Domingo de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. Jesucristo Rey del Universo – 21/11/2010

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Comentario Pastoral
EL REY DEL UNIVERSO

Con este domingo y la semana que de él depende se concluye el largo Tiempo Ordinario y se clausura el Año Litúrgico. Hoy se nos presenta la grandiosa visión de Jesucristo Rey del Universo; su triunfo es el triunfo final de la Creación. Cristo es a un mismo tiempo la clave de bóveda y la piedra angular del mundo creado.

La inscripción colocada sobre el madero de la Cruz decía: “Jesús de Nazaret es el Rey de los judíos”. Esta inscripción es completada por San Pablo cuando afirma que Jesús es “imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura, Cabeza de] Cuerpo, que es la Iglesia, reconciliador de todos los seres”.

Parece paradógico que los cristianos nos gloriemos en proclamar Rey a quien muere en la debilidad aparente de la Cruz, que desde este momento se transforma en fuerza y poder salvador. Lo que era patíbulo e instrumento de muerte se convierte en triunfo y causa de vida.

No deja de ser sorprendente volver a leer en este domingo, para celebrar el reinado universal de Cristo, el diálogo entre Jesús y el malhechor que cumpliendo su condena estaba crucificado junto a él. Ante el Rey que agoniza entre la indiferencia de las autoridades y el desprecio del pueblo que asiste al espectáculo del Calvario, suena estremecida la súplica del “buen ladrón”, que confiesa su fe y pide: “acuérdate de mi cuando llegues a tu reino”.

El Reino nuevo de Cristo, que es necesario instaurar todos los días, revela la grandeza y el destino del hombre, que tiene final feliz en el paraíso. Es un Reino de misericordia para un mundo cada vez más inmisericorde, y de amor hacia todos los hombres por encima de ópticas particularistas. Es el Reino que merece la pena desear. Clavados en la cruz de la fidelidad al Evangelio se puede entender la libertad que brota del amor y se hace realidad “hoy mismo”.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo
a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría,
para que ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, entregara a su majestad infinita un reino
eterno y universal:
el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia,
el reino de la justicia, el amor y la paz.


Prefacio


Palabra de Dios:

Samuel 5, 1-3
Sal 121, 1-2. 4-5
san Pablo a los Colosenses 1, 12-20 san Lucas 23, 35-43

Comprender la Palabra

Con esta celebración – Solemnidad de Cristo Rey – instituida por el Papa Pío XI para conjugar el peligro del Laicismo sobre todo en el Mundo Occidental, concluimos la serie de los domingos del Tiempo Ordinario del Año Cristiano.
En la lectura del Evangelio escuchamos un fragmento del Relato de la Pasión según San Lucas, de quien hemos venido escuchando preferentemente durante este año (ciclo C).
“Jesús Nazareno, Rey de los judíos” es el título, que figura en el ápice del madero de la cruz. El título, expresión burlesca y despectiva, en una relectura cristiana, en el contexto de la celebración, es confesión de fe. El es ciertamente el Rey de los judíos y de todas las gentes (”la salvación viene de los Judíos” – le dice el Señor a la Samaritana-).
El es Rey, descendiente de David Rey, cuya unción real se nos describe en la 1ª Lectura. David, ungido Rey, es anuncio profético de Jesús Mesias=Cristo=Ungido=untado, penetrado por la fuerza vitalizadora del Espíritu Santo (el aceite penetra, vitaliza).
Las burlas de “las autoridades”, de “los soldados”, del “malhechor”, crucificado a su lado: “Si eres el rey de los judíos, sálvate a tí mismo y a nosotros”, en una relectura cristiana, en el contexto de la celebración, son también Plegaria: Plegaria de acción de gracias y de súplica. Ciertamente El es el Mesías de Dios, Rey; El que tomó la regia decisión de “no bajar de la cruz”, apurando la muerte para superarla. Y así se ha salvado a Sí mismo y nos ha salvado a todos con El, recuperando la Vida entregada. Su Resurrección es nuestra resurrección. El malhechor arrepentido, crucificado a su lado “ Acuérdate de mí. cuando llegues a tu reino”) s las garantía, la primicia, de que nos ha salvado a nosotros junto con El. (”Hoy estarás conmigo en el paraíso”).
El Señor Jesús que confesó solemnemente ser Rey, ha ejercido su oficio real en el servicio amoroso hasta la Crucifixión. Por tanto es digno de nuestro reconocimiento y de nuestra alabanza, expresados en el Himno, que el Apóstol San Pablo recoge al comienzo de su Carta (2ª Lectura).

