BIEN GUARDADOS.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ya llevo cuatro días de escuchador, y la verdad es que la gente habla (me dicen que yo también hablaba bastante, así descansan de mi). Pero es verdad que muchas personas, cuando encuentran a alguien que escucha, le cuentan cosas: alegrías, problemas, su historia, sus esperanzas, sus fracasos,… Parece que el que no puedas hablar hace que sus cosas estén a buen recaudo. Y es que a todos nos gusta que no aireen nuestros asuntos y estén bien guardados, pero tenemos que contarlos de vez en cuando, si no se llenan de polvo y de polilla. La verdad es que una confidencia debería estar bien guardada siempre por un sacerdote -pueda o no pueda hablar-, por un amigo o por alguien de confianza. Nos gusta que nos guarden nuestros asuntos, nos gusta guardar nuestras cosas, somos bastante “guardadores”. Y como estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, a Dios también le gusta guardar a los suyos.

«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mi.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. » Hay personas a las que les da rabia que Dios les guarde, a mi me da mucha confianza. saber que Dios no piensa en “la humanidad” como un conjunto de personas sin rostro, sino que para Dios tenemos un nombre, una cara, una forma de ser, nuestros defectos y virtudes. Los santos ángeles nos recuerdan ese Dios cercano, no sólo en la encarnación que es la mayor aproximación a los hombres, sino cada día de nuestra vida.

Trata a tu ángel de la guarda con confianza, ponle nombre, cuéntale tus cosas y confía en él. Nunca te encuentres solo ni dudes de la providencia de Dios en tu vida. La fiesta de hoy nos ha impedido escuchar el buen final de Job, a pesar de tantos trabajos y tareas, disgustos y preocupaciones. Con¡fiando en Dios todo -y decir todo es muy fuerte-, acaba bien, aunque ahora nos parezca un asco. A tu ángel “respétalo y obedécelo” y para eso tienes que escucharlo, y para escucharlo, tratarlo.

Confía en Dios que te quiere, quiere a quien Dios te ha puesto a tu lado y jamás te sientas solo. La Virgen nos muestra esa providencia cuidadosa de Dios para con cada uno, que de ella aprendamos a tratar con confianza a los ángeles, a nuestro ángel que nos guarda.

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