Domingo de la 3ª semana de Adviento – 12/12/2010

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Comentario Pastoral
LA ALEGRÍA DEL ADVIENTO

E1 hombre está hecho para expansionarse en el gozo. El que vive la espiritualidad de Adviento descubre el sentido de la alegría cristiana. Porque la Navidad que se acerca es fiesta de gozo y salvación, desde este domingo “Gaudete” se comienza a vivir la esperanza feliz y desbordante de la cercanía del Señor. La alegría es respuesta al gran anuncio, a la cercana presencia. Los sueños de felicidad se van a hacer realidad con el nacimiento salvador de Jesús.

Es oportuno recordar hoy que las grandes felicidades proceden del cielo y que las pequeñas alegrías, de los hombres. Los cielos de Adviento llueven alegría para todos y eliminan la contaminación atmosférica de la tristeza anticristiana. En todos estos días luminosos hay que aumentar la provisión de alegría, para poder disponer de ella en los días oscuros.

La alegría comienza en el instante mismo en que uno suspende sus afanes de búsqueda de la propia felicidad para procurar la de los otros. En el corazón del hombre inquieto, el hambre de felicidad es hambre de Dios. Desventurados los satisfechos que, empachados de placeres, ahogan lo infinito de sus deseos. Bienaventurados por el contrario, quienes tienen todavía hambre. Benditos los que proporcionan alegría a los pobres; en la cúspide de la entrega y del olvido de sí, florece la alegría y se reencuentra la vida.

En Adviento se vuelve a recordar que el camino de la felicidad no arranca de las personas o de las cosas, sino que parte de uno mismo hacia los otros, es decir, hacia Dios que es causa de alegría. La entrega a Dios es una entrega a la alegría.


Andrés Pardo


Para orar con la liturgia
A Cristo, Señor nuestro, todos los profetas anunciaron,
la Virgen esperó con inefable amor de Madre,
Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres.
El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su naci–
miento,
para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.


Prefacio 11


Palabra de Dios:

Isaías 35, 1-6a. 10 Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10
Santiago 5,7-10 San Mateo 11, 2-11

Comprender la Palabra

Durante el tiempo de Adviento, la liturgia recuerda a Juan Bautista, el Precursor, como maestro a la hora de preparar los caminos por donde el Mesías llega al pueblo y el pueblo a Él.

La primera lectura, del profeta Isaías, tiene como tema central el juicio de las naciones, la liberación y vuelta de Israel: Dios viene a salvarnos.

Al comienzo se enuncia el tema: una transformación radical, anunciada con el símbolo de la estepa o desierto convertido en jardín. Dicho cambio radical es posible porque el Señor viene y manifiesta su gloria. El desierto incapaz de tener vegetación, se asombra porque se debe a la intervención de poder proveniente de Dios. Acaecida la transformación en la naturaleza, el pensamiento se vuelve ahora al pueblo, igualmente necesitado de una metamorfosis.

Dios promete a su pueblo un futuro mejor y lo realizará. Ésta llamada a la esperanza encaja con toda propiedad en medio del Adviento, tiempo de esperanza. Se trata de personas sin esperanza a las que se les anuncia, de parte de Dios, la salvación. En la nueva Jerusalén está ausente todo signo y gesto de dolor.

El fragmento de la carta de Santiago exhorta a la paciencia activa. Disposición de los que viven toda su vida en espíritu de Adviento, fiel a Dios durante muchos días, como si cada uno fuese el único.

El problema del retraso de la Parusía fue grave e inquietante en la Iglesia primitiva. En un primer momento pensaron que el Señor volvería pronto, durante la primera generación de cristianos. Pero como esta venida se retrasaba surgieron las primeras dudas: los creyentes deben vivir en comunión permanente con los otros.

El evangelio nos presenta a Juan el Bautista en la cárcel. Su misión era anunciar la próxima venida del Mesías. Ahora se interroga seriamente, en el silencio de la celda, si Jesús es el verdadero Mesías, y decide enviar mensajeros a interrogar directamente a Jesús. La pregunta de Juan se centra en si es Jesús “ el que ha de venir”. El proceder paciente de Jesús defrauda a los que soñaban con un liberador de otro estilo, que devolviese la libertad al Pueblo de Dios.

Jesús invita a los mensajeros a que reflexionen sobre sus obras y predicación a la luz de la profecía de Isaías. Los milagros de salud son signo de que ha llegado la hora de la salvación; en la evangelización de los pobres se manifiesta el auténtico rostro del Ungido del Señor.

Los signos ofrecidos por Jesús responden al proyecto de Dios para los tiempos mesiánicos, como lo atestiguan los textos proféticos. La esperanza en el Salvador, se había deformado con el tiempo y se había desplazado hacía otros intereses. Jesús nos invita a entrar en la verdadera realidad. Él mismo y su mensaje. Él ofrece realmente la respuesta más adecuada al hombre. Pero es necesario proclamarlo con la vida y las palabras.

La iniciativa de Juan más que resolver su duda personal, tiene como objetivo facilitar las adhesión de sus discípulos a Cristo. Los creyentes somos llamados a ofrecer la imagen adecuada de Jesús. Ésta es nuestra misión en lo cotidiano de cada uno, porque los hombres necesitan del encuentro con Jesús; sólo Él es el verdadero Mesías que responde a los interrogantes de los hombres. ¡Ésta es nuestra tarea!

Ángel Fontcuberta


sugerencias litúrgicas

Bendición del Belén familiar


Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar entre nosotros. Pidamos , pues, a Dios que el belén colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.

O Dios, Dios, Padre nuestro,
que tanto amaste al mundo
que nos has entregado a tu Hijo único
nacido de María la Virgen,
para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti
te pedimos que con tu bendición
estas imágenes del nacimiento
nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría
y a ver a Cristo presente
en todos los que necesitan nuestro amor.
Te lo pedimos en nombre de Jesús,
tu Hijo amado,
él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén





celebrar mejor





J. L. O.

Para la Semana

Lunes 13:

Números 24,2-7.15-17a. Avanza la constelación de Jacob.

Mateo 21.23-27. El bautismo de Juan, ¿de dónde venía?


Martes 14:

San Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita, escritor místico y poeta, que ayudó a santa Teresa en la reforma del Carmelo.



Sofonías 3,1-2.9-13. Se promete la salvación mesiánica a todos los pobres.

Mateo 21,28-32. Vino Juan y los pecadores lo creyeron.


Miércoles 15:

Isaías 45,6b-8.18.21b-26. Cielos, destilad el ro-cío.

Lucas 7,19-33. Anunciad a Juan lo que habéis vis-to y oído.

Jueves 16:

Isaías 54,1-10. Como a mujer abandonada te vuelve a llamar el Señor.

Lucas 7,24-30. Juan es el mensajero que prepara el camino del Señor,

Viernes 17:



Génesis 49,1-2.8-10. No se apartará de Judá el ce-tro.

Mateo 1, 1 – 17. Genealogia de Jesucristo, hijo de David.

Sábado 3:


Jeremías 23,5-8. Suscitaré a David un vástago legitimo. En su día se salvará Judá,

Mateo 1, 18-24, La Virgen concebirá y dará a luz un hijo; le pondrá por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.



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