Domingo de la 31ª semana de Tiempo Ordinario – 31/10/2010

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Comentario Pastoral
CONVERSIÓN Y PERDÓN


Dios crea, ama y perdona. Bajo esta óptica hay que meditar el Evangelio de la conversión de Zaqueo, el odiado recaudador de impuestos romanos.

La salvación de Zaqueo por Jesús comienza con el deseo, casi infantil, desafiando respetos humanos, de subirse en un árbol para ver mejor al Señor que pasa. Esta salvación continúa con la sorpresa de la invitación de Jesús, que quiere alojarse en su casa; y culmina con la respuesta de conversión generosa y decidida del rico jefe de publicanos: ‘La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le retribuiré cuatro veces más”.

La conversión radical de Zaqueo se manifiesta sobre todo en la solidaridad efectiva con los pobres y con las víctimas de la injusticia. Por eso la conversión es al mismo tiempo una reorientación hacia Dios y un acto social y comunitario. Cuando se experimenta el perdón de Dios no hay más remedio que encaminarse por una ruta de alegría y de donación.

Como dice el libro de la Sabiduría, Dios se compadece de todos, cierra los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan, ama a todos los seres y a todos perdona porque son suyos, corrige poco a poco a los que caen y a los que pecan les recuerda su pecado para que se conviertan y crean.

Es importante subrayar que el perdón y la salvación de Dios ya estaba presente y actuante en aquel primer movimiento de búsqueda del Señor por parte de Zaqueo. “No me buscaríais a mí si no me hubieseis ya encontrado”, dice Dios. El Dios amigo de la vida y del perdón infunde a todo lo creado un soplo incorruptible de vida. Se trata de seguir ese soplo del Espíritu cuando y dondequiera que nos invada. No hay situación humana en que no pueda sorprendernos la invitación de Dios

El cristiano es el que experimenta todos los días el perdón de los pecados; por eso se debe reconquistar con intensidad el valor del sacramento de la reconciliación y celebrarlo con amor y con pasión,

La conversión continua no es un acto ritual sino vital, comporta una nueva opción por Dios y por el prójimo, un nuevo nacimiento para ser nueva criatura. De esta manera florece la ética cristiana, el empeño por Injusticia y por la construcción de un nuevo orden de relaciones. As¡ se construye la nueva comunidad humana. La conversión no sólo nos abre a los demás, sino también a Dios.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la naturaleza divina, no degeneres volviendo a la bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qué Cabeza perteneces y de qué Cuerpo eres miembro. Acuérdate de que has sido arrancado del poder de las tinieblas para ser trasladado a la luz del reino de Dios”

(S. León Magno).


Palabra de Dios:

Sabiduría 11, 22-12, 2 Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14
san Pablo a los Tesalonicenses 1, 11-2,2 san Lucas 19, 1 – 10

Comprender la Palabra

San Lucas, más que los otros Evangelistas, pone de relieve, junto con la Misericordia de Dios en Cristo, la conversión, que conlleva el perdón de los pecados. Así en la Parábola del Hijo Prodigo, apenas el Padre permite al Hijo expresar su arrepentimiento, apresurándose a abrazarlo en señal del perdón. Así también la Mujer Pecadora, que llora a los pies de Jesús; le dirá el Señor a quien le había convidado: “se la perdona mucho, porque ha amado mucho ” (En la contricción va implícito el perdón).

Lo mismo observamos en el Episodio de Zaqueo, que muestra su arrepentimiento en el propósito de satisfacer penitencialmente: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres y, si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le responde: “Hoy ha sido la salvación de esta casa”.

Y como en el caso del Publicano Mateo, así también en el caso del publicano Zaqueo, las murmuraciones: `Este come con publicanos y pecadores`, literalmente, en el caso de Zaqueo. `Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.

También la conversión -no sólo el perdón- es don de Dios. Dios tiene, por tanto, la iniciativa: “Jesús levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa ” Y San Lucas advierte: “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.”

En el fondo de este Misterio de la Conversión y el Perdón, don de Dios, iniciativa de Dios, estan latentes las palabras-plegaría meditativa- del Autor del Libro de la Sabiduría (1ª Lectura): “Señor .. te compadeces de todos … cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan … a todos perdonas, porque son tuyos … corriges poco a poco a los que caen, a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en Tí, Señor”.

Los perdones de Jesús, narrados en los Relatos Evangélicos, no son todavía el Sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación, que la Iglesia celebra a partir del Acontecimiento de la Pascua; si son anuncios proféticos de la Conversión y el Perdón definitivas en el gran Juicio Misericordioso de Dios en Jesucristo, que se nos anticipa en el Sacramento.

Todos los santos

Celebramos hoy la Solemnidad de Todos los Santos: de aquellos, que han sido declarados santos y cuyos nombres figuran en el Santoral de la Iglesia: y “de la muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas”, cuyos nombres, cuya vida santa, sólo Dios conoce.

