Domingo de la 1ª semana de Adviento – 28/11/2010

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Comentario Pastoral
EL ADVIENTO TIEMPO PRIVILEGIADO

E1 tiempo de Adviento-tiempo de la Venida- es uno de los tiempos fuertes del año litúrgico más acentuados tradicionalmente, y quizás con mayores resonancias espirituales.

La reacción del creyente al celebrar la Venida del Señor es, desde luego, la conversión de corazón, pero es también el gozo, la esperanza, la oración, la decisión de salir al encuentro del Señor que viene … Por eso el tiempo de Adviento no es directamente penitencial, y sería equívoco plantearlo como una especie de Cuaresma previa a la Navidad.

Adviento es el tiempo oportuno y privilegiado para escuchar el anuncio de la liberación de los pueblos y de las personas. En él se percibe una invitación a dirigir el ánimo hacia un porvenir que se aproxima y se hace cercano, pero que todavía está por llegar. Tiempo para descubrir que nuestra vida pende de unas promesas de libertad, de justicia, de fraternidad todavía sin cumplir; tiempo de vivir la fe como esperanza y como expectación; tiempo de sentir a Dios como futuro absoluto del hombre…

Reavivamos en él y revivimos la admirable espera de Israel por el Mesías; anticipamos el final de los tiempos aún pendiente y por venir; incrustados en esa línea histórica nuestro presente como encarnación y compromiso. De la mano de los grandes profetas, de los grandes precursores y, ante todo, de Jesús, el hombre para los demás, nos hacemos al camino para acelerar la llegada de una humanidad adulta, transida del Espíritu de Dios y reconciliada con el mundo transformado, con la tierra nueva.

En el frontispicio de¡ Adviento de siempre, hay un tríptico central que destaca las figuras eminentes. Sin ellas no hubiera sido posible el Adviento de ayer, ni puede ser entendido, vivido y celebrado el Adviento de hoy. Son, en orden decreciente de importancia (y no de simple cronología) Isaías, el profeta y poeta; Juan, el precursor y testigo; María, la Virgen y Madre, la Reina del Adviento.



Para orar con la liturgia
Cristo, Señor nuestro, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne,
realizó el plan de redención trazado desde antiguo
y nos abrió el camino de la salvación;
para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria,
revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos
que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.



Prefacio 1


Palabra de Dios:

Isaías 2, 1-5 Sal 121, 1-2. 4-5. 6-7. 8-9
san Pablo a los Romanos 13, 11-14a san Mateo 24, 37-44

Comprender la Palabra

La liturgia de la Palabra adventual polarizará su atención en primer lugar en la última venida de Cristo, tratando de descubrir su venida en las celebraciones litúrgicas y a lo largo de la historia humana: el Señor viene como Juez de paz (primer domingo); como Juez justo (segundo domingo); como Salvador, desplazando el acento desde la última venida de Jesús a sus próxima venida (tercer domingo); centrando, por último, el nacimiento de Cristo de la Virgen María, con el anuncio a José (cuarto domingo).

Al comienzo del Año Litúrgico el Señor viene, y nosotros vamos hacía Él. El último paso de todo adviento será un encuentro con Cristo. Los textos veterotestamentarios contienen las profecías acerca del Mesías y del tiempo mesiánico; mientras que los apostólicos incluyen exhortaciones acomodadas a las peculiaridades del tiempo de Adviento, tiempo de espera y preparación.

Las lecturas de este primer domingo de Adviento tienen como centro la consigna evangélica: “¡Velad!”. Es el eje gravitatorio de la segunda mitad del sermón escatológico según san Mateo. El peculiar género apocaliptíco cifra su esperanza mesíanica en la figura danielica del Hijo del hombre que viene sobre las nubes del cielo para juzgar a la humanidad. La apocalíptica aparece en los momentos de persecución para alentar la esperanza.

El texto evangélico anuncia, en la primera parte, la Venida gloriosa (Parusia) de Jesús: respuesta definitiva a los anhelos de la humanidad, porque Cristo es quien da sentido definitivo a la existencia; terminando, en la segunda parte, con la afirmación de que nadie sabe absolutamente con certeza el día en que sucederá. La certeza del hecho, junto a la ignorancia de su hora, es el fundamento de la actitud del hombre en este mundo: siempre a punto de recibir al Señor.