Avelino Cayón


sugerencias litúrgicas

Oración colecta


A continuación – después del acto penitencial, y en su caso del Gloria -, el sacerdote invita al pueblo a orar; y todos, a una con el sacerdote, permanecen un momento de silencio para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus súplicas. Entonces el sacerdote lee la oración, que se suele denominar “colecta”, por medio de la cual se expresa la índole de la celebración. Siguiendo una antigua tradición de las Iglesia, la oración colecta suele dirigirse a Dios Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo y se termina con la conclusión trinitaria, que es la más larga.
El pueblo, para unirse a esta súplica, la hace suya con la aclamación: Amén (Ordenasción Generasl del Misal Romano, 54)





celebrar mejor


Jesucristo, Rey del Universo

Pío XI, haciéndose eco de múltiples peticiones procedentes de toda la cristiandad, instituyó la fiesta de Cristo Rey el 11 de diciembre de 1925, con la encíclica “Quas primas”. Dos fueron las motivaciones: hacer frente al creciente laicismo del mundo moderno y promover un nuevo orden social. En la mente del Papa una fiesta específica de la realeza de Cristo sería mucho más eficaz para]a formación del pueblo cristiano que un documento magisterial, y ayudaría mejor a frenar ese laicismo y a crear un orden social más humano. La Misa y el Oficio que se compusieron para esta fiesta son una proclamación de la realeza universal de Cristo. Dispuso el Papa que se celebrara el último domingo de octubre, próxima a la solemnidad de Todos los Santos, y era como el coronamiento de todos los misterios de Cristo, y como la anticipación en el tiempo de la realeza eterna que ejerce sobre los elegidos en el cielo.

La liturgia siempre ha tenido presente a Cristo como Señor, y muchos textos de Adviento, Navidad, Epifanía, Pascua… expresan con vigor la realeza de Jesucristo. Por eso algunos liturgistas no vieron bien la creación de una fiesta específica para celebrar esta realeza.

La liturgia renovada del Vaticano II ha mantenido la fiesta, denominándola “Jesucristo, Rey del universo”, y celebrándola el último domingo del año litúrgico, como su remate y coronamiento. Los textos contemplan la realeza de Cristo en una perspectiva distinta: no es el laicismo moderno la idea dominante sino el reinado de Jesucristo en sí mismo. Después de 1a primera parte de la oración colecta idéntica: “Dios todopoderoso y eterno que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado”, antiguamente se pedía: “Dígnate conocer a todos los pueblos desunidos por la herida del pecado, un sometimiento total a la dulce autoridad de su reino”, en cambio, ahora: “haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin”.



J. L. O.

Para la Semana

Lunes 22:

Santa Cecilia, virgen y mártir, patrona de la música

Apocalipsis 14,1-3.4b-5. Llevaban grabado en la frente el nombre de Cristo y el de su Padre.

Lucas 21,1-4. Vio una viuda pobre que echó dos reales.

Martes 23:

San Clemente (s. l), tercer papa, mártir. 0 San Columbano (+615), abad, monje irlandés, fundador en Francia e Italia.



Apocalipsis 14,14-19. Ha llegado la hora de la siega, pues la mies de la tierra está más que madura.

Lucas 21,5-11. No quedará piedra sobre piedra

Miércoles 24:

San Andrés Dung-Lac y compañeros, 117 mártires vietnamitas (ss. XVIII-XIX), canonizados por Juan Pablo 11 en 1988.

Apocalipsis 15,1-4. Cantaba el cántico de Moisés y el cántico del Cordero.

Lucas 21,12-19. Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.


Jueves 25:
Santa Catalina de Alejandría, virgen y martír.

Apocalipsis 18,1-2.21-23; 19,1-3a. ¡Cayó la gran Babilonia~

Lucas 21,20-28. Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que a los gentiles les llegue su hora.

Viernes 26:

Apocalipsis 20,1-4.11-21,2. Los muertos fueron juzgados según sus obras Vi la nueva Jerusalén que descendía del cielo.

Lucas 21,29-33. Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.


Sábado 27:

Apocalipsis 22,1-7, Ya no habrá más noche, porque el Señor irradiará luz sobre ellos,

Lucas 21,34-36. Estad siempre despiertos



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