Ellos fueron impertubablemente “dichosos” en medio de “las tribulaciones de este mundo” y han alcanzado la suprema dicha en comunión con Jesucristo, el Dichoso autonomasía “”Santo y Feliz Jesucristo”); la suprema dicha, que consiste en “ver a Dios” en “su Reino” glorioso. En “el consuelo” de “ la Misericordia” de Dios, que “sacia” plenamente. Porque ya antes, mientras vivían en este mundo, eran “desprendidos por amor”, “misericordiosos” y “compasivos” y “limpios de corazón”, a imitación de Cristo, que se nos dice en las Ocho Bienaventuranzas.

Los santos son – como nos dice el Apóstol San Juan (2ª Lectura – léase -) los que ya “ven a Dios tal cual es”, porque fueron haciéndose, mientras vivían en este Mundo, más y más “semejantes a Él”, a Dios, a imagen del Hijo, Jesucristo.

Los santos son – como nos describe en la Visión del Libro del Apocalipsis (1ª Lectura – léase -) los “marcados” con la imagen de Cristo; “los vestidos con vestiduras blancas”, como hombres nuevos a imagen de Cristo, el Hombre Nuevo: “los que llevan palmas en sus manos”, porque han vencido con Cristo, Vencedor del Pecado y de la muerte.

Ellos son – como dice el Salmo – “los que buscaron al Señor y han llegado ya a su presencia”.

Ellos son los testigos cualificados de Jesucristo: su testimonio es siempre válido, actual. Por eso, son la máxima autoridad en la Iglesia.

En ellos, en su vida personal, vivida en sus propias circunstancias, se refacta en multitud de imágenes la imagen de Jesucristo, de modo que nos es más fácil, más incitante, el seguimiento – imitación de Jesucristo.



Avelino Cayón




SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS – Lunes 1 de noviembre

Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos los Santos. Los ángeles se alegran de esta solemnidad y alaban a una al Hijo de Dios” (antífona de entrada). Son “una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas…” (P Lectura). Ellos son de los que dice el Evangelio: “Dichosos los pobres en el espíritu— los sufridos… los que lloran… que tienen hambre y sed de justicia… los misericordiosos… los limpios de corazón… los que trabajan por la paz… los perseguidos por la justicia… porque de ellos es el Reino de los Cielos … heredarán la Tierra… serán consolados … alcanzarán misericordia… verán a Dios … su recompensa será grande en el cielo”.

A ellos sí que se ha manifestado Dios, son semejantes a él, le ven tal cual es (2ª Lectura). Porque hoy nos concedes celebrar la gloria de todos los Santos, nuestros hermanos, asamblea de la Jerusalén celeste, que eternamente te alaba. Hacia ella, aunque peregrinos en país extraño, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y animados por la gloria de los Santos; en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad (Prefacio).

“Dígnate aceptar, Señor, las ofrendas que te presentamos en honor de todos los Santos, y haz que sintamos interceder por nuestra salvación a todos aquellos que ya gozan de la gloria de la inmortalidad” (Oración sobre las ofrendas).



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 3:

Todos los Santos. Hoy celebramos la Jerusalén celeste, donde eternamente alaba a Dios la asamblea festiva de todos los santos, nuestros hermanos.

Apocalipsis 7,24.9-14. Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lenguas.

1 Juan 3,1-12a. Veremos a Dios tal cual es.

Mateo 5,1-12a. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Martes 3:

Conmemoración de todos los fíeles Difuntos. Por influencia de los monjes de Cluny tuvo su origen litúrgico en Roma a partir del siglo XIV



2 Macabeos 12,43-46. Pensando con gran rectitud y nobleza en la resurrección.

Romanos 5,5-11, Justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados de la cólera.

Marcos 15,33-39.16,1^6. Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Miércoles 3:

San Martín de Partes (15791636), dominico peruano, de una vida mortificada y pobre.

Filipenses 2,12-16. Seguid actuando vuestra sal-vación, porque es Dios quien actúa en vosotros el querer y la actividad.

Lucas 14,25-33. El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío,


Jueves 3:

San Carlos Borromeo (1538-1584), obispo, cardenal, recorrió muchas veces la diócesis, convocó sínodos, trabajó arduamente por la salvación de las almas.

Filipenses 3,3-8a. Lo que para mi era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo.

Lucas 15,1-10. Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

Viernes 3:

Filipenses 3,17-4, 1. Aguardamos un salvador; él transformará nuesti a condición humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.

Lucas 16,1-8. Los hijos de este mundo son más astutos con la gente que los hijos de la luz.

Sábado 3:

Filipenses 4,10-19, Todo lo puedo en aquel que me conforta.

Lucas 16,9-15. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?



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