entre la realeza de la Madre de Dios y su asunción”. “Hoy la Virgen María sube a los cielos; alegraos, porque reina con Cristo para siempre” (antífona Magnificat 15 agosto). “La Virgen inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en el cuerpo y alma a la gloria eclesial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte” (Lumen Gentium, 59). “La solemnidad de la Asunción se prolonga jubilosamente en la celebración de la fiesta de la realeza de María, que tiene lugar ocho días después y en la que se contempla a aquella que, sentada junto al rey de los siglos, resplandece como reina e intercede como madre” (Marialis Cultos, 6). Se trata de una reina que es al mismo tiempo madre, o mejor, de una reina que lo es por ser madre del Rey y porque ejerce sobre nosotros su realeza como una madre. “La Virgen, que quiso llamarse tu esclava, fue elegida madre del Redentor y verdadera madre de los que viven, y ahora, exaltada sobre los coros de los ángeles, reina gloriosamente con su Hijo, intercediendo por todos los hombres como abogada de la gracia y reina de misericordia” (Rito de la coronación de imágenes de la Virgen María).



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 23:
Santa Rosa de Lima (1586-1617), patrona de Hispanoamérica. Su vida, admirable en su sencillez, alimentada con una intensa oración, transcurrió entre las faenas del hogar y el cuidado de los necesitados.

2 Tesalonicenses 1,1-5.11b-12. El Señor es glorificado en vosotros y vosotros en él.

Mateo 23,13-22. ¡Ay de vosotros, guías ciegos!

Martes 24:
San Bartolomé, apóstol. Felipe lo presentó al Señor. Después de la Ascensión predicó el Evangelio en la India, donde fue martirizado.

Apocalipsis 21,9b-14. Doce basamentos que llevaban doce nombres; los nombres de los apóstoles del Cordero.

Juan 1,45-51. Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

Miércoles 25:
San Luis (1214-1270), rey de Francia, se distinguió por su espíritu de penitencia y de oración y su amor a los pobres. 0 San José de Calasanz (1557-1648), presbítero, dedicó su vida a instruir a los niños pobres, para lo que fundó una Congregación religiosa

2 Tesalonicenses 3,6,-10.16-18 El que no trabaja. que no coma.

Mateo 23,27-32, Sois hijos de los que asesinaron a los profetas.

Jueves 26:
La Iglesia de Corinto era una comunidad de gente humilde, en una ciudad cosmopolita y corrompida. Había facciones y disputas, Pablo les habla de unidad y de la sabiduría de la cruz.


Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars (1843-1897), virgen, patrona de la ancianidad.

1 Corintios 1,1-9. Por él habéis sido enriquecidos en todo.

Mateo 14,42-51. Estad preparados.

Viernes 27:
Santa Mónica (331-387), madre de San Agustín, y ejemplo de madre cristiana.

1 Corintios 1,17-25. Predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los hombres, pero para los llamados a Cristo, sabiduría de Dios.

Mateo 25,1-13. ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Sábado 28:
San Agustín (354-430), obispo de Hipona, doctor, figura cumbre por sus sermones y escritos.

1 Corintios 1,26-31. Dios ha escogido lo débil del mundo.

Mateo 25,14-30. Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor.




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