La gran tentación del hombre, ante lo que Jesús nos pone en guardia, es dejar enfriar y perder la fe y el amor recibidos de Dios. Hay que tomar en serio el HOY de Dios, el presente salvífico que Dios ofrece a los hombres, abierto a un futuro que llegará con toda seguridad, pero más tarde.

San Pablo proclama que es hora de despertar y vivir en el amor de Dios. La vida en este tiempo último, tiempo de gracia, impone al cristiano unas exigencias concretas: vida en la luz, atentos a la salvación comunicada, vestidos de Jesucristo y apartándose de las obras de la noche; cultivando, no los deseos carnales, es decir, el egoísmo, sino los nuevos deseos, los de Cristo. Se advierte al creyente que ha de vivir intensamente la realidad presente, con plena definitiva; ha de actuar de tal manera como si todo dependiera de sus esfuerzo (responsabilidad del hombre) y como si todo dependiera exclusivamente del poder de Dios.

Isaías e el profeta del Adviento. El fragmento de hoy canta la peregrinación de todos los pueblos de la tierra a Sión, a la montaña donde tiene su Templo el verdadero Dios, es una esperanzadora visión sobre Jerusalén. La lectura es una invitación a dirigir la mirada hacia el futuro con el compromiso de reconducir el presente. El profeta recurre reiteradamente a la imagen del camino y del caminar. La intervención de Dios inicia una época de perfecta paz: los instrumentos de guerra se transformar en aperos de labranza.

Cristo con su nacimiento inaugurará los tiempos de la reconciliación, que se consumarán con su muerte, cuando atraiga por ella a todos hacía Él.

Ángel Fontcuberta


sugerencias litúrgicas

Preparando el Adviento: Bendición de la Corona


En muchas iglesias y hogares se ha introducido la costumbre de la corona de Adviento, formada por ramas y cuatro cirios que se van encendiendo uno tras otro en los sucesivos domingos. La “Corona de Adviento” o “Corona de luces de Adviento” es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a 1a Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya el significado religioso. En el “Bendicional”, en la tercera parte, donde se encuentran las bendiciones de las cosas que en las iglesias se destinan al uso litúrgico o a las prácticas de devoción, está la bendición de la corona de Adviento (cf. capítulo XXXVII, pág. 553, nn. 1235-1242).

En una monición introductoria se explica el sentido de la corona de Adviento. “Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues. un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida. El encender, semana tras semana. los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad”.

En la oración que sigue se pide que aquel” que por ser luz del mundo ilumina las oscuridades nos ilumine a nosotros. “La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado. Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la adorna con luces. Ahora, pues. que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser luz del mundo, iluminará todas las oscuridades”.


J.L.O


celebrar mejor






Para la Semana

Lunes 29:

Isaías 4,2-6. El vástago del Señor será ornamente para los supervivientes del Reino de Dios,

Mateo 8,5- 11 . Vendrán muchos de oriente y occidente al reino de Dios.


Martes 30:

. San Andrés, apóstol, hermano de san Pedro. Fiesta de gran veneración en Oriente y Occidente

Romanos 10,9-18. La fe nace del mensaje y el mensaje consiste en hablar de Cristo.

Mateo 4.18-22. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron,


Miércoles 1:

Isaías 25,6-1011, El Señor dispondrá un festín para todos los pueblos y enjugará las lágrimas de todos los rostros.

Mt 15,29-37. El Señor cura a muchos y multiplica los panes.


Jueves 2:

Isaías 26, 1-6, Abrid las puertas para que entre un pueblo justo porque confía en ti.

Mateo 7,21-24-27. El que hace la voluntad del padre entrará en el reino de los cielos.


Viernes 3:
San Francisco Javier (1506-1552), de] grupo fundador de los jesuitas, misionero incansable en India y Japón.

Isaías 29,17-24. Aquel día verán los ojos de los ciegos.

Mateo 9,27-31. Curación de dos ciegos que creen en Jesús.

Sábado 4:


Isaías 30,18-21.23-26. Cuando te quejes, el Señor se inclinará hacia ti.

Mateo 9,35-1.6-8, Jesús, al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas.



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